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Gabriel Sánchez Andraca

 

 


 


Todavía están a tiempo
Los priístas poblanos, están a tiempo para frenar y retomar el camino de la unidad, de la tolerancia, a fin de participar con éxito en las elecciones locales próximas.
Tienen mucho que perder, si no lo hacen.
Si persisten los intereses de grupo o los individuales, sobre los de su partido, todos van a perder. Y todos son todos.
Les debe quedar claro que uno de sus activos mejor posicionados para la lucha por la gubernatura, dentro de cuatro años, es el actual presidente municipal, Enrique Dóger Guerrero. Podrán surgir otros en los próximos años, pero en este momento el hombre es Dóger.
Deberá enfrentar a un Partido Acción Nacional que cree que Puebla ya es de su propiedad y si en vez de apoyarlo y protegerlo, se le agrede, su debilitamiento significará el debilitamiento del partido al que pertenece.
Es momento de cerrar filas en torno a las figuras priístas, si lo que se quiere es cerrarle el paso a la derecha. Continuar con los pleitos internos, con las agresiones entre miembros de un mismo partido, a lo único que conducirá es a facilitar el camino del poder a los grupos derechistas que se frotan las manos por el que consideran su mayor botín.
Ya hay problemas para las elecciones que vienen. La lucha se espera dura para los priístas, entonces ¿para qué complicar más las cosas?.


LA PLATICA ENTRE VALENTIN Y DOGER
Por las declaraciones que después de platicar, hicieron el presidente municipal Enrique Dóger Guerrero y el dirigente estatal del PRI, Valentín Meneses, hay el acuerdo de llevar la fiesta en paz.
Sabemos que hay dentro del PRI, como dentro de todos los partidos, grupos de interés, pues bien, si esos grupos de interés no se dan cuenta o no quieren darse cuenta, que la clave para triunfar en la unidad, estarán perdidos.
Ninguna persona, ningún grupo, puede erigirse como propietario del Partido Revolucionario Institucional. Los partidos son organizaciones de interés público, sostenidas por el estado, que agrupan a personas de todas las clases sociales sin distinción de religión, raza, condición económica, etc. Todos los militantes de un partido tienen derechos y obligaciones, los acuerdos que en los partidos se tomen, deben ser democráticos, con la participación de todos sus miembros.
No puede o mejor dicho, no debe ningún grupo erigirse en el gran elector para designar candidatos. Los candidatos deben representar la variedad de grupos y de intereses que hay dentro de una organización política.
Precisamente por andar imponiendo la voluntad de las cúpulas, por pretender la privatización de los partidos en beneficio de un grupo o de unos grupos en particular, los partidos políticos han caído en el desprestigio ante la opinión pública.
Los ciudadanos ya no creen en los partidos, los consideran pequeños grupos de interés, para colocar a amigos en el poder público, para enriquecerse y abusar del poder. Esa es la percepción más extendida entre la gente.
Pero por desgracia, los políticos parecen no estar enterados de ésto y continúan actuando al márgen de la opinión pública.


RESCATAR EL PRESTIGIO DE LA POLITICA
Los escándalos, los pleitos, los latrocinios, nada tienen que ver con la política que debería ser una actividad respetable y respetada, que llevara al poder a personas no solo con capacidad para trabajar en bien de la sociedad, sino honestas y de conducta intachable.
Será dificil borrar la idea que los ciudadanos tienen ahora de la política y de los políticos.
Nunca en nuestro país, la política, los partidos y los políticos, habían estado tan devaluados. Es urgente su rescate.
Los problemas del pueblo de México están ahí y muchos de ellos son lacerantes: no hay empleos, la pobreza aumenta, los precios de los artículos de primera necesidad también, la educación pública y los servicios de salud, están degradados, el pueblo ha perdido toda esperanza y muchos, son cientos de miles, dos millones y medio en un sexenio, se lanzan desesperados a pasarse a otro lado de la frontera norte, en busca de un empleo, por modesto que este sea, para poder sobrevivir.
La inseguridad ha crecido terriblemente y los operativos policiaco-militares surten efectos poco efectivos. Todo nos está indicando que estamos en los prolegómenos de un estallido social: los políticos no se habrán dado cuenta de ésto.

 

 

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