¿La paz definitiva Marín-Doger?
Quienes lo ven, no pueden creer la recomposición que ha tenido la relación entre Mario Marín y Enrique Doger. Después de más de dos años entre dimes y diretes, un compromiso político les ha permitido renovar la confianza al punto de que –como muchos piensan- ya no tendría que hablarse de la tregua, sino más bien de una paz duradera. Tal y como se concebía originalmente, el acuerdo del gobernador y el alcalde se limitaría a un mero pacto político en beneficio del tricolor rumbo a las elecciones de noviembre.
Pero ahora parece ir más allá. Quienes los han visto de cerca juran y perjuran que renace la amistad auténtica que mantuvieron cuando Doger era rector y Marín alcalde, fracturada en la sucesión de Melquíades Morales. Y es que amistad, sin confianza, no puede existir.
A pesar de esta recomposición, al interior del dogerismo y del marinismo existen agoreros del desastre. “Está jugando contigo y después te va a acabar”, susurran al oído de Doger. “Te traicionará otra vez; está en su naturaleza” le aseguran a Marín. Se trata de todos aquellos que lucraron con el rompimiento de los principales capitales políticos del tricolor. Insidiosos al mejor estilo de Yago, el alférez que llevó a Otelo a la perdición con sus perversos consejos. Aquellos que se posicionaron políticamente ante los ojos del gobernador alimentando la hoguera de la desconfianza. Aquellos que se elevaron ante el alcalde a coste de tergiversar información.
Y es que de ambos lados existen interesados en romper la tregua. Lo hacen pensando en sus propios intereses y no en los de sus jefes. Quizá el germen de la insidia brota con mayor facilidad del lado del marinismo. Muy natural: remarcar las diferencias de estilo entre el gobernador y el alcalde es la forma más sencilla de alejar del juego político a Enrique Doger y monopolizar la atención y la confianza de Marín. Acusarlo de desleal e insubordinado es la forma más eficaz de remarcar la lealtad y sumisión del insidioso. Un lucro perverso que sólo operó en contra del tricolor.
A pesar de los apologistas de la guerra entre ambos grupos, la confianza gana terreno entre Marín y Doger basados en hechos muy concretos. De algunos de ellos todos hemos sido testigos, pero sin duda también hay acuerdos que sólo conocen ambos y sin duda, también han sido cumplidos. Entre los primeros podemos señalar el paquete de obras conjuntas para la capital por 350 millones de pesos y la negociación de un crédito para paliar la falta de recursos en el ayuntamiento. También la actitud más prudente de Doger y su apoyo decidido para que el PRI retenga el control del Congreso del Estado.
El testimonio gráfico de cuenta de esta nueva relación. Si antes las fotografías en actos oficiales los mostraban distantes y fríos, hoy los muestra animosos y casi en franco compadrazgo, como en las instantáneas de ambos durante el partido del Puebla el domingo pasado. Risas cómplices que durante dos años se habían marchitado. Como las que también compartieron en Tepoztlán, durante la boda de José Juan Espinoza y Nancy de la Sierra.
De una tregua pueden derivarse dos hechos: la paz o la reanudación de las hostilidades. Por lo que hemos visto hasta hoy, la tregua Marín-Doger podría convertirse en una paz definitiva, aunque todavía hacen falta varios hechos para confirmar la nueva ruta entre ambos personajes.
El primero, sin duda, será hacer oídos sordos a los insidiosos de ambos grupos. Cerrarle la puerta a la intriga y profundizar los hechos que generan confianza. Alejar a los radicales y no comprarles sus guerras. Escuchar a los prudentes y a quienes sí piensan en los intereses de sus jefes, tal y como lo hizo Valentín Meneses, que logró concretar lo que muchos habían boicoteado.
Antes de llegar a las elecciones habrá otros dos momentos: la aprobación de la segunda cuenta pública de Doger y la apertura de espacios políticos para el grupo del alcalde.
La ruta de la paz es una voluntad conjunta, por lo que Doger también tiene sus obligaciones. Su prueba de fuego será el apoyo que deberá brindar a Marín en caso de que el gobierno federal incremente el fuego contra el gobernador vía la Suprema Corte de Justicia.
Pero ésa es otra historia.
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