¡Como han cambiado los tiempos!
Hasta hace unos años, un congreso, reunión o asamblea de legisladores locales de todo el país, no llamaba para nada la atención. Los diputados en solitario o en montón, practicamente no sirven para nada o por lo menos así ha sido la percepción de la ciudadanía.
Puebla ya tuvo la presidencia de la agrupación nacional de legisladores locales y también la de presidentes municipales y nunca se ha sabido que esas presidencias sirvan para algo, que no sea para aumentar el currículum de quien ejerce el cargo.
Había algunas críticas en voz baja de algunos enterados, pero hasta ahí las cosas.
Pero desde que «nos alcanzó la democracia» los ciudadanos de a pié, hacen críticas demoledoras, no solo por el gasto que representa un viajecito de estos en montón, sino por su total y absoluta inutilidad.
Pero aún hay más: se critica a los diputados, no se les ve ninguna utilidad ni en lo individual, ni en grupo: ¿Cuál es el beneficio que recibe la ciudadanía de su actuación? se preguntan. De ellos hay quienes solo recuerdan los insultos que se lanzan, las acusaciones con o sin fundamento que se hacen, las declaraciones, generalmente desafortunadas, que hacen a la prensa, sus ansias de aparecer en la televisión, de hablar en la radio o de que su nombre se vea en letras de molde en los periódicos.
En los distritos que representan no se les conoce o no se les ha vuelto a ver desde la campaña. Y esto no es exclusivo del PRI, como pretenden hacer creer los panistas, los del PAN son peores. Si sus nombres llegan a conocerse después de las campañas entre los ciudadanos, es un verdadero milagro. Muchas veces ni los informadores sabemos quiénes son.
A LO QUE SE CREEN OBLIGADOS
Generalmente los legisladores panistas, sean federales o locales, se sienten obligados a hacer críticas constantes, permanentes, a los gobiernos priístas (el diputado don Francisco de Fraile y García, es un ejemplo de ésto) Los perredistas se sienten obligados a estar contra todo y contra todos y los priístas creen que su obligación es aprobar sin analizar, cualquier propuesta que llegue del Ejecutivo y criticar a sus pares que se opongan a tales iniciativas. Los diputados de los otros partidos, que los hay, tienen la obligación de apoyar al grupo que les llegue al precio.
Ni los priístas, ni los panistas, ni los perredistas, están capacitados para defender a sus respectivos partidos o para hacerles críticas también fundadas, a sus adversarios políticos. La mayor parte de los diputados, son políticos sin ideología precisa y por eso mismo, no saben hacer una defensa coherente de su respectiva organización.
Hay entre ellos muchos jóvenes, que ignoran hasta lo más elemental de la historia patria, pues fueron a la secundaria cuando Luis Echeverría ya había desaparecido a la Historia de México, como parte de los programas de enseñanza, creando una sola asignatura de Historia de México, Civismo y Geografía. Sus conocimientos del pasado de nuestro país, son en la inmensa mayoría de los casos, deficientes, salvo cuando hay un interés especial de algún diputado por conocerla y la estudia por su cuenta, pero son casos rarísimos.
¿QUE HACER ANTE ESTO?
Si yo fuera Pericles Olivares, el nuevo y flamante presidente de la Conferencia Mexicana de Congresos y Legisladores Estatales (COMCE) me preocuparía por cambiar la imagen de los diputados locales de Puebla y del país.
Buscaría la forma de que hubiera un mayor acercamiento entre el legislador y el pueblo.
Les pediría, les rogaría (porque todos son esencialmente soberbios y engreídos) que asistieran a cursos, que yo organizaría, sobre historia de México y sobre elementos de Teoría General del Estado, para que llegaran a conocer algo de lo que podrían hacer para beneficiar a sus distritos, a su estado, a su país.
Les regalaría libros, a cuenta del presupuesto del Congreso, para que estuvieran enterados de los problemas que confronta México, que confronta Puebla. Contrataría a expertos que les enseñaran lo que ellos podrían realizar, dentro de su ámbito, para mejorar las cosas.
Podría contratar a algún profesional que les enseñara la forma de relacionarse mejor con la gente (no al estilo yupi) con el pueblo que los eligió.
Les pagaría algunos viajes de estudio, para que conocieran la forma en que funcionan los congresos de otros paises y el impacto que los legisladores tienen en la población en general.
Les picaría el amor propio, les preguntaría si quieren seguir como van, para que de ellos nadie se acuerde unas semanas después que dejen el cargo o si quieren dejar huella y para eso tendrían que trabajar en serio.
Sabemos que es muy dificil todo esto. Ya empiezan a mencionarse algunos nombres de posibles candidatos a suceder a los que están y todo parece indicar, que no serán mejores. Entre las cualidades que requieren para cambiar la percepción que de ellos se tiene en el grueso de la población, están la humildad, la sensibilidad social y el contacto permanente con los grupos marginados, que son los más. Los políticos modernos están muy lejos de tenerlos, ¿no cree usted?.
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