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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

Y los Traidores Gritan “Traición”. El libro de Roberto Madrazo Pintado, “La Traición”, es uno de los más comentados en los últimos días, aunque, eso sí, casi nadie lo ha leído.
En un país en el que el analfabetismo funcional es elocuente lo anterior no es noticia.
Pero este no es el tema de esta columna.
Sí lo son las reacciones, más privadas que públicas, de algunos personajes poblanos acerca de las revelaciones de Madrazo.
Fuentes dignas de crédito aseguran que algunos madracistas (más bien ex) se pusieron furiosos con Madrazo, pero fieles a su estilo decidieron no divulgarlo.
Un caso singular: el de Melquíades Morales Flores.
El ex gobernador de Puebla, juran, se acomodó el cuello de la camisa, se limpió el sudor de la frente y escupió un “este Roberto” que lo dijo todo.
Y es que él en su lugar se habría puesto una bolsa de hielo en la cabeza y nunca, jamás, hubiera abierto la boca para decir lo que Madrazo dijo.
Cuestión de estilos.
En Casa Puebla las versiones de la traición no fueron bien vistas, sobre todo porque Madrazo desnuda lo que todos ya sabíamos.
Y eso, faltaba más, hará más vulnerable al PRI en las elecciones del 11N.
Lo curioso es que muchos priistas poblanos ahora acusan de traidor a quien se atrevió a denunciar la traición de que fue objeto.
No podía ser de otra manera.
Los priistas nacieron para no cambiar y en eso les va la vida… política.
Por lo pronto me quedó con lo que dijo ayer en su cada vez más leída columna el escritor Héctor Aguilar Camín:
Madrazo tenía en ese momento (3 de julio de 2006) la opción de gritar fraude y sumarse a la ola de López Obrador. El partido probablemente lo habría seguido y los gobernadores mencionados habrían tenido que ser mucho más claros en su apoyo al proceso.
”Habrían tenido que desmentir al candidato de su partido, deslindándose quizá del propio partido, cosa que hubiera complicado también el escenario, de por sí enredado por la eficaz protesta de López Obrador, sumiéndolo a un cuadro de confusión y sálvese quien pueda.
”Si Madrazo no gritó fraude, creo yo, fue porque hacerlo llevaba agua al barco de López Obrador. Era una manera de decir que López Obrador había ganado y que le habían robado la elección, pues Madrazo no tenía ninguna posibilidad de alegar que el fraude había sido en su perjuicio. El único perjudicado creíble por un supuesto fraude era López Obrador.
”La rivalidad de Madrazo con López Obrador pudo más que su frustración. No fue por amor a la democracia sino por no hacerle el juego a su paisano incómodo que aceptó los resultados. Pero el hecho es que los aceptó, y su decisión de no reventar por completo el proceso evitó el mal mayor, mucho mayor, de una protesta conjunta de Madrazo (sin tres gobernadores) con López Obrador tomados de la mano gritando fraude.
”Esa sí hubiera sido la revuelta contra la democracia del PRI que no tuvimos en la elección del 2000. Madrazo y López Obrador gritando juntos fraude le hubieran metido a los engranes una piedra suficientemente grande como para tronar la máquina.
”Pero ahí se detuvo Madrazo, y aceptó su derrota. Por eso digo que sus razones quizá no fueron buenas, pero el resultado de sus actos sí. Y hay que juzgar a los políticos por lo que hacen, no por lo que sienten o quieren hacer.”


+++Por cierto: el hijo de López Obrador y Beatriz Gutiérrez Mueller ya no se llamará Jesús Salvador.
Su nombre será Jesús y algo.
Jesús María, Jesús Manuel, Jesús Quién Sabe.
Lo cierto es que de Beatriz sacó los ojos y del papá todo lo demás.


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