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Gabriel Sánchez Andraca

 

 


 


El escándalo Cacho-Marín, está por terminar
Ayer, en su columna Tiempo de Nigromante, nuestro compañero Arturo Rueda, afirma que Jorge Carpizo, en el Foro de Derecho Procesal Constitucional de la UNAM, criticó acremente la resolución de la Suprema Corte de investigar a Mario Marín, gobernador de Puebla, por la presunta violación a las garantías de Lydia Cacho. «La facultad del 97 constitucional es muy clara al señalar que debe usarse en casos graves, es decir, violaciones a un grupo, a una totalidad....En el caso de Cacho la Corte se extralimitó al usarla en la violación a una sola persona».
Dice Rueda que junto a Jorge Carpizo, ex Procurador, ex presidente de la Comisión de Derechos Humanos, ex secretario de Gobernación y ex rector de la UNAM, estuvo el ministro José Ramón Cossío, quien en todo momento, asintió a lo dicho por Carpizo.
Pero no solo se extralimitó la Corte, se extralimitaron los medio de difusión, principalmente los electrónicos y algunos impresos, al hacer un escándalo que puso en peligro la estabilidad de una entidad federativa de la república, como es Puebla y se extralimitaron los grupos de extrema derecha incrustados en el gobierno federal, que aprovecharon las extralimitaciones ya comentadas, para hacer un juego político que beneficiara al partido que representa a esa corriente, a Acción Nacional.
Se extralimitaron los partidos políticos como el PAN y el PRD y los mismos políticos de esos partidos, que mostraron claramente su total falta de profesionalismo, al unirse al coro de la condena, solo para hacer escándalo, solo para aparecer en los medios y llevar agua a su molino.

 


LO DIJIMOS AQUI DESDE EL PRINCIPIO
Desde que el problema se inició, le comentamos aquí que la intención de la ultraderecha panista, era la de desprestigiar a los gobiernos de los estados que más votos aportan para el PRI, como son el Estado de México, Puebla, Veracruz y Oaxaca, asi como desprestigiar a los gobiernos de los estados perredistas, como Michoacán y Guerrero. El objetivo era claro, estaban en puerta las elecciones presidenciales y bajarles la votación al PRI y al PRD en los estados donde más fuerza tenían, beneficiaba a Acción Nacional.
Se publicó en CAMBIO una nota firmada por Mario Alberto Mejía, en la que se informaba que tres destacados perredistas, habían estado en Los Pinos para recibir instrucciones y dinero de Ramón Muñoz, un alto dirigente del Yunque, ahora oscuro senador de la república, para hacer abortar el desfile del 5 de mayo del 2006.
No prosperó la sucia maniobra de la derecha y de sus aliados de la supuesta izquierda, porque éstos últimos, corruptos de segunda o tercera clase, solo «movilizaron» a menos de cien personas y la policía, ya alertada, tomó el control de la situación sin aspavientos. El dinero recibido para estallar el escándalo, ya no fue devuelto.
Refiriéndose a las afirmaciones hechas por Jorge Carpizo, con el asentimiento del ministro José Ramón Cossío, Rueda afirma: «Para quienes lo atestiguamos, el mensaje fue muy claro: la Suprema Corte de Justicia exonerará a Mario Marín».
Y luego agrega: «El escándalo Cacho se acabó».

 


LA INSENSIBILIDAD Y LA SOBERBIA, AYUDARON
Pero también hay que decirlo, el grupo que recien había llegado al gobierno estatal, tuvo en sus inicios, sobre todo en funcionarios de segundo y tercer nivel, un comportamiento que permitió que la campaña mediática contra el gobernador prendiera.
Cientos de empleados estatales fueron «renunciados» en las primeras semanas del gobierno actual, provocando el enojo de miles de ciudadanos, hombres y mujeres, que de la noche a la mañana tenían a familiares y amigos, sin trabajo y sin saber qué hacer, a quien recurrir.
Otros miles de empleados estatales, empezaron a sentirse inseguros. No sabían en qué momento les pedirían que vaciaran sus escritorios para que los ocuparan quienes los sustituirían.
La soberbia con la que algunos funcionarios trataban a su personal, hizo el resto.
Por eso tuvo éxito la manifestación convocada por la derecha y a la que increíblemente se unió la izquierda.
Pero entre los mismos priístas había descontento, pues la mayor parte de ellos eran relegados, si el grupo en el poder no les daba el visto bueno.
Como reporteros hemos trabajado muchos años la fuente política y hemos visto muchos cambios de gobierno, desde Fausto M. Ortega hasta la fecha y podemos afirmar, que nunca habíamos palpado tanta inseguridad, tanto resentimiento, tanto enojo de priístas contra los funcionarios de un gobierno de su propio partido, como el que entonces percibímos.
Lo peor del caso, era que nadie parecía darse cuenta de ese problema. Tuvo que ser el propio gobernador Mario Marín, quien después de unas semanas de aparente receso, durante lo más duro del problema, salió a enfrentar la situación y se puso trabajar con mayor ahínco y con una actitud, natural en él, de humildad.
Ha logrado lo que parecía imposible: recobrar el afecto de la gente, principalmente de la más humilde, por su trato humanitario, por su identificación con las clases populares y por su trabajo incansable en favor de ellos.
Su esposa, doña Margarita García de Marín, ha sido para él un apoyo invaluable. El éxito alcanzado con la Casa del Abue, ha taspasado las fronteras y por eso Puebla fue sede de una reunión panamericana de médicos gerontólogos y geriatras en fecha reciente.
El gobernador tendrá que hacer algunos ajustes en su gabinete, sobre todo en esta época electoral y si sigue trabajando como lo está haciendo, seguro que el episodio Lydia Cacho, pronto, muy pronto, será solo un mal recuerdo.

 

 

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