La Exoneración de Marín.
Todo parece estar listo.
Y esta vez, se dice, no habrá marcha atrás.
Es cuestión de días, juran los que saben de esto, para que el gobernador Mario Marín Torres sea exonerado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación por el asunto relacionado con la periodista Lydia Cacho.
(Tantas veces hemos leído en la prensa poblana este tipo de comentarios que hay más dudas que certezas en el ambiente).
Lo cierto es que Marín Torres aprendió que para que las cosas funcionen hay que operarlas de manera directa.
Y eso fue lo que hizo.
En efecto: esta vez fue el propio gobernador el que tomó al toro por los cuernos y cabildeó directamente con quien tenía que cabildear, no como ocurrió en el proceso anterior, cuando su operador fue Ricardo Velázquez, consejero jurídico del gobierno estatal.
Esta vez, repito, fue el propio Marín el que viajó a la ciudad de México las veces que fueron necesarias para convencer a los ministros de la Corte de que en ningún momento utilizó todo la fuerza del estado para encarcelar a la escritora y periodista.
Por lo pronto, dicen las fuentes consultadas, Marín sería exonerado en algunas semanas, luego de que la Suprema termine por ventilar el enredo denominado Ley Televisa.
Otras fuentes consultadas refirieron que el dictamen de la Corte sí podría afectar a personajes ligados a la Procuraduría General de Justicia y al Tribunal Superior.
De confirmarse esta versión, Marín podría, ahora sí, relanzar su gobierno en un año coyuntural, justo cuando se define el futuro político inmediato de Puebla a través de unos comicios seriamente competidos.
Viva el Aburrimiento Democrático (Vivan los Tlaxcaltecas).
A propósito de las recientes elecciones intermedias en España, dice la escritora y periodista Rosa Montero en las páginas del diario El País: “Qué país tan intenso, maldita sea. Es como si viviéramos en una especie de perpetuo estado de excepción político y social. Tanta efervescencia nos tiene agotados: según encuestas, a tres de cada cuatro españoles no les interesa nada la política. La verdad, yo envidio el tedio administrativo de los suizos, por ejemplo. ¡Abajo la intensidad y viva el aburrimiento democrático”.
Traslademos ese análisis a Puebla:
“Qué estado tan intenso, maldita sea. Es como si viviéramos en una especie de perpetuo estado de excepción político y social. Tanta efervescencia nos tiene agotados: según encuestas, a tres de cada cuatro poblanos no les interesa nada la política. La verdad, yo envidio el tedio administrativo de los tlaxcaltecas, por ejemplo. ¡Abajo la intensidad y viva el aburrimiento democrático”.
Y es que así nos ven desde fuera y así nos vemos desde dentro.
El Escándalo Marín-Cacho no sólo tocó al gobernador del estado, sino a la sociedad entera.
No somos los mismos desde entonces.
Algo en nosotros se movió para siempre.
Ese escándalo puso a prueba a las instituciones, a los medios de comunicación y a los ciudadanos.
Nos enseñó que el poder puede ser frágil, que los medios pueden ser vulnerables y que los ciudadanos pueden, cómo no, hastiarse.
A partir del 14 de febrero de 2006, Puebla se volvió un estado intenso, metido en un “perpetuo estado de excepción político y social”.
Hay demasiada efervescencia en el ambiente y todo eso, a casi dieciséis meses de iniciado el conflicto, tiene a los ciudadanos prácticamente agotados.
No sé qué tanto reflejen esa situación las encuestas.
Sí sé que el tema ha venido a menos, aunque hay operadores del propio gobernador Marín que insisten en regresar a él y hacerlo vigente de nuevo.
(La semana pasada el caso Marín-Cacho volvió a las notas principales de los diarios poblanos y hasta la procuradora Villeda llenó de injurias a la periodista).
Parafraseando a Rosa Montero:
Yo envidio el tedio administrativo de los tlaxcaltecas.
¡Abajo la intensidad y viva el aburrimiento democrático!
Lo que Dijo José el Soñador . Tenía que suceder.
José Martínez M., autor de Prensa Negra, terminó por doblarse.
En su columna de ayer, publicada en la página de internet del diario Síntesis, evidenció su estado de ánimo.
Y es que nunca, que yo recuerde, un libro –en vías de su presentación- había sido tan ridiculizado y exhibido como Prensa Negra.
Pero leamos a nuestro autor.
Por él nos enteramos que el mismísimo René Avilés Fabila, corresponsable como editor de las calumnias y “mentiras imaginarias” de Martínez, vendrán a Puebla a presentar el libro.
Y más: que el declamador Carlos Bracho, cuyo mayor éxito telenovelero fue María Isabel –de Yolanda Vargas Dulché- también acudirá para proteger al amanuense de Armando Prida.
Fiel a sus obsesiones, Martínez vuelve a definirse a sí mismo al pretender definirme, aunque lo extraño es que en su columna de Síntesis ya no se atreve a mencionar mi nombre: “El libro centra su interés en los vacíos legales que facilitan actuar con impunidad a quienes amparados en sus corchetes de ‘periodistas’ se erigen en jueces recurriendo a infundios, calumnias, ataques verbales y una catarata de ofensas como sus principales ‘argumentos’. Algunas voces ya se han dejado escuchar al ver afectados sus intereses”.
Y no dice más.
¿Dónde quedó el valiente de Prensa Negra?
¿Dónde quedaron las agallas?
Y es que el autor de la columna citada se convirtió en un flan.
Y eso se nota hasta en su prosa (temblorosa), en su redacción, en los acentos que pone de más, en las comas que termina por tragarse: “Agradezco especialmente a mi amigo René Avilés Fábila (sic) por su apoyo decidido lo mismo (sic) que a Don (sic) Armando Prida con quien comparto desde hace 15 años la aventura de participar en Síntesis”.
(Y yo aquí me pregunto: ¿cómo fue que el muy inteligente Rogelio Carvajal Dávila, presidente y director general de la editorial Océano –y coautor con el quintacolumnista de un libro de poemas publicado por la UNAM en 1977- tuvo a bien publicarle a este personaje dos biografías plagadas de mala prosa?).
Metido en sus miedos por los excesos cometidos en Prensa Negra, el autor busca escaparse del infierno en el que se metió.
Y aclara con su balbuciente redacción: “Se ha especulado que el libro Prensa Negra está destinado a denostar a uno de los reporteros más polémicos de Puebla, nada más falso, es simplemente tomado como ‘estudio de caso’, pues los alcances del libro están mucho más lejos de lo que su caterva de fascinerosos supone.
”En realidad el capítulo referente a quienes se sienten aludidos (¿?) corresponde a un simple retrato que se han hecho de si (sic) mismos un grupo de reporteros que en más de una ocasión sacaron (sic) a relucir sus corruptelas.
”Se trata de una recopilación de textos de cómo se ven a si mismos estos ‘periodistas’ que terminaron atrapados en su misma trampa. Es tan estrecha su visión que no alcanza a ver más allá de su ombligo y confunden (sic) simplemente Fenicia con Atenas.
”Acostumbrados a denostar y calumniar con toda impunidad, llegando al más vil de los chantajes, ahora que se ven retratados en el drenaje de la prensa de las alcantarillas reculan y recurren a las ofensas para descalificar a quien simplemente los exhibe como lo que son”.
¿Entendió el lector?
La verdad es que yo no.
Ahora resulta que los señalamientos que me hace de asesino y pederasta sólo existieron en mi imaginación y que el resto de las imputaciones, cargadas de ligereza, no es más que “un simple retrato que se han hecho de si (sic) mismos un grupo de reporteros”.
Algo es claro: Martínez ya no sabe cómo salir del problema en el que se metió.
Y eso se nota en su prosa tambaleante y puntuación insegura. Nos vemos el viernes en Profética.
+++Por cierto: gracias a don Alejandro C. Manjarrez, columnista de Síntesis, por la lección de honor que dio ayer al corregirle la plana a José Martínez.
Y es que lo hizo quedar como el mentiroso que es.
¿Cuántos ridículos más estará dispuesto a aguantar el autor de Prensa Negra?
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