Para beneplácito de quienes acostumbran dar “coscorrones” a los periodistas incómodos, la ventanilla única de trámites del gobierno estatal aprobó una reforma legal cosmética, para que la difamación y calumnias continúen castigándose con la cárcel.
En esta ocasión, la mayoría del PRI en el Congreso local ni siquiera tuvo que molestarse en hacer el trabajo sucio y cargar con el desprestigio y rechazo social, sino que quien hizo la labor de “plomería” fue el diputado supuestamente panista, Raymundo García García, que perdió la elección en el 2004 y que, por ende, no representa más que a sus padrinos políticos.
Quienes en algún momento de su vida se han dedicado al noble ejercicio del periodismo, saben que están expuestos a la ira del poder político y económico, no solamente cuando sus intereses son afectados, sino también al publicar información que los exhibe como violadores de la ley o de los derechos humanos. En pocas palabras, los periodistas que se niegan a ser “idiotas útiles” de políticos y empresarios sufren su persecución.
En su defensa, el llamado por los propios panistas como “diputado de quinta”, Raymundo García, ha esgrimido que solamente se sancionará con cárcel a los periodistas que no prueben sus dichos. Se le olvida que la clase política poblana y mexicana (de la que él es un típico exponente) es corrupta y represora, pero no estúpida (con excepción de Vicente Fox), por ello, es realmente difícil encontrar pruebas de sus tropelías.
Además, como en la mafia, entre quienes forman parte del poder público y político existe un código de impunidad, que hace que las pruebas de las anomalías sean usadas como elementos de chantaje, negociación o autoprotección, no como documentos que se presentan ante las autoridades competentes, para demostrar los frecuentes casos de corrupción y abusos que enriquecen a los poderosos.
Lo aprobado por el PRIAN en el Congreso local implica que sólo la información oficial y oficiosa tenga cabido en los medios. La posición en que han quedado reporteros y columnistas es tan endeble, que bastará con que una fuente de información (por temor a represalias) se niegue a confirmar sus dichos o con que una dependencia niegue la autenticidad de un documento, para que puedan ser encarcelados.
Y con una procuradora que padece de desequilibrios emocionales y que no duda en usar la estructura de la dependencia, para emprender venganzas personales, aparte de jueces como Rosa Celia Pérez, proclive a interpretar la ley por consigna, no debe descartarse que en el futuro próximo Cambio, La Jornada de Oriente y El Heraldo tengan que editarse tras las rejas.
El miedo de los políticos y funcionarios mediocres y corruptos al periodismo de investigación, ha contribuido en buena medida a que nuestro país sea el segundo más peligroso del mundo para los reporteros, después de Irak, según organismos internacionales.
Es lógico que Raymundo García García quiera mantener a los reporteros y columnistas postrados al poder público, porque en el PAN se hacen cuentas alegres y se cree que la próxima administración estatal saldrá de sus filas. Los cálculos panistas son sencillos: la sumisión que la mayoría de los medios locales da al actual gobierno priísta, es la misma que impondrá el siguiente gobierno panista.
Además, la actitud persecutoria del panismo poblano contra la prensa es la misma que mantiene Felipe Calderón Hinojosa contra José Gutiérrez Vivo, Proceso, la revista de caricaturas El Chamuco y los pocos medios nacionales críticos, que “se atreven” a no seguir la línea informativa dictada desde Los Pinos, como en las peores épocas del PRI.
En el caso del PRI, su ánimo inquisitorio contra el periodismo crítico es el mismo que mantienen desde siempre sus máximos representantes gubernamentales, que han llegado al extremo de ordenar abusos sexuales contra una periodista defensora de los derechos humanos de los niños, de torcer la ley para favorecer a empresarios protectores de pederastas confesos y de mandar a golpear a reporteros que no les cuestionan sobre temas incómodos o que, simplemente, no los cuestionan acerca de lo “maravillosos” que son ellos y sus obras.
Los priístas siempre han sido represores contra la prensa independiente, por esto, no puede esperarse de ellos nada que realmente coadyuve con la libertad de expresión. Se suponía que los panistas eran diferentes y eso hizo que muchos ciudadanos los votaran, aunque en el ejercicio en el poder han demostrado que son iguales o peores que los tricolores.
Estocada
¿Algún poblano de a pié ha podido conocer los “beneficios” que le dejó el pasado tour gubernamental a Estados Unidos y Europa?, ¿qué ganó la ciudadanía con el fin de semana que se asignaron Javier López Zavala y Alejandro Armenta Mier en Nueva York? La sociedad que pagó las vacaciones en Cancún con las que Pericles Olivares Flores y su manada compraron la presidencia del COMCE, ¿qué provecho le sacó a ese gasto?
El hecho de que Juan José Rodríguez Posada, Charles Mtanous y el resto de la fauna empresarial paseen en Centroamérica con el dinero de los poblanos, ¿realmente de qué le sirve a la economía de la entidad o a los trabajadores?, quienes ni siquiera ganan lo suficiente para disfrutar un fin de semana familiar en Veracruz.
¿Habrá un ingenuo que en verdad espere que el estado sea beneficiado por el tour que funcionarios y yunquistas realizan por países más pobres, necesitados y marginados que México?
Es inmoral que el gobierno y sus aliados políticos se gasten el dinero público en viajes o en actividades frívolas, superfluas, que no benefician directamente al grueso de la población. Estos abusos son propios de gobiernos y sociedades “bananeras”, sin transparencia ni rendición de cuentas, en las que el contubernio entre los poderosos y la apatía social fomentan los excesos.
> Columnas anteriores
|