PERITAJE PARA PRINCIPIANTES
Reza el dicho: “No me molesta que me quieran ver la cara de pendejo, lo que me molesta es que piensen que realmente la tengo...”
La anterior frase viene a colación, dado lo más reciente que se ha dado a conocer en torno al espinoso tema de Lidia Cacho y las reacciones que trajo consigo.
Ahora resulta que La Caperucita se convirtió en el Lobo feroz y viceversa, que Lidia Cacho pasó de ser víctima a victimaria y que Mario Marín es presa de un macabro plan de la macabra periodista. ¡Por favor! Y lo peor de todo es que mucha gente se lo cree.
Vayamos por partes.
Para nadie es un secreto que el asunto del maringate es un asunto político más que jurídico, así fue desde que surgió, así es ahora y así seguirá siendo. Para nadie es un secreto tampoco que Calderón tuvo en sus manos la posibilidad de (cumplir su promesa y) separar del cargo al gobernador Marín, pero que le pareció más conveniente en términos de rentabilidad política, mantenerlo vivo para tenerlo condicionado y totalmente sujetado a las indicaciones de Los Pinos (si no, pa´ fuera).
Por su parte, Lidia Cacho fue una de las grandes beneficiadas de todo el embrollo, obtuvo fama, credibilidad y mucho dinero gracias a las reediciones de su libro “Los Demonios del Edén” y a la publicación de su primera novela (por cierto nefasta) que sacó a la venta meses después de armado todo el escándalo; una publicación sencilla, sin contenido literario extraordinario, con un lenguaje simplista, con una historia trillada y que en la portada lo que más resaltaba era el nombre de la autora LIDIA CACHO más que el título de la obra. Sobra decir, que todo esto no hubiera sido posible de no ser por la fama generada a raíz del escándalo con el gobernador poblano, que le permitió salir del anonimato y proyectarse durante semanas enteras en los primeros planos de los reflectores nacionales.
Hasta ahí (y solamente hasta ahí) puede concederse el hecho de que el gobierno del estado haya sido la víctima, no como pretende hacerse ver, fue en efecto víctima si consideramos todo el uso del aparato federal (de inteligencia, mediático, etc.) que se empleo para desprestigiar la imagen de Marín, ahora bien, dicho desprestigio no surgió de la nada, ni porque un buen día una mente perversa se despertó pensando en cómo mancillar la pulcra carrera de Mario Marín, NO, fue producto de dar a conocer la relación de amistad y complicidad entre Mario Marín y Kamel Nacif, evidenciada a través de una llamada telefónica entre ambos.
La llamada –por todos conocida- sobra decir que existió. Pretender negarlo es insultar a la inteligencia de todos, de ahí que haya surgido la idea (estúpida también) de decir que estuvo alterada, que fue producto de varias conversaciones en que las palabras del gobernador y del textilero fueron cortadas y pegadas para dar como resultado la que todos conocemos, es decir, según esta (estúpida) versión, hubo una llamada en la que el gobernador dijo: “pues ya ayer le terminé de dar” otra en la que dijo: “un pinche coscorrón”, otra en la que dijo: “a esta vieja cabrona”, otra en la que dijo: “no somos unos santos verdad?” y así sucesivamente hasta poder armar la tristemente célebre llamada. ¿Usted se las cree? Yo no.
Ahora bien, el principal argumento de Ricardo Velásquez es que la llamada está editada, e incluso lo refuerza citando el peritaje de Michael Kasis Petraki (recientemente dado a conocer) en el cual afirma que la grabación presenta 3 cortes. Al respecto es necesario hacer las siguientes puntualizaciones:
PRIMERO.- No es lo mismo una conversación “editada” que una “alterada”, y en ello radica la confusión que quieren generar, me explico: Según el peritaje del señor Kasis, la grabación presenta 3 cortes, lo cual quiere decir que de la grabación original se suprimieron 3 fragmentos, no que se agregaron otros, es decir, supongamos que la grabación completa duraba 5 minutos, con los 3 cortes que detectó el perito Kasis, la grabación que nos mostraron a los ciudadanos comunes y corrientes en los noticieros quedó solo de 1 minuto, dicho de otra manera, para poner un ejemplo, quizá en la grabación completa hablaban de comer juntos, o de la próxima visita a Puebla de Kamel, o de algún otro tema intrascendente que quien “EDITÓ” la conversación decidió cortar por no tener nada de interés.
SEGUNDO.- En su declaración ante la PGR el perito Kasis señaló lo siguiente: “Dentro de la conversación entre Mario Marín Torres y el señor Kamel Nacif Borge se encuentran tres cortes de grabación, lo que podría suponer que sí se pudo realizar una edición en alguno de los cortes correspondiendo a los diálogos”.
¿Leyó la parte subrayada? Después de más de un año de estar estudiando la grabación, y con toda la tecnología de punta con la que cuenta el perito Kasis, ¿lo único que pudo determinar es que de los tres cortes que tiene la grabación, se podría suponer que se pudo realizar una edición (alteración)? ¿No cree que un perito de las características de Kasis podría –a estas alturas- precisar con exactitud qué parte corresponde a la grabación original, qué parte no, y qué parte es insertada? ¿Porqué no lo ha hecho? La respuesta es simple: porque no hay tal. Lo único en que consistió al “edición” –repito- fue en cortar (3) partes de la conversación que eran irrelevantes para el fin que se buscaba: evidenciar que el gobernador de Puebla ayudó a Kamel Nacif a “sacarse una piedrita del zapato”.
Ahora bien, resulta evidente la nueva estrategia implementada por el Gobierno del Estado para –según ellos- sepultar de una vez por todas el tema del lidiagate.¿Porqué ahora? Porque sienten que en este momento las circunstancias por fin les favorecen. Nada más falso. Las esperanzas marinistas, así como su buen ánimo se basan en dos peritajes irrelevantes para el desarrollo legal del proceso, y digo irrelevantes porque ninguno de ellos altera en nada el fondo real del asunto: los excesos en la detención y posterior traslado de la periodista y el tráfico de influencias por parte de las autoridades de Puebla (Mario Marín, Pacheco Pulido, etc) para beneficiar a un particular (Kamel Nacif).
Me explico: El hecho que el dictamen (solicitado por la PGR) para determinar el perfil psicológico de Lidia Cacho, haya arrojado, lo que haya arrojado, no quiere decir que no hubo excesos e irregularidades en su detención, o para ponerlo más claro: ¿porqué fregados tienen que ir unos agentes judiciales del Estado de Puebla a Quintana Roo a detener a una periodista acusada (que no sentenciada) por el delito de difamación? El hecho de decir que hubo irregularidades en la detención no quiere decir que la torturaron en el trayecto de Quintana Roo a Puebla, simplemente que se aplicó la “justicia” de manera desigual en perjuicio de la periodista.
Ahora bien, el dictamen en mención es únicamente para determinar el perfil psicológico de la periodista, mas no es un detector de mentiras, por lo tanto no es ni “demoledor” como por ahí escribió un columnista barato ni “se viene abajo todo” como declaró el ejecutivo ayer.
La realidad es que las cosas siguen igual de complicadas para la causa marinista, si sus colaboradores, ayudantes, asesores, columnistas y demás, pretenden venderle estos puntos como el fin de la batalla, están muy equivocados, finalmente, la resolución final está ya en manos de la SCJN (no de la PGR) y serán los magistrados los que determinen si el gobernador poblano (como titular del gobierno) es responsable de las acciones irregulares en contra de la periodista.
Por lo que respecta a Lidia Cacho, me queda claro que fue la gran beneficiada de todo el borlote y que es la más interesada en que el fuego no se apague. Me queda claro también que al darse cuenta del monstruo que había creado (y los beneficios que le trajo) exageró las cosas para seguir ganando adeptos. Yo no sé si Lidia Cacho realmente sea lo que representa en cuanto la defensa de los niños y niñas maltratadas (muy probablemente no), pero de eso, a que haya sido parte del “complot” que le armaron al gobernador es muy distinto.
Lo cierto es que el desprestigio del gobierno del estado no es algo que se borre con agua y jabón, mucho menos con un par de columnas amañadas que pretenden confundir (que no necesariamente engañar) a la opinión pública mediante argumentos inflados; la sociedad poblana tiene su opinión acerca de los hechos y lo ve día con día. Es evidente la sumisión de los poderes legislativo y judicial ante el gran ejecutivo: ¿porqué entonces los diputados (priístas), los jueces y magistrados tienen en sus oficinas la imagen (oficial) del gobernador Marín?
La sociedad no es estúpida (aunque así lo pretendan hacer ver), por más que se diga y por más que se haga, la gente sabe que la llamada fue real, que el gobernador apoyó a su amigo empresario, que el gobierno federal los espió y lo hizo público para desacreditar a un gobierno priísta y que la periodista vio una oportunidad de oro en todo esto y lo aprovechó.... así de fácil y así de sencillo, lo demás son puros cuentos.
> Columnas anteriores
|