La Traición
El misterio se ha resuelto. Roberto Madrazo no incluye a Mario Marín dentro del grupo de gobernadores que traicionaron su campaña presidencial. Por el contrario, casi lo exculpa en los dos únicos comentarios que vierte sobre el gobernador poblano en el libro La Traición, que se vende en librerías poblanas desde ayer. Sin embargo, responsabiliza globalmente a los a los mandatarios priístas de la derrota, y sus blancos principales son Eduardo Bours, Natividad González Parás y Enrique Peña Nieto, revelando incluso que Manlio Fabio Beltrones los llegó a señalar como nalgasprontas. La única excepción la hace para Ulises Ruiz, a quien señala como el único gobernador leal a la campaña presidencial priísta, hecho que provocó el conflicto social de Oaxaca.
La primera mención que hace el tabasqueño sobre Mario Marín se encuentra en la página 221, al tratar todas las vicisitudes de la campaña presidencial. Reproduzco literalmente la conversación con Manuel S. Garrido:
“M.S.G. Me queda claro. Jamás pensaste que ibas a perder. Y tenías elementos o factores reales de poder de tu lado. Sin embargo, ¿nunca advertiste un riesgo, algo que podía echar abajo la victoria, a pesar de tus números?
RMP. Todo indicaba que teníamos una posibilidad clara de victoria. Veníamos remontando y había pasado el proceso de Arturo Montiel; también habíamos superado otros problemas: el de Mario Marín en Puebla, las dificultades previas con Elba Esther y los escollos internos para lograr la candidatura. Y el PRI seguía consolidado con un margen de preferencia electoral muy importante a su favor. Después de todo lo que habíamos vivido, seguíamos muy por arriba de los otros partidos.
Sin embargo, cuando nuestros gobernadores habían concluido su cabildeo para nominar a sus candidatos al Congreso de la Unión apareció la primera señal de que podíamos perder….El riesgo se presentó al arrancar en los estados las campañas en fórmula entre el candidato presidencial Roberto Madrazo y los candidatos locales al Congreso Federal. Ahí comenzamos a ver que en algunos estados el candidato presidencial era arropado sólo formalmente en ocasión de su jira (sic) de campaña, sin que hubiera una operación política real con las bases y dirigencia territoriales del partido”.
En la segunda mención al gobernador poblano se encuentra su exculpación ante posibles acusaciones de traición a la campaña de Madrazo. Se encuentra en la página 271, cuando el tabasqueño responde al descenso de su votación en entidades claves para el resultado final:
MSG: ¿Dirías que se armó todo un montaje para frenar la votación de Madrazo en los estados más importantes del país?
RMP: Mira, la elección presidencial se gana en cuatro estados: el Estado de México, Puebla, Veracruz y Jalisco, y en el Distrito Federal. Refuerzan los estados de nuevo León y Tamaulipas. Puedes perder todo, pero si ganas ahí, en esos estados, ganas la Presidencia de México. Ahora bien, el PRI cumplió bien en el Distrito Federal. Pero en el Estado de México nos pegaron con el efecto Montiel. En Puebla se la armaron a Mario Marín. En nuevo León y Sonora fue escandaloso como los gobernadores frenaron al PRI. Basta una revisión de los números para observar que la votación real el día de la elección no concuerda con la fuerza electoral del partido en esos estados. Es en este sentido que María de las Heras dice que no entiende “por qué perdimos”. Y es que una buena parte de la explicación de la derrota de Madrazo estaba ahí, en ese montaje.
Punto final a la controversia. El tabasqueño no señala directamente a Mario Marín como uno de los gobernadores que pactaron con Calderón y Elba Esther Gordillo la traición al PRI. Indirectamente habla de que el escándalo provocado por la detención de Lydia Cacho fue artificial; armado, es la palabra que utiliza.
Madrazo exculpa a Marín, y eso que es prolífico en hablar en contra de algunos mandatarios como Natividad y Eduardo Bours, a quienes señala como autores de la teoría de buscar la “medalla de plata”, una estrategia encaminada a abandonar al candidato presidencial y concentrarse en obtener la mayoría en el Congreso de la Unión.
En La Traición, Madrazo señala que otorgarles libertad de designar a los candidatos a diputados federales y senadores fue su estrategia para comprometer a los gobernadores priístas en la campaña presidencial. Una estrategia de la que se arrepintió más tarde. Así lo señala: “Yo creo que se les dio demasiado a los gobernadores, y a cambio de nada. Fue un error. Un grave error. Mencionaba hace un momento eso de la “medalla de plata”. Mira, cuando yo negocié con los gobernadores, caí completito en ese juego. No lo advertí con la sagacidad que se requería. Jackson, González Parás y Labastida ya habían acordado ir por las candidaturas a diputados y senadores, a fin de que ésas candidaturas fueran de ellos, los gobernadores, y no de Madrazo. La “medalla de plata” era ésa. La de oro, la de la Presidencia, no les interesaba. En mi opinión, ya tenían candidato para la “medalla de oro”. Y no era Madrazo. Ya tenían partido, y no era el PRI.
Más adelante, el inocente y cándido Roberto Madrazo concluye las causas de su derrota, atribuyéndola a los mandatarios priístas (pag. 235). “ ..les entregamos todo y ellos no entregaron los votos que el partido necesitaba, tanto para ganar la Presidencia de la República como para el Congreso de la Unión. Porque hay que decirlo: algunos gobernadores privilegiaron a tal grado sus intereses en la escena nacional que, a la postre, eso obró en contra de su propia “medalla de plata”. Y así llevaron a la derrota a sus propios candidatos locales y regionales. A esos gobernadores les ganó la codicia y su propio subdesarrollo político”.
¡Upsssssss! ¿Alguien le responderá a quien ya vive en el bote de la basura?
¿Mi conclusión personal? Creo que es lectura obligada el libro de Roberto Madrazo, que aunque salpicado de anécdotas, muestra fielmente la imposibilidad de que el PRI mientras los gobernadores sigan siendo el poder fáctico del partido. Sus acusaciones tampoco llegarán a ningún lado y es casi seguro que los señalados fingirán demencia. Lo triste es que uno los políticos que había fijado una imagen de perverso en la historia nacional, se reduce a sí mismo a una caricatura lacrimosa al nivel de Libertad Lamarque, que en La Traición, llora por los rincones su derrota.
Pobrecito Roberto. En verdad enloqueció.
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