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Tiempos de Nigromante
de Arturo Rueda

artrueda@laquintacolumna.com.mx


 

 

La crisis de la UDLA

 

Las aguas están muy turbias en la Universidad de las Américas. CAMBIO ha reseñado puntualmente, desde la semana pasada, la desestabilización que sufre la institución de educación superior más importante del estado y la quinta mejor del país, así como el intento del golpe de Estado del cual hoy se revela como verdadero autor el estadounidense Neil Lindley, a quienes algunos medios tratan de presentar como un gran benefactor de la universidad, cuando apenas ha donado poco más de 200 mil pesos. Así que si hay que elegir entre un gringo que ni hablar español sabe, pero pretende apropiarse de uno de los polos de desarrollo de Puebla, y la familia Jenkis y Pedro Ángel Palou, no queda más remedio que decantarse por estos últimos.

 

Los tentáculos de Lindley calaron hondo en la comunidad universitaria y han manipulado a muchos jóvenes que, ingenuamente, han obrado de buena fe y se han creído la malintencionada versión de que Palou es priísta-marinista. Atender el hecho de que sólo por haber sido secretario de Cultura en los gobiernos de Melquíades Morales y Mario Marín, Pedro Ángel es priísta, sería lo mismo que afirmar que Octavio Paz también fue priísta por fungir como embajador en los tiempos de Díaz Ordaz, o creer que Jorge Volpi es calderonista y panista por haber aceptado convertirse en director del canal 22. Una completa falacia.

 

Lo que sí es cierto es que Palou, hace dos años, recibió una comunidad desarticulada por la pésima gestión de la argentina Nora Lustig, quien dicho sea de paso, siempre recibió el golpeteo de los grupos adictos a Enrique Cárdenas, de quien es justo decir que fue un gran rector. Pero nadie es indispensable y la instituciones siguen a pesar de los cambios de hombres. Y el grupo cardenista se niega a aceptar que su amado rector hace tiempo abandonó la universidad. Y Palou no tiene ninguna culpa de ello.

 

El rectorado de Pedro Ángel, como en todos los casos, tiene sus luces y sombras. Son más las primeras que las segundas. El primer logro es el saneamiento financiero de la institución, que hizo posible un sueño acariciado por décadas: la Escuela de Ciencias de la Salud. Por primera vez la universidad tendrá un verano al estilo de los que se viven en El Escorial gracias a su convenio con la Complutense de Madrid. La presencia de autoridades como Jorge Volpi y el filósofo francés Michel Maffesoli. En fin.

 

La gestión educativa tampoco ha sido sencilla y los demonios que incubó durante meses se desataron la semana pasada, en especial la deslealtad del ex vicerretor académico Luis Foncerrada. Pero la historia de complot no se ha terminado. Lindley llega hoy a Puebla con la espada desenvainada y con un maletín de billetes para sorprender a incautos. Vaya, viene a vender espejitos que quien sabe si pueda cumplir después.

 

Lo que Puebla no puede darse el lujo de perder es un polo de desarrollo educativo y económico. La Universidad de las Américas es de las pocas cosas que enorgullecen a los poblanos. Y permitir que Lindley desplace a los Jenkins sería casi despedirnos de una gran institución. ¿No se acuerdan de la nefasta Nora Lustig?

 

 

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