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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 


¿Puebla por Yucatán?


Todos los analistas políticos nacionales coinciden en que en la elección del próximo domingo no solamente estará en juego la gubernatura de Yucatán, el único estado del sureste de México que actualmente mal gobierna el PAN, sino la persistencia del amasiato entre el PRI y el PAN, que ha permitido a Felipe Calderón cumplir con los compromisos que le exigen sus jefes (FMI, BM, George Bush) y mecenas de campaña (Televisa, Azteca, Bimbo, Jumex, Banamex y muchos más).
En pocas palabras, la contienda en Yucatán es vista como una concertacesión al revés: ahora sería un presidente panista el que entregaría Yucatán al PRI, a cambio de que el priísmo se mantenga en el cabús del panismo aprobando todas las iniciativas calderonistas, en un co gobierno vergonzante que denigra – principalmente -a una corriente ideológica que en algún momento de su vetusta historia se dijo “Revolucionaria” y que en la actualidad solamente hace el papel de tonto útil del panismo.
Fieles a su tradición de concubina chantajista, los dirigentes y gobernadores priístas le han exigido a Calderón Hinojosa la plaza, so pena de subirse los pantalones y comenzar a fungir como un verdadero partido de oposición, lo que sería catastrófico para el gerente de la República Mexicana  SA de CV, ya que no tendría con quien “gobernar” al carecer – también – del apoyo incondicional del panismo.
Los analistas nacionales coinciden en que Calderón Hinojosa se encuentra en una disyuntiva difícil, porque traiciona a sus cómplices priístas o comienza a convertirse en el “Ernesto Zedillo” del PAN afectando los intereses político-electorales de su partido. Es claro que, en este caso, su relación con la cúpula del panismo se vería aún más deteriorada y debilitada, a pocos meses del relevo en el CEN. 
Lo que pocos articulistas han señalado son las opciones que le quedarían al gobierno federal, para congraciarse con los panistas, en caso de una previsible derrota. Tampoco  se conoce de análisis o proyecciones sobre qué podría pasar en los demás estados donde se efectuarán elecciones por el resultado de la contienda en Yucatán. 
Una posible derrota del PAN en Yucatán podría motivar a Calderón Hinojosa a duplicar su campaña en Puebla, para reconciliarse con el panismo nacional regresándole no sólo la cuarta ciudad más importante del país, sino la mayoría del Congreso local en una entidad que en la contienda presidencial del 2006 era considerada como un “bastión priísta” y que tiene una gran importancia para los sectores conservadores.  
Además, si se toma en cuenta que – según el conteo del INEGI del 2005- Yucatán tiene una población total un millón 819 mil habitantes y que en la Angelópolis viven un millón 500 mil personas, la derrota en la península se vería compensada, al menos en términos de población que se gobierna, sobre todo porque una victoria panista sería interpretada como un preámbulo de lo que sucederá en el 2010.
Otro elemento es que para Beatriz Paredes Rangel puede ser más importante fortalecer su liderazgo partidista (que hasta ahora ha sido de bajo perfil) con la recuperación de una gubernatura, que con la defensa a ultranza de mandatarios cuestionados. 
Incluso, un fallo de la SCJN negativo en torno al caso Cacho dejaría al priísmo nacional sin demasiados elementos morales o mediáticos de defensa o confrontación, después de una elección competida por la mayoría en la Cámara de Diputados. Un eventual veredicto que confirme todas o algunas de las acusaciones de Lydia Cacho contra el gobierno explicaría un resultado negativo para el PRI en la entidad.   
Otro hecho importante es que las encuestas preelectorales muestran que en Yucatán el PRI va a la alza y que en Puebla el PAN tiene casi asegurado el triunfo en la capital y posibilidades reales de confirmarse como la primera fuerza política en la entidad. No causaría extrañeza a la clase política local y nacional que se confirmen estas tendencias.

 

 

Y si el PAN gana
Las previsiones no son mejores para el priísmo poblano, si el blanquiazul retiene Yucatán, porque la dirigencia nacional del tricolor podría romper con el gobierno federal, que – en venganza – reactivaría mediática y políticamente temas negativos para las administraciones estatales priístas. Un hipotético rompimiento del amasiato PRI.-PAN dejaría como primeros damnificados a quienes son protegidos por ese pacto. 
Y ya desatada la guerra, sin contubernio o pacto alguno, el calderonismo usará abiertamente todos los medios - legales o no - a su alcance, para, ahora sí, tratar de borrar al priísmo, algo que Vicente Fox y Felipe Calderón no han intentado hacer, aunque ello no implica que seguirá en la misma tesitura.   
La asignación de los recursos federales, con la aprobación o no de las cuentas públicas de los gobiernos estatales priístas en San Lázaro, la abierta manipulación política – electoral de los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial y hasta las campañas de desprestigio en medios nacionales serían algunos de los elementos que Calderón Hinojosa usaría. 
Una victoria del albiazul en la península confirmaría que, como en el sexenio perdido del foxismo, el PAN-gobierno continúa haciendo elecciones de Estado, lo que automáticamente deja en condiciones de severa desventaja a la oposición, porque ni siquiera juntas las administraciones priístas cuentan con los mismos recursos que la federación.
Como puede verse, la elección en Yucatán no solamente es importante para esa entidad, sino para todo el país. Representa una buena forma de “medirle el agua a los camotes”, como decían los politólogos hace poco tiempo.

 

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