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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 


De la patada


Parece que las matemáticas no son el “fuerte” del paredista Jorge Roberto Ruiz Esparza, pese a sus estudios de Administración de Empresas en la UDLA, como lo confirma el hecho de que el ex futbolista cree que con dos votos puede ser el candidato del PRI y ¡ganar la ciudad de Puebla!.


Me explico: fiel a las costumbres paredistas de menospreciar a sus detractores y de apostar más por los acuerdos cupulares que por los consensos amplios, entrevistado en Radio Oro, Ruiz Esparza reconoció que ha platicado con la gente “importante del PRI, la que toma decisiones”, para obtener la candidatura a la alcaldía de Puebla, mediante una “alianza” en que los partidos patito presten sus siglas.


Con base en sus dichos, queda claro que el ex presidente de la Promotora del Deporte en el ayuntamiento paredista ya se desistió de tratar de obtener el apoyo de las bases y grupos priístas y, ahora, está a la espera de que “quienes toman las decisiones” le den la nominación. En pocas palabras, busca que un dedazo le dé la postulación, que su trabajo político y posicionamiento en las encuestas no justifican.


Si bien es cierto que en el PRI las jerarquías existen, toman decisiones y –  sobre todo en tiempos del partido único – decidían las candidaturas y definían el rumbo político del país, estado o municipio, también lo es que en la actualidad no basta el apoyo del gran electoral, para triunfar en una elección, principalmente en una zona tan competida, como la capital de la entidad.


Es significativo que un día después de que la dirigente estatal de la CNC del PRI, Cecilia Hernández Ríos, afirmó que no apoyará al ex funcionario paredista, éste tenga un arrebato de sinceridad y soberbia que lo lleve a reconocer su desinterés en convencer a las bases y organizaciones priístas de las bondades de su nominación y de su supuesto compromiso con los postulados partidistas.


Tal vez Ruiz Esparza crea que con el respaldo del gobernador (que hasta el momento no ha enviado señales claras y contundentes respecto a quién es su candidato) y de Omar Álvarez Arronte le basta para obtener la postulación y, quizá, hasta tenga razón, porque la historia del priísmo está repleta de casos de borreguismo, servilismo, abyeccción.


 Sin embargo, nadie con un mínimo de conocimiento político- electoral podría pensar que el PRI puede -  siquiera – competir y mucho menos ganar la ciudad de Puebla o en cualquier otra capital o estado importante, sin el apoyo real  de sus bases, grupos, organizaciones y dirigentes. Y lo cierto es que, cuando menos hasta el momento, el precandidato solamente ha sabido sumar rechazos.


La misma historia del partido ha demostrado que las imposiciones se pagan caro: con la derrota, como ocurrió con Francisco Labastida Ochoa, Roberto Madrazo Pintado o Carlos Alberto Julián y Nácer, entre muchos otros casos. En las urnas, el servilismo de la clase y base tradicional priísta se convierte en indiferencia hacia el candidato rechazado o, en muchos casos, en votos por el PAN o PRD.


 Por ende, los cuestionamientos de la CNC, Humberto Vázquez Arroyo, Antonio Hernández y Genis, Rocío García Olmedo, Norma Sánchez Valencia, Miguel Ángel Ceballos López, entre otros, a la nominación de Ruiz Esparza no deberían ser minimizados, sobre todo por el propio precandidato que ha pregonado que su única intención es trabajar por Puebla y que será el principal afectado por la falta de respaldo del priísmo.


 Por si fuera poco, el intento de imposición de Ruiz Esparza tampoco se justifica en las encuestas preelectorales, que lo ubican muy por debajo de los principales precandidatos del PAN y que lo empatan con priístas verdaderos, como Javier López Zavala.


 Su eventual postulación solamente demostraría que el paredismo se infiltró en el PRI, a través de alguien que – hasta ahora – nunca se ha deslindado del un presidente municipal, al que hasta su partido trató de expulsar y que termino calificado por la ciudadanía como el ejemplo de lo que no debe ser y hacer un alcalde.
 Aunque una probable victoria del equipo del Puebla en el partido del sábado por el regreso a la Primera División incremente la tentación de imponer al ex futbolista, quizá sea conveniente recordar que el “efecto Maurer” solamente estuvo vigente a favor del PRD en la contienda local de 1998, pero fracasó en el 2004 y 2006, cuando el dirigente deportivo sufrió la misma derrota electoral que el resto de sus presuntos correligionarios.

 


 Estocada
 La guerra sucia de la PGR contra Lydia Cacho no solamente refleja los elementos mediáticos y legaloides que pondrá a disposición de la SCJN, para que emita un dictamen que no ponga en peligro la alianza entre el PRI y el PAN, también refleja el grado de descomposición en que se encuentra el sistema político-electoral- judicial de nuestro país.


 Todo apunta a que la PGR y la SCJN van a determinar que fue Lydia Cacho quien abusó de los judiciales, custodios y de la “jueza” Rosa Celia Pérez González y no puede descartarse que le dicten una orden de formal prisión para encarcelarla por 50 años, como ocurrió a los líderes de los movimientos en Atenco y Oaxaca.


 El bananerismo del país ha llegado a un nivel tal, que las “pesquisas” de la PGR y la tremenda corte dejarán en claro que Jean Succar Kury y Kamel Nacif sufrieron abusos de crueles niñas, que los persiguieron, acosaron y se aprovecharon de ellos. En compensación, el gobierno de Felipe Calderón los nombrará como titulares del DIF y la SEP nacionales, respectivamente.


 Desde el punto de vista político, la administración estatal hace lo adecuado para su causa al filtrar a sus medios los “dictámenes” de la PGR que la favorecen en la guerra moral y mediática contra Lydia Cacho. Lo cuestionable es que las instituciones federales que, supuestamente, deben mediar en el conflicto o dirimirlo se presten a la manipulación partidista.

 

 

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