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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

La Autopsia Dirá si Vive (o el Gabinete del Doctor Ramirari). El pasado 17 de mayo, Carlos Ramírez, señalado como uno de los operadores de medios del gobernador Mario Marín Torres en la ciudad de México, publicó en su columna Indicador Político algunas líneas que en los días siguientes se volvieron noticia en Puebla.
Me refiero a dos dictámenes: uno, psicológico, relacionado con la periodista Lydia Cacho; y otro de carácter técnico, que concluye que la grabación de la charla telefónica entre Marín Torres y Kamel Nacif está trucada.
He aquí algunas líneas del vocero Ramírez:
“La investigación del caso Mario Marín comienza a desinflarse. Hasta ahora ha dado dos giros espectaculares: una investigación oficial de un perito contratado por la PGR determinó que la grabación filtrada a La Jornada tenía cortes de edición y es jurídicamente inservible. Y un reporte sicológico, también de la PGR, concluyó que la investigadora Lidia Cacho no presenta estrés postraumático y sí afanes de protagonismo.
“Los dos incidentes -la grabación y la denuncia- formaban parte fundamental de la investigación judicial del caso Marín en la PGR y en la Suprema Corte. De un lado, la Corte violó la Constitución al otorgarle valor probatorio a una grabación ilegal; de otro, la Corte también se apoyó en la denuncia de la investigadora Lidia Cacho y el temor a un asesinato”.
Hasta aquí la primera cita.
Tiene razón el periodista Rodolfo Ruiz cuando escribe en su columna La Corte de los Milagros de ayer martes: “Aunque la versión de Michael Kasis Petraki, perito en audio y video de la PGR, puede ser correcta en el sentido de que la grabación fue manipulada, en realidad eso poco ayuda o contribuye a que la administración estatal remonte el desprestigio en que se encuentra sumida desde hace 15 meses y mucho menos a salir bien librada de la investigación emprendida por la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
“Incluso, resulta ocioso restarle importancia a la escandalosa grabación, cuando Ricardo Velázquez Cruz, consejero Jurídico del gobierno estatal, ha jurado y vuelto a jurar que los ministros ni siquiera la tomarán en cuenta para la segunda etapa de las investigaciones.
“Y, aunque se repita hasta el cansancio que la grabación fue truqueada, manipulada o inventada, el hecho es que se volvió del escarnio público nacional y eso nadie lo podrá evitar ni borrar del imaginario popular.”
Hasta aquí la segunda cita.
Volvamos a la columna del vocerito Ramírez.
Sedicente amigo de la ética periodística, enemigo consumado de la prensa negra y de quienes amparados en una charola de periodistas violan la intimidad de las personas, el también  director de La Crisis fue hasta donde nadie había llegado con Lydia Cacho y publicó varias líneas ejemplares que lo dibujan en toda su extensión: “En el caso del reporte sicológico, folio 29299, de la doctora Dalia Alejandra Luna Muñoz, convocada por la PGR, el documento oficial concluyó -página 49- que Lidia Cacho presentó, luego de un examen muy minucioso, ‘sintomatología que se exacerbó en relación a la experiencia de agresión sexual que vivenció hace siete años, al ser violada, como son el miedo a una nueva agresión, sensación de indefensión e impotencia’.
“En el reporte de la sicóloga se incluyó la versión de Cacho de una violación sufrida en un baño de un restaurante y cómo revivió el temor cuando fue detenida en Cancún con abuso de presión por agentes de policía de Puebla. Y el miedo se multiplicó cuando en el traslado a Puebla utilizó un baño y ahí se introdujo un agente judicial, aunque sin intentar ninguna agresión. Y finalmente, el manoseo en las oficinas policiacas de Puebla.
“De acuerdo con la información entregada a la PGR, la sicóloga Luna Muñoz concluyó también que el suceso de su aprehensión en Cancún multiplicó los temores por la violación sufrida. En su declaración, Cacho acreditó la violación a enviados del entonces gobernador Mario Villanueva Madrid, hoy preso en la cárcel de alta seguridad del Estado de México. Cacho dijo que no tenía más pruebas que una versión de un agente judicial quintanarroense.
“De ahí que el postrauma tenga, dice el reporte sicológico, la ‘presencia de la reexperimentación del evento a través de pesadillas recurrentes’. (…) El reporte sicológico de la investigadora Lidia Cacho tendrá efectos en la investigación porque pone en blanco y negro los efectos de la aprehensión y el mal trato en las oficinas judiciales en Puebla, algo que por cierto ya condenó el reporte de la primera investigación de la Corte.”
Hasta aquí la tercera cita.
Ayer, cuando el periodista Enrique Núñez publicó en su columna Contracara algunos fragmentos del reporte psicológico –la Sicología es el Tratado de los higos, señor Ramírez-, hizo la siguiente puntualización: “Cabe señalar que en Intolerancia decidimos ser respetuosos de la vida privada de la señora Cacho, por lo cual omitimos publicar algunas frases relacionadas con su familia, su niñez y otros aspectos que deben quedar en la privacidad.”
Carlos Ramírez no tuvo empacho en publicar detalles que dañan evidentemente a la periodista.
Urgido de elementos para cumplir su tarea y ayudarle al gobernador Marín, nuestro periodista de La Crisis culmina sus comentarios: “Y la conclusión del reporte de un perito en electrónica convocado por la PGR también podría invalidar legalmente la grabación como una prueba de valor legal. El reporte del especialista Michael Kasis Petraki, perito en audio y video, tiene fecha del 27 de noviembre del 2006. Y sus conclusiones señalan que la grabación presenta cortes y por tanto indicios de posible edición. Por ese sólo hecho técnicamente la grabación carecería de elementos legales para ser usados.
“El reporte de Kasis señala que ‘dentro de la grabación entre Mario Marín Torres y el señor Kamel Nacif Borge se encuentran tres cortes de grabación, lo que podría suponer que sí se pudo realizar una edición en alguno de los cortes correspondientes a los diálogos’.
“Lo grave de la conclusión del experto Kasis es que puso en evidencia la prisa de la Suprema Corte al tomar como eje de la investigación precisamente las grabaciones, a pesar, por otro lado, de que se trataba de grabaciones ilegales y por tanto señaladas como carentes de valor probatorio por la Constitución. A pesar de ello, la Corte ordenó una investigación por encima de los derechos garantizados por la Constitución.
“Los dos reportes a la PGR -el sicológico de Lidia Cacho y el técnico de Michael Kasis Petraki- podrían dibujar la hipótesis de que hubo motivos políticos y no jurídicos en la investigación contra el gobernador poblano. Lo malo fue que la persecución contra Marín dejó al margen lo que era el punto más importante del caso: la investigación por autoridades judiciales y jurídicas del problema de la pederastia. Al final, todo se centró en el gobernador Marín y poco o nada se ha hecho para ir al trasfondo: la red de tráfico sexual de menores. Lo político desvió la atención.
“La que se quedó atrapada en los enredos políticos fue la Corte: primero, porque legalizó el uso de grabaciones ilegales a pesar de estar prohibidas por la Constitución; y segundo, porque la Corte atendió los reclamos personales de la quejosa sin esperar los reportes sicológicos para determinar si había realmente delito que perseguir o si se trataba, como fue, de lo que concluyó la investigación sicológica: que Lidia Cacho ‘es insegura, temerosa, le gusta obtener reconocimiento y ser centro de los acontecimientos, con un deseo de sobresalir’.”
Uf.
Me quedo con el recuerdo de una entrevista que el reportero Héctor Hugo Cruz Salazar le hizo a Carlos Ramírez durante el segundo informe de gobierno de Mario Marín Torres:
“-¿Es su amigo el gobernador Marín?
“-Sí. Es mi amigo. Yo soy amigo de todos los gobernadores que quieren ser mis amigos”.
La duda mata: ¿Cómo le tiene que hacer un gobernador para que Carlos Ramírez lo considere su amigo?

 

+++Y mientras eso ocurre en los lavaderos del periodismo, el lunes en la noche -en la vida real-  en el programa de Eugenio Derbez llamado La Familia Peluche –horario triple a, en Televisa, con millones de espectadores pegados a la caja idiota-, uno de los personajes del clan bautizó a su perro como “El Góber Precioso”.
¿No tendría que operar desde ya Javier Sánchez Galicia?
¿O dejará que lo haga Ramírez?
¿O Bustillos?
¿O Lerma Candelaria?
¿O Salomón Cámara?
¿O Pepe Martínez?


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