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Freaks

Un clásico de lo grotesco
Zeus Munive

zeusmunive@yahoo.com.mx

 


 

 

Finanzas, “El Cuñadito” y “El Japonés” (The good, the bad and the ugly)
La información que llegó a este espacio relata una historia de terror sobre el subsecretario de Egresos del Gobierno del estado, David Villa Issa, alias “El Cuñadito”:
Corrían los tiempos de la desaparecida Dirección de Tránsito en el estado, cuando un recién egresado de la carrera de Administración Pública de la UAP ingresó a su filas. Una vez transformada esa Dirección, en Secretaría de Comunicaciones y Transportes se nombró como subsecretario de Transportes a David Villa Issa, quien a su vez nombró como su secretario particular a “El Japonés”.
Resulta que la asociación resultó beneficiada, ya que “El Japonés” era el receptor de cochupos, regalos, efectivo y prebendas para el subsecretario de parte de los transportistas. (Cuenta la historia que el alza en el pasaje del transporte en épocas de Villa Isa se concertó en casa de la novia de “El Japonés”, una mujer de nombre Mónica).
Posteriormente, Marín llegó a la Presidencia Municipal de Puebla y nombraron como tesorero a David Villa Issa y, desde luego, le dieron un premio a “El Japonés” a quien lo nombraron jefe del Departamento del Impuesto por Adquisición de Bienes Inmuebles (ABI).
Los conocedores de temas financieros saben que la dependencia es un lugar de privilegio por los negocios que se hacen desde esa posición.
“El Japonés” no perdió el tiempo y comenzó a robar para beneficio suyo, y desde luego de su jefe —el tesorero—, con la complicidad de algunos personajes quienes sirven como gestores para los notarios poblanos —hay que aclarar que no directamente los notarios—, y a espaldas del director de Ingresos Ricardo Caballero, quien por no ser del grupo de Villa Issa no se benefició de las corruptelas de “El Japonés”.
A tal grado creció la minifortuna de “El Japonés” y de su jefecito Villa Issa, que el primero se hizo de una casita de descanso en Casitas, Veracruz, con vista al mar y con alberca; equipada de dos niveles en un fraccionamiento de Costa Esmeralda. Según los informantes, se puede corroborar el dicho en el Registro Público del municipio veracruzano, y con sus amigos a quienes ha llevado y presumido su mansión. Asimismo, el señor Villa Issa se hizo de un negocio: un centro de servicio automotriz por el rumbo de Xilotzingo, en el mismo fraccionamiento donde vive el gobernador. En el negocio facturan diversas dependencias del Gobierno estatal por servicios de varios miles de pesos a unidades oficiales. Además, se sabe que se llama Visa Car, y ahí mandan casi todos los autos de las dependencias estatales.
Si esto no fuera poco, “El Japonés” compró en el mismo trienio (1999-2002) una camioneta del año Jeep Cherokee azul, la cual, según él, cambiará este sexenio por una Hummer, con la que podrá soportar el complejo de inferioridad que le acompaña desde su infancia por su físico, aquel pasado de desprecios e insultos, y pertenecer a clase que él llama “gente bonita”, a la cual no pertenece pero quiere hacerlo pretendiendo conquistar con caros regalos a una niña bien de la Secretaría de Finanzas de nombre Érika.
Asimismo, “El Japonés” le compró un auto Pointer a su ex novia Mónica, beneficiada con una plaza en Puebla en un juzgado calificador.
Los dos bribones y socios cómplices juntaron una muy buena cantidad que les asegurara su supervivencia en el desempleo hasta que llegara Marín al poder, como hoy sucede.
Los informantes prometen más historias de ambos personajes sobre cómo se han beneficiado en la Secretaría de Finanzas.

 

 

La reunión antizavala reloaded
Mucho se ha dicho y escrito sobre la comida entre los funcionarios del gabinete en el “pacto del Chimichurri”. Cierto es que no invitaron al secretario de Gobernación, y cierto es que quisieron mandar un mensaje contra este funcionario de Gobierno.
No se ha dicho que para algunos funcionarios del propio Gobierno, los interesados en filtrar la información de la reunión fueron el secretario particular del gobernador, Guillermo Deloya Cobián, y el director de Comunicación Social, Javier Sánchez Galicia. Y es que para muchos, la lectura fue que la lente del excelente fotógrafo Rodolfo Pérez Munguía asistió al Chimichurri, aquel martes 13 —de marzo— por sugerencia del compadre Sánchez Galicia.
Otro dato que no se dio a conocer es que quien buscó sacarse la foto con el secretario de Gobernación fue el propio Guillermo Deloya, pues él la filtró a los medios de comunicación.
Un tercer dato que no salió es que por un asunto de torpeza periodística, y a fin de hacer quedar bien al “jefe”, a la titular de prensa de Gobernación, Érika Jaramillo, se le ocurrió la “brillante” idea de que habría que enviar un boletín en el que López Zavala se asumía así mismo como el jefe del gabinete.
Craso error.
La orden había sido difundir sólo una fotografía en la que aparecería López Zavala con Mario Ayón y Blanca Laura Villeda, a fin de demostrar que en el Gobierno hay paz y respeto; no obstante, ni la foto apareció ni la paz cundió en el gabinete.
Se hizo bolas el barniz, para acabar pronto.
Nadie ha manejado, tampoco, que Mario Marín le llamó la atención —le gritó y lo regañó— a Guillermo Deloya, pues aunque los secretarios si bien pueden grillar fuera de los horarios de oficina, no es posible que lleven la bendición hasta del particular del mandatario, pues el mensaje es que el propio mandatario apoya ese tipo de movimientos al interior de su gabinete.
Es un hecho que entre los funcionarios de primer nivel hay grupos. Éstos ya estaban desde el inicio de la administración. Javier García Ramírez estaba aliado con Gerardo Pérez Salazar y con Alejandro Fernández. López Zavala con Alejandro Armenta y Darío Carmona, entre tantas y tantas alianzas. Finalmente, la política sólo se basa en complicidades y traiciones.
Y lo que ha ocurrido desde el martes para acá con el “pacto del Chimichurri” es una muestra de ello. Por temas electorales se sumarán, pero al final de la historia, es decir, cuando el sexenio se acabe, cada grupo buscará su propio beneficio y ahí reiniciarán la feria de las traiciones.

 

 

Quién, para la alcaldía
Uno de los temas que están analizando los priistas es quién saldrá de candidato a la presidencia municipal de Puebla por Acción Nacional, y de ahí afilarán las espadas para determinar quién será el bueno. Es casi un hecho que Toño Sánchez sea el abanderado del albiazul.
En esa lógica no hay que descartar a López Zavala, aunque el nombre de Melquiades Morales se baraja como una realidad.
Hay versiones que aseguran que el ex gobernador no irá, pero no se puede cerrar esa posibilidad aún.
Lo mismo pasa con el secretario de Gobernación.
Es decir, todo será de acuerdo a las circunstancias.
De ahí que Valentín Meneses no tiene un trabajo sencillo, pues él, al final de cuentas, será el encargado de tirar la línea por quien sí será y convencer a quien no va a ser. Dadas las condiciones para el priismo, nada está fácil.

 

 

¿Y las diputaciones?
No me meteré en la lógica de dar una lista de quién será de los panistas, pero no descarten a Eduardo Morales, delegado de Migración, para contender por la candidatura a la diputación por el sexto distrito. Él es un panista de cepa quien desde muy joven comenzó a pegar propaganda en cada uno de los distritos de Puebla.
No es desechable que aparezca como uno de los aspirantes por esa zona.

 

 

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