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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 

 

100 días, ¿país de idiotas?

 

A 100 días de iniciada la gestión de Felipe Calderón Hinojosa, la mayoría de los medios nacionales difundió encuestas en que su presidente es – según ellos – ampliamente aprobado por los mexicanos. Incluso, este lunes, dos diarios, El Universal y Excelsior (que no tiene nada de nuevo) publicaron sus supuestos estudios de opinión.
Al respecto, llama la atención no solamente la celeridad con que los  diarios nacionales le rinden sumisión y culto al Ejecutivo federal en turno, sino también la poca eficacia con que lo hacen, porque la disparidad de las “encuestas” pro presidenciales conlleva que cualquier persona pensante dude de la veracidad de sus datos y llegue a la conclusión de, ante la falta de acciones y éxitos reales, se recurre a los medios informativos, para tratar de manipular a la opinión pública, como hizo Vicente Fox.
Veamos, mientras El Universal informa que su encuesta (realizada por  Ipsos-Bimsa) le da al presidente una aprobación del 60 por ciento en el grado de confianza (mismo porcentaje que supuestamente tiene la televisión mexicana), Excelsior se excede en el servilismo y le da 73 por ciento.
Una diferencia de 13 por ciento que, aunque se trate de justificar pretextando la metodología o la pregunta a la que se haga referencia, refleja que ni siquiera se tuvo el cuidado de mostrar alguna uniformidad estadística que hiciera creíble la intentona de legitimar al gobierno federal.
Queda claro que el panismo (como partido y gobierno) ha prostituido tanto las encuestas, cuya rápida pérdida de credibilidad aulatinamente las inutiliza como método de manipulación  y legitimación política y social.
Por ende, el riesgo más grande es que quienes ordenan estos sondeos terminen creyéndoselos, como le ocurrió al foxismo.
Además, por sí misma, la supuesta “aprobación ciudadana” al gobierno federal es poco creíble, ya que lo único que ha hecho es dañar el de por sí bajo nivel de vida de los mexicanos, por su incapacidad de frenar el incremento de precios, la nula generación de empleos, la represión a que ha sometido a los grupos sociales críticos y el contubernio franco con actores políticos desprestigiados a nivel nacional.     
El desempeño de Felipe Calderón es tan malo, que su “aprobación” solamente sería creíble si se aceptara que millones de mexicanos somos estúpidos y ya nos acostumbramos al desempleo y los bajos salarios. Avalar el calderonismo implica asumir que la lucha contra la pobreza no es importante y que lo prioritario para el país es reforzar su papel como “patio trasero” de los Estados Unidos al asumir como prioridades el combate al narcotráfico y terrorismo.
A menos que México sea un país de estúpidos, no es creíble que la mayoría de los ciudadanos esté de acuerdo con que se imponga el dogmatismo católico en materia de Salud y que la secretaría del ramo haya sido dejada en manos del Yunque, para que  cancelara los programas de control natal, como ocurrió en la realidad.
Se necesitaría ser un tonto, para estar de acuerdo con un presidente incapaz de ponerle un bozal a su sucesor o al dirigente nacional de su partido. También resulta absurdo aprobar un régimen que lo único que hace es usar al ejército para tratar de detener a la delincuencia organizada y que acumula fracaso tras fracaso, como lo demuestra la imparable ola de ejecuciones.
Además, resulta kafkiano pensar que la mayoría de los mexicanos  aprueba la intentona oficial de “reforma fiscal”, que contempla como máximo logro gravar los alimentos y las medicinas. Aunque es muy probable que muchos ciudadanos desconozcan esta “propuesta” federal, desde el foxismo quedó clara la intención panista de continuar subsidiando a los ricos con el dinero de los pobres.
Finalmente, es estúpido pensar que los mexicanos aprueban un régimen que – sin recato alguno – se ha plegado a los designios del duopolio televisivo, de los grandes capitales y  hasta de una iglesia católica hacedora y defensora de pederastas. Solamente alguien con retraso mental puede estar conforme con una administración que lo único que ha hecho - en el mejor de los casos - es mantener las cosas como estaban antes de su gestión.

 

Estocada
Apenas un día después de que la mayoría priísta del Congreso local se fue de vacaciones pagadas al lugar más caro de México, los poblanos logramos enterarnos del motivo del viaje. Fue un “premio” por haber hecho que la comisión de Gobernación de la Legislatura estatal desechara la primera de las tres solicitudes de juicio político contra Mario Marín Torres.
Obviamente, los “legisladores” priístas se autoratificaron como la ventanilla única de trámites del Ejecutivo estatal y, para olvidar por unos días su desprestigio individual y colectivo, se “recetaron” el viaje a Cancún, donde pudieron convencerse a sí mismos de que, una vez que cargan un gran rechazo ciudadano, cuando menos obtuvieron un viaje a Cancún como pago por su servilismo.
Falta que la manada priísta deseche las otras dos peticiones de juicio político restantes, ambas presentadas por el PAN. ¿Cuál será su premio por las próximas exoneraciones, otro paseo, préstamos para coches o casas, un huesito después del trienio? Lo veremos pronto.

 

 

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