LUXUS
Al conocer la noticia de la donación de 40 equipos de tecnología de punta por parte de la fundación “Gonzalo Río” para reforzar y mejorar la calidad de los servicios que se ofrecen en los hospitales del Niño Poblano y de la Mujer, uno sencillamente se pone de pié ante la envergadura de la donación.
Y es que quienes carecen de acceso a la medicina institucional hoy podrán tener la seguridad de que recibirán atención médica y hospitalaria en estos dos lugares, a la altura de la que se ofrece en los principales centros hospitalarios del país.
Esto fortalecerá el prestigio de la calidad de la medicina que se practica en Puebla, tanto en las instituciones sociales como en las privadas en la que también se ha generalizado una buena competencia.
Recibir un donativo de millones de pesos en este equipo entregado por la fundación Gonzalo Río permite también un paseo por el álbum de los recuerdos para los poblanos con más de cinco décadas de vida.
Hace medio siglo don Gonzalo Río comenzó a amasar una fortuna dentro de la industria del dulce.
Por muchos años dio el mejor sabor del dulce fino a las familias poblanas que semana a semana no fallaban al mostrador de su dulcería para saborear los mejores productos, los mejores chocolates.
Eran los favoritos.
Los enamorados conquistaban con una buena selección de chocolates Luxus.
A una visita se llegaba con una caja de chocolates Luxus, al igual que para disfrutar de una buena sobremesa.
Total, que todas las familias de Puebla compraban los famosos chocolates de don Gonzalo Río, que en esa época se llevaban en cajas a la Ciudad de México cuando se quería halagar a una persona.
Mientras tanto aquí en la ciudad de Puebla Luxus se disputaba el mercado con la firma Larín de don Manuel Olivares, que en sus tres tiendas concentraba también los mejores pedidos de dulces y chocolates de las familias poblanas.
Esto mientras se comenzaba a diseñar un nuevo orden económico en el mundo, que un día llegaría a acabar con las empresas productoras de dulces locales, para dar paso a los monstruos trasnacionales en una autopista en la que más tarde aparecerían los temibles tigres asiáticos que aspiran a quedarse con el mercado del mundo.
Pero volviendo a la línea de dulces y chocolates Luxus, para muchos todavía quedan en sus recuerdos el sabor de la famosa tablilla del chocolate “La Vaquita” que se anunciaba como el chocolate de leche, que con apenas 30 centavos, era el favorito sobretodo de quienes recibían un peso para gastar en la escuela.
Hoy, producto de esa industria del dulce y el chocolate, la fundación Gonzalo Río bien dirigida, bien administrada, tiene posibilidades de apoyar a instituciones como el Hospital del Niño Poblano y el Hospital de la Mujer para hacer efectivo el derecho a la salud de muchas personas que no tienen acceso al Seguro Social, al Issste o el Issstep y carecen de la capacidad económica para someterse a la atención médica.
Y honor a quien honor merece.
Al senador Rafael Moreno Valle Rosas, que aprovechó sus nexos familiares, de su abuelo y su padre, los cuales forman parte del patronato de la fundación Gonzalo Río que no titubeó en sacar adelante un proyecto de apoyo al sector salud de Puebla, con el que se beneficiará a miles de personas.
Si hoy ya no disfrutamos de esos chocolates, por lo menos disfrutemos del apoyo que con los dividendos de estos dulces obtiene Puebla, entidad que desde el sexenio anterior ya se había visto beneficiada por la misma fundación con otros equipos de tecnología médica para el Hospital General.
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