Para mi general, Mario Alberto Mejía
Más historias de censura
Una vez que salió —la semana pasada— el número 5 de la revista Contralínea, donde se documentan las corruptelas en las que ha incurrido el consejero jurídico Ricardo Velázquez Cruz, tanto el equipo de comunicación social del Gobierno estatal, que dirige Javier Sánchez Galicia, así como el propio personal de la Consejería Jurídica, salieron en taxis a comprar todos los números de la publicación, ubicados en los puestos del centro de la ciudad.
Compraron más de mil ejemplares.
Inmediatamente, en la revista Intolerancia publicaron una entrevista a modo en la que el abogado de Mario Marín habla de su papel y en lo que consiste su trabajo.
Es decir, el abogado mostró su desesperación.
Además, anunció la semana pasada la posibilidad de presentar una denuncia penal contra la revista por haberlo desenmascarado.
¿Qué fue lo que más le molestó al abogado del Gobierno estatal?
De entrada, en el reportaje, Magaly Herrera detalla: “Abusos de poder radicados en acusaciones por acoso sexual de parte de sus ex empleadas y en la amenaza que hizo a todos sus trabajadores para que le entreguen el 50% de su salario mensual si es que desean conservar el empleo, forman parte del oscuro expediente de Ricardo Velázquez, el abogado y burócrata estatal que tiene en sus manos la defensa del gobernador Mario Marín ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación. (SCJN).
“A pesar de estar encargado de resolver el tema de mayor cuidado en estos momentos para el gobierno marinista y la burbuja tricolor: el caso Cacho-Marín, el Consejero Jurídico no pierde atención a sus conveniencias personales (mientras le duren) y se apresura cada quincena a recibir la mitad de los salarios de por lo menos 20 de sus subordinados.
“Impulsados por el hastío, media decena de trabajadores de la Consejería Jurídica, aceptan reticentes que el Consejero Jurídico, a pesar de tener tantos pendientes que resolver, no olvida cobrarles la mitad de sus sueldos, mismos que van de los 25 mil a los 50 mil pesos mensuales.
“De acuerdo a estos mismos trabajadores, en sumas de rápida operación, Ricardo Velázquez se queda con algo así como 300 mil pesos cada mes, adicionales a los 88 mil 794 pesos que el techo salarial le concede, según el tabulador de sueldos que se publica en la página de transparencia del gobierno del estado.
“La subconsejera jurídico del área de lo consultivo, Claudia Rivadeneyra Torija, es la encargada de recibir en efectivo (antes en cheque) el dinero que iría a ‘cubrir los salarios de otros abogados que trabajan para la dependencia, pero que no alcanzaron a entrar en la nómina’, según les justifica Velázquez a sus empleados para obtener la tajada quincenal”.
Hasta aquí la cita.
¿Qué es lo que más le preocupa a Ricardo Velázquez?
Todo lo que escribió la reportera es cierto, y por lo que se sabe, aún hay más.
Ricardo Velázquez una vez le dijo a este reportero que la corrupción era el símbolo de la mediocridad, pues cuando una persona es mediocre, al saber que no puede dar para más, incurre en corruptelas con tal de asegurar su futuro.
Además, ahora lo ejemplificó, ¿pues dónde se ha visto que un jefe le retire el 50 por ciento de su salario a sus trabajadores?
Eso es un abuso. Es violar un derecho constitucional de los trabajadores y atentar contra la seguridad laboral.
Aunado a ello, llama la atención la actitud de cacique de rancho para retirar las revistas y comprar espacios periodísticos a fin de lavarse la cara.
Lo que sabe Ricardo Velázquez es que aún hay más historias sobre su comportamiento.
¿Y la Sedecap?
Bien, gracias, como siempre durmiendo en el sueño de los justos. Permitiendo más y más cochinadas en este sexenio, al que aún le quedan cuatro años de vida.
Cabe hacer la pregunta: ¿Qué fue lo que dolió de la revista Contralínea?
Publicar que el hijo de Gerardo Pérez Salazar, secretario de Finanzas, fue detenido con droga por la Policía Municipal y por los elementos de la Agencia Federal de Investigaciones. El joven llevaba 100 gramos de marihuana, cantidad suficiente para ser remitido por posesión de drogas.
¿Eso fue lo que molestó?
¿Sabían que existen fotos del muchacho con la policía?
Si alguien quiere saber más de lo publicado en este número, le recomendamos ir personalmente a la Consejería Jurídica, nada más que conociendo a Velázquez, sé que le van a cobrar el doble por la revista.
¿Por qué renunció Mauricio Pardo de Cultura?
Corre la versión de que el director del Festival Internacional de Puebla, Mauricio Pardo Ruiz, renunció a su cargo el miércoles pasado.
¿La razón? Sólo él la conoce.
Lo cierto es que vienen cambios dentro de esa dependencia, como la inminente salida de Gerardo Ramos Brito, una vez que regrese de Europa.
A Ruth Becerra la obligaron a renunciar de la Dirección de Personal. Y se habla de la salida de lo poco bueno que hay en la dependencia: Roberto Martínez Garcilazo.
A quien parece irle bien es a Rafael Durá Durá, pues se habla de que lo promoverán al lugar que dejará Ramos Brito.
Hasta siempre, comandante
Tras leer la columna de Mario Alberto Mejía de hoy, podría decir muchas cosas.
De entrada, que Mario Alberto es una persona a quien admiro, quiero y respeto.
Que su decisión, por supuesto, la respeto y en una buena parte creo entenderla, aunque no he hablado con él sobre el particular.
A Mario lo respeto por su genialidad. y por ello lo admiro.
¿Quién comenzó a usar la correcta ortografía y puntuación en las columnas políticas de Puebla?
¿Qué periodista retomó la crónica como parte fundamental del periodismo?
¿Quién ha desenmascarado a los políticos, empresarios y periodistas?
Mario ha sido un puntal del periodismo poblano desde que llegó a Puebla.
Él ya hizo escuela y ya construyó historia.
Lo demás son mamadas.
Mario Alberto ha cometido muchos excesos —eso no se puede negar ni ocultar— pero ha sido un parteaguas en el periodismo poblano de los años noventa para acá.
Para mí, es un genio, un loco —en el buen sentido de la palabra y en el malo también.
Un chamaco rebelde quien con su pluma y sus ideas han puesto de cabeza al estado.
Un chingón, para decirlo en pocas palabras.
Es un excelente amigo porque cuando estás en medio de una bronca no duda en ayudarte o por lo menos —si el problema es mayor— en invitarte un trago.
No ha dejado de ser un poeta infrarrealista con pantalón de mezclilla, quien mienta madres del sistema y lo desmadra; se burla de él y todavía se atreve a escupirlo.
Lo mejor de todo es que el sistema lo ve, le sonríe y le dice: “Gracias”.
Hay mucho que decir de Mario Alberto Mejía, pero sobre todo hay mucho que leer.
Y como diría Carlos Puebla:
Aprendimos a quererte
desde la histórica altura
donde el sol de tu bravura
le puso cerco a la muerte.
Aquí se queda la clara
la entrañable transparencia
de tu querida presencia
comandante Che Guevara.
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