El PRI: ni fu, ni fa. Por lo menos hasta noviembre
Si usted como muchos, incluido el columnista, pensó que en esta asamblea nacional extraordinaria, el PRI se definiría ideologicamente, debe reconocer que se equivocó.
El partido surgido del movimiento armado de 1910, de la que se considera la primera revolución social del siglo XX en el mundo, salió de su segunda asamblea nacional extraordinaria, exactamente como entró: sin ideología precisa, como bien lo habían definido en el proyecto de reforma de su Declaración de Principios: «Equidistante entre populismo y neoliberalismo», es decir, nada.
Fue una asamblea muy parecida a las que se realizaron en los tiempos de la tecnocracia (Carlos Salinas y Ernesto Zedillo) en la que las bases estaban muy adelante de las cúpulas, pero éstas finalmente hicieron lo que quisieron.
Se esperaba ayer (esta columna se cerró antes de conocer el discurso de Beatriz Paredes) que la dirigente, por lo menos en el discurso (al más puro estilo priísta) se colocara en un puesto de avanzada.
La esperanza de quienes militan en el PRI es que en la Asamblea Nacional Ordinaria a celebrarse en noviembre, sea diferente y puedan hacerse las reformas a los documentos básicos, que el PRI necesita en los momentos actuales.
Lo último que los priístas pierden, es la esperanza, pero como que ya se están cansando a juzgar por las crónicas de la prensa de la ciudad de México, que relata los pormenores de lo ocurrido en la asamblea extraordinaria.
CUPULAS FUERTES, BASES DEBILES
Lo que está pasando en el PRI, es lo que pasa en el país: minorías fuertes y mayorías débiles.
Las minorías imponen sus reglas contra viento y marea y por muchos gritos y sombrerazos de las mayorías, las minorías siempre ganan.
Y es que las mayorías no saben luchar politicamente.
Hemos visto a un Partido de la Revolución Democrática, que con el fenómeno Andrés Manuel López Obrador, alcanzó una fuerza tal vez nunca antes vista en nuestro país y sin embargo, todo se perdió.
Las divisiones internas del PRD, su falta de estructura, su desorganización, hicieron perder a su candidato en los hechos. Tan solo en el estado de Puebla, con toda la gran cantidad de gente que seguía a López Obrador, dejaron más de mil, leyó usted bien, más de mil casillas sin representante perredista. ¿Cómo iban a reclamar un triunfo si no tenían más de mil documentos para probarlo?.
Y eso solo en el estado de Puebla.
Es un hecho que el PRI está en un proceso de perredización: pequeños grupos de poder que luchan entre sí defendiendo sus pequeños espacios. Luchan con una ferocidad superior a la que emplean o deberían emplear contra sus adversarios políticos e ideológicos.
La descomposición interna del PRI se derivó en gran parte de la desideologización de sus miembros, propiciada por el neoliberalismo de Miguel de la Madrid, Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, presidentes de la república que estuvieron al servicio de los Estados Unidos y del gran capital nacional. Y los priístas parecen no haberse dado cuenta de ello o haberlo olvidado.
Quienes desde dentro iniciaron un proceso de desmantelamiento del Partido Revolucionario Institucional, todavía están ahí y ocupan posiciones importantes en la estructura de ese partido. Son los que manejaron las mesas de discusión pretendiendo manipularlas a su antojo, como en el pasado.
Los priístas confían mucho en Beatriz Paredes, pero ésta no podrá luchar sola contra esa maraña de intereses políticos y económicos que están ahogando a su partido. En fin, ya veremos.
POR LO MENOS DEFENDIERON A SU GENTE
Ya nomás faltaba que los priístas reunidos durante tres días en la ciudad de México, se hicieran los occisos y dejaran que a gobernadores priístas los siguieran golpeando mediaticamente, para beneficio del PAN, sin que ellos por lo menos expresaran su desacuerdo y su apoyo a los agredidos, entre ellos el gobernante poblano Mario Marín Torres.
Desde el principio del problema, hace un año, esta columna dijo que el linchamiento mediático contra el gobernador poblano, constituía una maniobra del Partido Acción Nacional, para debilitar al PRI en una entidad que aportaba muchos votos al partido tricolor. Lo mismo ocurrió en los estados de México y Oaxaca y en los estados de Michoacán y Guerrero, gobernados por el PRD. El objetivo de los yunquistas, aliados del PAN, fue desprestigiar a los gobiernos de esos estados, para bajar las altas votaciones que normalmente captaban para el PRI en los primeros y el PRD en los segundos.
Hace unos días, se pretendió involucrar al presidente municipal de Acapulco, Salgado Macedonio, con el narcotráfico, pero la dirigencia del PRD tuvo una reacción inmediata y salió en defensa del alcalde y los panistas dieron marcha atrás. Lo mismo hubiera ocurrido en los casos de los gobernantes priístas, si la dirigencia nacional de ese partido hubiera salido en defensa de sus gobernadores.
En el caso del gobernador de Coahuila, al que se pretende linchar mediaticamente por declaraciones que hizo contra Vicente Fox, el PRI salió al quite oficial y contundentemente y los panistas no se han atrevido a seguir hostilizándolo.
En visita que hizo hace dos semanas a Puebla, el ex procurador de Justicia del Distrito Federal, Bernardo Bátiz, miembro del gabinete alterno de López Obrador, dijo que el asunto de Lydia Cacho, era una arma electoral del PAN y él sabe lo que dice, porque durante muchos años, fue panista. Salió de ese partido, cuando fue invadido por los neopanistas ahora en el poder.
> Columnas anteriores
|