Desprestigio y declive
La declinación de Francisco Fraile García no hizo más que confirmar su papel de simple comparsa en la contienda interna del PAN, porque – en los hechos – no hizo nada por obtener la nominación, como lo demuestra el que ni siquiera se haya registrado ante la comisión electoral interna.
La supuesta postulación de Fraile García solamente fue un “juego de sombras con que el Yunque quiso distraer a su candidato y jalar la marca a favor de Antonio Sánchez Díaz de Rivera, aunque la “estrategia” fracaso, porque nadie al interior o exterior del PAN se tomó en serio la precandidatura frailista.
Incluso, la retirada del llamado “pastor” es un reconocimiento implícito de que el plan yunquista fracasó y que dejarlo llegar a la elección interna solamente podría generar una división en el voto de la ultraderecha institucional, ya que se corría el riesgo de que la militancia se confundiera a la hora de seguir las órdenes de los dueños de la estructura partidista.
Por ello, la ultraderecha representada por los usufructurarios del CCE y Coparmex, Juan José Rodríguez Posada y Luis Mora Velasco, no dudó en congratularse de la defección de Fraile García, porque está consciente de su propia debilidad y de que su supuesta supremacía no le alcanza para dividir el voto yunquista y ganarle a Ana Teresa Aranda.
Queda claro que Fraile García va en franco declive, como lo comprobó al quedar fuera de las prioridades del Yunque para integrar el Consejo Nacional del PAN. El “rey de las plurinominales” pasará a la historia política de Puebla como el “representante popular” que nunca logró ganar una elección constitucional, pese a llevar cerca de 13 años seguidos viviendo del presupuesto público.
El alfil con que el Yunque (Coparmex, CCE y otras especies similares) se deshizo de los panistas doctrinarios en Puebla, como Teodoro García o Rosalía Ramírez, dejó de ser útil y hoy es desechado. En el futuro próximo, la maniobra puede ser costosa para la ultraderecha, porque Díaz de Rivera carece de la cultura y sensibilidad política necesarias, para erigirse en el líder visible de la organización.
Estocada
El desprestigio parece ser la carta de presentación, no sólo de la clase política poblana, sino de todo lo que se vincula al proceso electoral. Solamente así se explica la tolerancia y permisividad que los partidos y demás instancias de poder muestran hacia un IEE que, desde su integración, solamente ha servido para saquear las arcas públicas y tapar las triquiñuelas de los precandidatos, en especial de Sánchez Díaz de Rivera.
Los errores y omisiones del grupo de depredadores del dinero público, encabezado por Jorge Sánchez Morales, lo han llevado a protagonizar más escándalos – incluso – que los partidos, pese a las contiendas internas de éstos. Estas fallas y sus consecuencias posteriores son responsabilidad directa de quienes nombraron a los funcionarios del IEE; es decir, el PAN estatal (encabezado entonces por Eduardo Rivera Pérez), el secretario de Gobernación Javier López Zavala y los diputados del PAN y PRI.
Así, el asunto de los bonos de los actuales y pasados “consejeros” se suma a la lucha por el control del organismo y a la incapacidad para obligar a los precandidatos a cumplir con la ley, como elementos de desconfianza ciudadana hacia la institución que, supuestamente, organizará los próximos comicios locales.
Hasta el momento, los consejeros han demostrado una gran incapacidad para hacer que los partidos y sus aspirantes cumplan con la ley e impedir (o sancionar) la guerra sucia interna y/o externa. El proceso electoral va acéfalo y, en este contexto, todo puede pasar y todo se permite.
Parece que desde las más altas esferas del poder en Puebla hay un especial interés en deslegitimar los resultados de los comicios y a sus ganadores, quizá, con la intención de controlarlos políticamente y no dejarles margen de maniobra, porque un representante popular elegido en una contienda ilegítima o cuestionada se vuelve más fácil de presionar y manipular que quien triunfa en comicios limpios.
¿A quién beneficia el creciente desprestigio de Jorge Sánchez Morales, del IEE, del proceso electoral en sí y de los alcaldes y diputados que triunfen en la próxima contienda? Ésta es la pregunta que, quizá, permita responder por qué se solapan las porquerías y omisiones de los consejeros, después de evidenciarlas generando la indignación y el descontento ciudadano.
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