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¡Maestro callado, seguro diputado!

 

A su estilo, las dos secciones del SNTE en Puebla festejaron el Día de trabajo. Después de mediodía gritando, una memela fue consuelo y sanación

 

 

Por las bocinas, sujetas al toldo de un Jeep Cherokee blanco, placas TUP-5734 de Puebla, se oye la voz de Gustavo Espinosa Vázquez, secretario general de la Sección 51 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), quien desde la vanguardia del contingente, de 20 mil personas, arenga: “Esta marcha es una lucha por el aumento salarial; el SNTE es indomable, el gobierno ya lo sabe”.      
Son las 9 de la mañana y los agentes de Tránsito han preparado el bulevar 5 de mayo para el desfile del Día del Trabajo. Poco sol. En promedio la temperatura es de 25 grados, según los reportes climatológicos de canal 2 y canal 13, quienes pronosticaron nublados y vientos ligeros. A pesar de la temperatura bondadosa para la marcha político-educativa, los maestros cubren sus calvas y cabelleras con gorras que anuncian la delegación a la que pertenecen; otros manifestantes prefieren sombreros de palma, incluso algunos afrontan tête a tête la potencia del Sol. 
La marcha arrancó desde el parque Juárez. Ahí se dieron cita los profesores de bachilleres, escuelas primarias, de preescolares y algunos trabajadores del sindicato de Comunicaciones y Transportes, pero en su mayoría facilitadores de la educación de todas las zonas geográficas del estado. Y los encargados regionales llevaban en mano diestra las listas en las que al final de la marcha muchos líderes tendrían que anotar su nombre y su registro, el cual será útil, será una forma de hacerse presente en las futuras peticiones a los secretarios generales, ya sea de la sección 51, donde Espinosa Vázquez lidera; o de la sección 23, encabezada por Jorge Rodríguez Mendoza.

 

 

El dinero a elecciones
Trompetas, tarolas y saxofones puestos en marcha por las manos ágiles de jóvenes que se afanan en contagiar de ritmo a las chicas de los panderos, que más allá de sus coreografías, y pantalones a la cadera, opacan los pasos lentos de  jubilados de la sección 51, vestidos inmaculadamente de blanco, quienes se suman entre ovaciones, a la mitad del recorrido, en la 9 poniente. Caminan todos. Trompetas, tarolas y saxofones. ¡Ehhhhhh! Panderos. Caderazo, pasito. Pasito. Trompeta.
Las bocinas del gran Cherokee cambian de arenga: “El dinero a elecciones y niños sin salones/ El dinero a elecciones y niños sin salones”. Espinosa Vázquez desciende del blanco Cherokee. Una mujer toma su turno frente al micrófono mientras él, con celular pegado a la oreja derecha, suelta un par de frases que fueron sepultadas por el coro: “El SNTE unido, en Puebla combativo/ El maestro marchando, también está enseñando”. Ahí Espinosa, con su camisa blanca, sus lentes ovalados y el celular brillante, se acerca tranquilamente al templete, ubicado a la altura de la 5 oriente y el bulevar. “Encabeza nuestra marcha el secretario general”, dice la voz, esa metálica e hipócrita vocecita que parece flotar en todas las manifestaciones del país. Es curioso que el sitio destinado para recibir a los de la sección 51, tenga los emblemas oficiales del Gobierno del estado y el sonido, por alguna simpática razón, se llama “excelencia”. Gobierno 2005-2011, así anuncia Marín sus intenciones. Así se anuncia la relación con el poder.
Y del otro lado del bulevar, la sección 23, sin templete, sin más que una escolta solemne, integrada por cinco mujeres vestidas con traje azul marino y guantes blancos, rinde honores a la bandera. Y poco a poco se unen los grupos, los alumnos que tocan en la marcha, enfilan, ladean sus pasos. Han cumplido, falta el arribo de los otros compañeros. Mientras, pueden perder un poco el tiempo disfrutando un Bon Ice  de 2.50, un trozo de pizza de 10 pesos; incluso pueden comprar agua embotellada, a 12 y 15, dependiendo de la marca. Aunque siempre quedará el recurso del refresco, estándar el precio: 10 pesos. 
Todas las opciones para perder el tiempo son válidas, para esperar a los otros y firmar el pase de lista. En eso, el secretario general de la Sección 23, Rodríguez Mendoza, opinó acerca de la condición política de los maestros de Puebla. “Los trabajadores del SNTE no somos corporativos de ningún partido político”, enfatizando que la política, por lo menos hoy, es harina de otro costal. Pero mientras Rodríguez limpia el sudor de su frente. Aplaude. Eleva el puño contra el viento vespertino, caluroso.
Los camiones que han traído a los profesores de múltiples regiones del estado, están quietos, dormidos se diría, en el empedrado de Analco; en la iglesia, cerca del parque. Abarcan todo, pero mantienen un espacio, justo para que los tenderetes de las jicaletas, los dulces y también huaraches y las gorditas que se expenden, ágilmente a los profesores que han culminado el recorrido, sean visibles. Muy visibles, incluso atractivos para la sanación del cansancio.  

 

 

El mismo material
Es la una de la tarde y los profesores siguen llegando a la meta: Analco. Siguen y siguen gritando: “Gobierno, escucha, la educación es nuestra lucha”. Ya se ven los montones de papeles apretujados en los botes de basura; las botellas de agua también, ya regadas por el bulevar, son más que notorias. Y los mensajes en las pancartas suben de tono. Leemos exigencias que abordan el aumento salarial, mejoras a las instalaciones de las escuelas de la Sierra, de Huachinango. “Maestro callado, seguro es diputado”, a coro denuncian los de Chinahuapan. Otras mantas solicitan apoyo para obtener aparatos ortopédicos, aumento salarial. Exigen que el gobernador cumpla sus compromisos con las secundarias de Teziutlán. Piden a Mario Marín que esclarezca el asesinato del profesor Esteban Torres Aguilar, de la región de Acatlán, delegación DI-162.  Piden unidad en el SNTE. Rechazan las reformas a la ley del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (Issste).  “No a la ley de (Tejo) Issste”, ironizan los maestros de preescolar de la región de Teziutlán.  Y, encima de los hombros de los sindicalizados de Comunicaciones y Transportes, una cartulina con dibujos elaborados con prisa y poca pericia simbolizan a Elba Esther Gordillo y A Felipe Calderón frente a dos montículos de estiércol. “Gordillo y Fecal son del mismo material”, eso gritan, eso sugieren indignados, bajo el sol de la 1:30 de la tarde, que para ese momento había calentado el asfalto a 29 grados centígrados. Y ya faltaba poco para que  la retaguardia del contingente arribara. Un par de pasos y listo, se acabó el desfile. Un par de gritos: “En todas las escuelas y las comunidades, el pueblo está exigiendo mejores salariales/ Gobernador poblano, sin vacilación, más presupuesto para la educación”.  Ya por el cansancio, más que marchar, chanclean, pero van. Llegan. Se acabó.  Fue todo. El Día del trabajo es hoy. A descansar.   
De acuerdo con reportes de los policías que custodiaban el arribo de los manifestantes a Analco, el saldo de los festejos fue blanco. En cuanto a la basura, el Departamento de Limpia de esta ciudad reportó 20 toneladas de desechos, sólo del parque Juárez a Analco. Así las cosas.  

 

 

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