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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

artrueda@laquintacolumna.com.mx


 

 

Madrazo: autobiografía de la derrota

 

Pobre Roberto Madrazo. Él, que fue uno de los grandes villanos de los últimos tiempos, se redujo a sí mismo a una caricatura lacrimosa que ha debido refugiarse en la literatura para expiar sus culpas y destilar el rencor contra aquellos que considera lo traicionaron en la elección presidencial del 2006.

Pobrecito. Es tanta la lástima que provoca que seré uno de los primeros en comprar su libro para morirme de la risa con sus revelaciones cobardes. Todo a caballo pasado. Ex post, a destiempo. Pero lo más irónico de todo es que haya escogido La traición como título a su autobiografía de la derrota. Él, conocido como el político traicionero por excelencia. Un slogan lo acompañará en el basurero de la historia: “¿Tú le crees a Roberto Madrazo? Yo tampoco”. La publicidad negativa que lo enterró. La última daga de Elba Esther Gordillo.

 

Escribir la larga historia de traiciones de Roberto Madrazo requeriría un tomo del mismo grosor del libro que circulará a partir de esta semana. Pero hay dos poblanos que al respecto podrían contar mucho al respecto. El primero es Melquíades Morales. El segundo es Mario Marín, de quien desde hoy se hacen apuestas sobre si será incluido en el libro como uno de los gobernadores que traicionaron al tabasqueño. Muchos dicen que así será. La duda pronto será revelada.

 

Melquíades Morales fue uno de los engañados por el tabasqueño. Si alguien lo ha olvidado, al ex gobernador le prometió la dirigencia nacional del PRI para cuando él se fuera como candidato presidencial. Incluso fue la zanahoria con la que lo convenció para que designara a Mario Marín como candidato tricolor a la gubernatura. La dirigencia nacional, por supuesto, nunca llegó. Ni la secretaría general. Ni la incorporación al Comité Ejecutivo Nacional. Tampoco la senaduría plurinominal. Apenas la senaduría de mayoría, en la que lo expuso a la derrota que manchó su brillante historial de victorias. Melquíades Morales no le debe nada a Roberto Madrazo.

 

El caso de Marín es paradigmático. Todo Puebla sabe que el gobernador le debe su candidatura a la intervención del entonces dirigente nacional. En correspondencia, Marín le prometió al tabasqueño un alud de votos en el 2006 y que Puebla sería el bastión de su victoria en la elección presidencial. Entre las buenas intenciones se cruzó el escándalo Cacho y todo se vino abajo.

 

Cuando Madrazo vino a Puebla a finales de marzo, en plena campaña presidencial, la relación ya era gélida. Así lo narramos en este espacio:

 

“Madrazo visita hoy Puebla justo en medio del vendaval provocado por el Kamelgate. Y lo hace en circunstancias totalmente diferentes a las de enero pasado. El primer contraste es su deteriorada relación con Mario Marín. Una relación antes fraterna y hoy glacial, gélida. El tabasqueño responsabiliza a Marín de su caída en las encuestas. Entre los talibanes del madracismo existe la certeza de que el poblano puso el último clavo del ataúd priísta con su renuncia a pedir licencia. Precisamente, Marín guarda en lo más oscuro de su corazón un resentimiento contra el tabasqueño. No lo perdona por haberlo conminado a renunciar en el célebre encuentro entre Madrazo y los gobernadores.

 

“Tal y como lo narró Salvador García Soto en su columna Serpientes y Escaleras, Madrazo le pidió a Marín que solicitara licencia a su cargo para que el escándalo no afectara la campaña presidencial. Le planteó varias hipótesis, como la posibilidad de nombrar a su interino e incluso la eventualidad de regresar al gobierno en septiembre, dependiendo del resultado de los comicios. Marín se negó y fue rescatado por los demás mandatarios priístas que se negaron a entregar su cabeza. La renuncia nunca llegó y Marín sigue al frente del gobierno estatal. Pero no olvida. Ni perdona. Y entre el tabasqueño y el poblano existe una factura que más tarde o más temprano se habrá de pagar”.

 

Una nueva gira, esta vez a finales de abril, confirmó los peores augurios de ruptura entre ambos. Mejía y yo entrevistamos a Madrazo en La quintacolumna radio y cuestionamos su relación con Marín. Respondió que hablaría con el gobernador “las veces que sea necesario de asuntos políticos”. A contrario sensu, no quedó otra interpretación de la frase más que el deslinde. Que la relación personal se había acabado.

 

Después vino el desenlace. Roberto Madrazo fue arrasado a nivel nacional y también en Puebla. Con él arrastró a doce candidatos a diputados federales y a Mario Montero. El PRI quedó en tercer lugar y del millón de votos prometidos apenas juntaron 650 mil. El fracaso. Días antes de la elección ya se especulaba de un pacto del gobernador con Manuel Espino. Las pruebas nunca llegaron pero la mancha quedó.

 

Hoy, en su autobiografía de la derrota, Madrazo se lanza contra los gobernadores priístas y los acusa de traición. Señala en específico a Enrique Peña Nieto y Natividad González Parás de promover el desplegado de reconocimiento al triunfo de Calderón. Pobrecito Madrazo. ¿A poco nunca se dio cuenta que a ellos les convenía más el triunfo de Calderón o López Obrador que el candidato presidencial de su partido? ¿Qué su política de traiciones y homicidios políticos despertó el miedo en sus mismos correligionarios? ¿Si así era Madrazo sin poder, cómo hubiera sido con poder?

 

La traición de los gobernadores era previsible y más que visible después del violento final de la contienda interna por la candidatura. Así lo escribí a finales de noviembre del 2005:

 

“Una duda comienza a atacar a los 17 gobernadores priístas: ¿les conviene que Roberto Madrazo triunfe en la elección presidencial? Aunque en un principio apostaron por la restauración de la República priísta, hoy se dan cuenta que probablemente no les conviene, ya que, ¿qué eran los gobernadores priístas con un presidente priísta? Simples virreyes sometidos al poder central y administradores siempre en riesgo de caer de la gracia del todopoderoso.


“¿Qué son los gobernadores priístas después del 2000? Reyes chiquitos, pero ejes fundamentales del sistema político y grandes electores de su propia sucesión. ¿Parece poco? El presupuesto de las entidades creció exponencialmente con el gobierno del cambio, mucho más dinero del que recibían de sus amigos presidentes priístas. ¿Les conviene regresar al pasado a ser nuevamente virreyes? “¿Al yugo al que estaban permanentes sometidos? ¿A perder el privilegio de designar a su sucesor? Por supuesto que no”.

 

No cabe duda. El que a hierro mata, a hierro muere. Madrazo, el rey de las traiciones, al final fue traicionado por todos, y hoy, en su soledad, con su libro ha lanzado una bomba de proporciones imprevisibles para el tricolor. ¿Qué responderán los señalados? Como buenos Judas, desde ayer Emilio Gamboa y Natividad rechazaron las imputaciones. Pero la historia no culminará ahí porque son muchos los implicados.

 

Regreso a la pregunta original: ¿y si Madrazo incluyó a Marín en su libro? ¿Qué ocurrirá? Restan horas para el desenlace.

 

*** Ludivino, inocente. Ya se sabe que la trama de los aviadores en Seguridad Pública Municipal fue organizada por dos actores fundamentales: Humberto Vázquez Arroyo y Héctor Guerra Montiel, quienes resienten el cambio de estilo impulsado por Ludivino a la hora de combatir a los agentes viales corruptos. No cabe duda que la dirigencia municipal no le quitó a Humberto los aires de Poncharelo.

 

 

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