Historias sintéticas
Para bien o para mal, según el caso, el entorno de los medios de comunicación en Puebla es muy reducido y las historias incómodas de todos se saben, porque los reporteros, fotógrafos, columnistas, analistas y hasta vendedores de publicidad se conocen entre sí, platican las intimidades, debilidades y hasta vicios de sus centros de trabajo.
Por ende, llama la atención que un diario cuyos máximos “logros periodísticos” son sus secciones de sociales y de anuncio clasificado”, hoy pretenda erigirse en el censor y vigía de los medios de comunicación y periodistas locales, ya que su dueño y su propia línea editorial carecen de cualquier autoridad moral o profesional, para censurar a sus competidores.
Quizás Armando Prida ya haya olvidado su pasado periodístico reciente, cuando (a inicio de los noventa) Síntesis se editaba en un formato tabloide, en blanco y negro, contaba con las agencias informativas más críticas al régimen priísta (Apro y La Jornada nacional) y su línea editorial trataba de ser de izquierda, en concordancia con la misma Jornada nacional, que en ese entonces todavía no contaba con un encarte local diario.
Armando Prida ha olvidado que fue por sus contubernios con Manuel Bartlett Díaz y Melquíades Morales Flores que le cambió a Síntesis no solamente el formato, sino también la línea periodística, convirtiéndola en afín al PRI. Así, este diario no tuvo empacho en publicar encuestas falsas y/o manipuladas que le daban al tricolor victorias electorales – que finalmente no obtuvo - en las contiendas locales de 1995 y 2001.
Pese a que Síntesis emite hoy un poco disimulado tufo blanquiazul, hace alrededor de 10 años ese diario difundía “encuestas” en que el SNTE o el FJR del PRI vaticinaban las victorias balines de Germán Sierra Sánchez y Carlos Alberto Julián y Nácer como candidatos a una presidencia municipal a la que nunca llegaron.
Por órdenes de su propietario y de Jesús Espina, la misma manipulación hizo el diario en el 2004, cuando se prestó al juego sucio del PAN y – a contracorriente de la gran mayoría de estudios de opinión, que vaticinaban una victoria priísta en el estado, la ciudad y el Congreso local - aseguró que Francisco Fraile García y Pablo Rodríguez Regordosa ganarían en las urnas, lo que, desde luego, jamás ocurrió.
Como beneficiario del Fobaproa y otrora caudillo de la revolución, Armando Prida olvida que sus fotógrafos y reporteros pasaban quincenas enteras sin cobrar, porque supuestamente el periódico carecía de fondos, cuando él le daba la vuelta al mundo en su viaje de luna de miel. Las quejas de sus empleados con los compañeros del medio hicieron que este abuso se convirtiera en vox populi y que, después de varios meses, se corrigiera.
Y qué se puede decir de cuando Armando Prida se confabuló con Manuel Bartlett Díaz, para meter en la cárcel al único editor crítico de ese régimen, Enrique Guacher. La sucia maniobra del usufructuario del Fobaproa provocó el cierre del único periódico que se atrevía a criticar al ex mandatario, “Página Regional”, y dejó sin trabajo a muchos periodistas.
Ahora que el dueño de Síntesis ha emprendido una “cruzada por la ética y moral periodística”, quizá sería conveniente que empezara por aclarar a cuánto asciende su deuda en el Fobaproa o, lo que es lo mismo, qué cantidad de dinero público se destina cada año para cubrir las anomalías financieras de uno de los hombres más ricos de Puebla.
Porque queda claro que los recursos que generan Rostros y el Aviso Oportuno no se utilizan, para que los reporteros y fotógrafos cumplan mejor con su trabajo, como quedó demostrado en las tragedias naturales de 1999, cuando los presidentes municipales debieron dar hospedaje, comida y pasajes a los representantes del medio que acudieron a cubrir la contingencia.
Tampoco puede pasar inadvertido el silencio cómplice y vergonzoso que el dueño y los directivos del medio han guardado ante actos de censura y/o represión oficial, como el que sufrió Julio Martínez Rivera por publicar que habían sido robadas varias cajas de licor de Casa Puebla y la muerte de un corresponsal del mismo diario en la Sierra Oriental, sin que Síntesis haya mostrado inquietud alguna por exigir a las autoridades que se aclare este hecho.
Pero más allá de las historias sintéticas, lo cierto es que este periódico ha perdido peso informativo, al mismo tiempo que sus secciones frívolas cobran importancia y se consolidan como su único atractivo. La falta de dirección informativa, la manipulación política y económica de la línea editorial y el manejo familiar del diario han logrado superar el genuino y loable esfuerzo de los reporteros y fotógrafos de Síntesis, que son víctimas de los yerros e intereses de sus patrones.
Sin columnistas locales que realmente influyan en la clase política, sin una línea editorial que lo distinga de la competencia ni notas que generen una reacción o el seguimiento de los demás medios, sin lectores que se interesen por algo más que por sus anuncios o por la sección de sociales, Síntesis se ratifica como una arma política – propagandística de su propietario y de los intereses de quienes lo mueven.
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