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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com

 


 


Oh, Mundo Maravilloso (La Historia Según Prida). Si en la historia reciente del periodismo poblano alguien se ha caracterizado por lucrar con el oficio periodístico ese es Armando Prida Huerta.
Veamos:
Él fue quien utilizó un diario –Síntesis- para sus fines comerciales.
Él fue quien le inventó un delito a Enrique Gaucher, talentoso director de su periódico en su mejor etapa, en aras de sacarlo de la circulación.
Él fue quien ideó el título honorífico de defensor del lector para el muy respetable Joel Paredes Olguín, pese a que jamás le hizo caso a sus analíticas reflexiones que castigaban el periodismo que se hacía en Síntesis.
Él fue quien estuvo detrás del mayor chantaje periodístico en la época reciente y quien no dudó en publicarlo bajo la consigna de que era un asunto de interés público, pese a que el tema era sólo un chisme de opereta.
Desde su muy inmaculada circunstancia, Prida ha venido usando su diario de marras –líder en materia de no ventas- para acercarse los favores de los hombres de Poder.
Y más: ha especulado con los peores hombres del periodismo nacional para chantajear a los políticos poblanos.
Un caso elocuente: él, y no otro, fue quien recurrió al pobre diablo de Juan Ruiz Healy –el periodista sin periódico- para decir que Mario Marín Torres tenía nexos con el narcotráfico.
A esto hay que sumarle su inhabilitación federal en la Conaliteg y la serie de mentiras publicadas en el panfleto que va de gratis con la revista Rostros.
En el diario de Prida, quien es conocido como El Hijo del Fobaproa, hemos leído historias que tienen que ver con lo más negro del periodismo poblano, al grado de que su ombudsman –léase Joel Paredes- tuvo que renunciar para no sumarse a la porquería que venían publicando los amanuenses analfabetos del Señor.
A toda esta porquería habría que agregarle las historias cotidianas de algunos hijos suyos.
Un caso: el del poeta Mariano Morales, quien cambió su vocación por un litro diario de Bacardí blanco.
Uno más: el del mediocre operador que responde al nombre de Óscar Legaspi, un ser conocido en el bajo mundo como “Gutierritos”, debido a su inclinación execrable y habitual.
De este tipo de personaje se ha rodeado el tal Prida para ganarse su lugar en la Manual de la Fauna Fantástica.
(Cuando el lector busque en dicha antología la palabra Prida hallará como definición las siguientes líneas: “Animal otopédico que suele habitar en las mazmorras poblanas y que obedece al llamado del Góber Precioso”).
Frente a todos estos elementos hay que decir que Armando Prida es el promotor de un libelo que, como ayer lo anticipé, irá dedicado a la memoria de quien esto escribe.
Y es que del tal Prida, tal tatuaje.
No podría ser de otra manera.
Habría que buscar en las historias personales de otros personajes apellidados como él para entender mejor sus fobias.
¿Historias?
Hay muchas y moteleras.
Pronto encontrará el lector mayores datos.
Mientras esto ocurre le recuerdo al lector que este día el motitas Morales, también conocido como Mariano, participará, sin churro de por medio, en la Primera Conferencia Internacional (ja) de Autorregulación Periodística y Defensoría del Lector en América, mariguanada organizada en la Ibero Puebla en la que también intervendrán, entre otros, personajes salidos del bajo mundo periodístico suramericano.
Oh, yeah, qué mundo maravilloso.
 (Ya viene, ya viene, el libro que Prida pagó para pegarle al quintacolumnista. Ah. De buena fuente se sabe que entre los delatores, ¿autores?, se encuentra el muy ilustre ágrafo Fernando Canales).
 

 

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