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La quinta columna
de Mario Alberto Mejía
quintacolumna2005@gmail.com


 

 

                                                    a Carlo Pini en su dolor


El Cinismo y el Poder (o de Cómo Dolce ama a Gabbana). Desde el callejón del gato de la política local, Mario Montero Serrano sigue haciendo jugosos negocios en lo que su amigo el gobernador lo lleva de la mano a la Secretaría de Gobernación.
(Cuando menos esto último lo han contado sus palafreneros).
La semana pasada, por ejemplo, presentó como su socio al memorable Luis Casas Arellano, mejor conocido en la picaresca política como “Casitas”.
Sí.
El mismo que le recomendó a Kamel Nacif que le diera “calorcito” al gobernador Marín en una de las célebres grabaciones difundidas en febrero de 2006.
¿Cómo olvidarlo?
Le dijo Casitas a Kamel acerca de la periodista Lydia Cacho:
“Se le dicta formal prisión y se acaba el tema, ¿eh, Kamel? Vienen vacaciones, el tema pues ya se comprobó que ella no pudo comprobar nada, habrá uno que otro periodista que quiera volverlo noticia, todos los demás van a estar de vacaciones y la gente ni lee nada. O sea que creo que se acaba el tema. Nomás hay que aguantar hoy y mañana. Y el que necesita tener calorcito es el góber.
Persistente como es, siendo socio de Montero, el multicitado Casitas le sugirió a Kamel:
“Creo que con una llamadita tuya ya lo tiene. Si la procuradora hizo esa declaración, Kamel, es porque recibió línea, ¿eh?
-No, ellos no se pueden rajar –asentó Nacif.
-Es imposible, quedarían malísimo. Se verían muy mal –tartamudeó Casitas.
-Pero a mi góber creo que le vale, ¿no?
-Mira, la vez que platiqué del tema con él lo vi muy firme y muy seguro. Pero pues como dice luego la gente, por alguna razón...
-No, pues ahí qué.
-No creo que esas cosas le importen tanto al góber.
-Claro, el góber está en contra de estos perros.
-Yo la vez que platiqué estaba en contra de todos. Así es que esperemos que así sea.
-Ta bien, Casitas.
Pero sigamos con Mario Montero.
(Pero antes un paréntesis para citar a su padre, don Enrique Montero Ponce, quien hace unos días, durante un homenaje que le hizo el gobierno a José Ramón Fernández, dijo estas palabras que nadie, júrelo, podría decírselas al conductor de Tribuna Radiofónica: “luchador nato, valiente, emotivo, a veces arrogante, hasta gritón, pero siempre honesto. Nunca vendiste tu criterio al mejor postor”).
Regreso con Montero.
Mario.
Fuentes ligadas a varios ayuntamientos del interior del estado revelaron al quintacolumnista que desde que inició el sexenio, y pese a que el notario era dirigente estatal del PRI, se dio a la tarea de presionar a los presidentes municipales para que aceptaran las recomendaciones que les hacía en torno de ciertos despachos de auditores.
Incluso recurrió a una vieja conocida suya, Vanesa Barahona –a la sazón encargada del área jurídica del PRI estatal-, para que les cobrara directamente a los citados auditores el veinte por ciento por favor concedido.
(Ya podrá imaginar el lector las bonitas cantidades que se llevan regularmente los señores Montero & Barahona, que son el equivalente poblano de Dolce & Gabbana).
El problema empieza cuando los pagos de los ayuntamientos a los despachos de auditores tardan en salir…
Pero esa es cosa que nos les importa a Dolce & Galbana, por lo que de inmediato Vanesa les exige la elevada comisión a grito abierto
(Adivine el lector quién es Dolce y quién Gabbana).
Nuestros héroes tienen una larga lista de presidencias municipales en su catálogo de víctimas.
He aquí algunas:
Hueytlalpan, Huejotzingo, Coyotepec, Oriental, Esperanza y Cuyuaco.
Y más:
Hace poco metieron a un despacho en el Sistema Operador de Agua Potable de Huejotzingo.
(¡Dejen algo, chingao!).
Por cierto: Vanesa Barahona funge actualmente como delegada de la Contraloría del Estado en el ISSSTEP.
Y sigue, faltaba más, muy cercana a Gabbana.

 


Coplas a la Muerte de su Padre. Ayer, en un espacio muerto de Valle de los Ángeles, me encontré con Carlo Pini, a quien fui a buscar luego de que Arturo Luna me contó sobre el fallecimiento de su padre.
Don Humberto, ya había sido cremado y él, cigarrillo en la boca, iba por sus cenizas.
Me tocó acompañarlo en ese momento.
Me habló de los últimos dos meses de su padre.
Me habló de la pena de su madre.
Me dijo algo sobre la extraña enfermedad que sufría don Humberto –se olvidaba de respirar durante cuarenta segundos, pero al segundo 41 regresaba a la vida- y sobre lo que vendría en el futuro.
Lo abracé como lo abrazo hoy desde esta quintacolumna, de la cual es fundador.
Y me despido de él con estos versos de Jorge Manrique: las primeras líneas de Coplas a la muerte de su padre:
“Recuerde el alma dormida,         
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte             
tan callando,
cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,            
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.”

 

 

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