Regresamos a Primera División
¡Cómo en lo viejos tiempos! La México-Puebla estaba llena de coches con aficionados. La imagen me hizo viajar a épocas pasadas, y recordar tantos años de primera división, de buenos resultados y de aficionados orgullosos de la franja.
La verdad es que el tráfico empezó a ser excesivo, faltaba una hora y media para que empezara el partido y la circulación era menos que a vuelta de rueda, ¡pero claro! avanzamos un poco y entendimos lo que pasaba:
alguna brillante autoridad del municipio dio la orden de que precisamente el sábado de la final de la primera “A” en busca del ascenso, se parcharan algunos baches en la lateral de la carretera. Sí son bien listos. ¿O sería que quisieron aprovechar la ocasión para que todos los poblanos veamos que si trabajan?, no lo sé, pero el bacheo -sumado a dos o tres choques- hizo que lo que uno puede recorrer en diez minutos lo hiciera en 45; pero ni modo era la final y sabíamos que sería un día de amontonamiento, lento y sin prisa.
Las quejas de la falta de boletos se empezaron a escuchar desde el lunes anterior al partido: que en taquilla ya no había, que la reventa estaba por todos lados, que en los lugares de costumbre se habían agotado y sumado a eso la creencia de que por tele local sería pago por evento, el descontento de la afición fue tema en todos los cafés. Al final la cosa no fue así, la transmisión fue gratis y en vivo con lo cual los que se quedaron sin ir pudieron ver el partido desde su casa (si tienen megacable) y sin gastar mas que en las botanas y las chelas.
Y sí, había revendedores por todos lados. El primero que nos ofreció boletos, lo hizo de coche a coche en la lateral de la carretera, un gordito en un coche verde al que no le faltaba el zapatito dorado y el santito, ambos colgando del espejo retrovisor, y me pregunto ¿qué santo será el patrono de los revendedores?
A pesar del tumulto, la verdad es que la entrada al estadio no fue tan complicada, nos encontramos a una hora de empezar el partido con un Cuauhtémoc repleto y todo pintado de azul, insisto ¡cómo en los viejos tiempos!
Gracias al Satanás nos sentamos en buenos lugares, y pudimos ser testigos de la cantidad de chelas que se consumen en un partido de fut y lo tranquila que es la gente a pesar de la masificación, todos pasábamos los vasos a los de atrás y recibíamos el dinero de mano en mano hasta depositarlo en el vendedor sin que nadie se cobrara su comisión o hiciera la típica cara de “hay como beben, ya dejen de pasar cerveza”.
El primero gol del Puebla no tardó en caer, y yo que soy medio neuras, en ese momento ya quería que terminara el partido, me quedaba claro que el recuerdo de la última final para lograr el ascenso (a pesar de las terapias) seguía ahí y la verdad es que no quería volver a protagonizarlo.
Fue un buen partido, con goles y uno que otro susto que no pasó a mayores, los más sufridos sin duda, fueron los últimos minutos; cuando sientes que estas a nada de ser campeón y la posibilidad del empate empieza a rondar. Por fin sonó el silbatazo y todos fuimos muy felices (bueno casi todos porque en la platea había un cuarteto de despistados que le iban a Dorados).
Podemos decir que este sábado fue el final de dos años de pesadilla, regresamos (espero) a la franja de antes, aquella que alguna vez hizo temblar al América o a cualquier otro rival.
El partido, un éxito...insito ¡cómo en los viejos tiempos!...¡estamos en Primera División!
Malusa Gómez
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