Marín se pone de tapete ante Calderón
Confirman visita de Calderón para el aniversario de la batalla de Puebla
Zeus Munive Rivera
—Crónica—
Felipe Calderón se apea de una camioneta seguido por Manlio Fabio Beltrones y Guillermo Ortiz Mayagoitia.
Atrás de ellos tres aparece el gobernador poblano quien es flanqueado sólo por el alcalde Enrique Doger. Son casi las diez de la mañana, Marín apresura el paso a fin de acercársele al presidente, pero éste al ver las intenciones del poblano endurece el rostro, levanta el pecho y sube al estrado en el que están los funcionarios estatales, el gobernador tlaxcalteca y en medio de todos ellos un personaje del cual le cuelga sobre el pecho una cruz más grande que su robusto ego: Onésimo Cepeda, obispo de Ecatepec.
Aquí cada segundo que pasa es eterno, Marín trata a como dé lugar de congraciarse contra el W. Bush de los pobres. A Calderón le aplaude, se le acerca, lo mira de reojo, lo observa con admiración, mientras la indiferencia del presidente es notoria. Todo el tiempo es flanqueado por el presidente de La Corte y por Manlio Fabio Beltrones, mientras que Marín está sentado junto al titular de la Sedena.
Es insoportable el calor de esta mañana que es acompañado por el ambiente bélico: Calderón, un pequeño hombrecito que tiene puesta la Banda Presidencial llama a la guerra. Es un Bush mirando a su Irak.
El narcotráfico y /o el crimen organizado es para sus definiciones mentales el enemigo, el apestado, todo lo vil, todo lo deleznable que puede ser el humano. Las analogías entre la batalla del 5 de Mayo y la lucha contra el narcotráfico es la parte sustancial de su discurso.
Culminando éste, Calderón recorre la primera fila de los asistentes a la toma de protesta de los jóvenes que realizan su servicio militar. A cada uno lo saluda de forma efusiva quienes le aplauden su decisión de declarar la guerra, pero cuando llega con Mario Marín, la sonrisa que llevaba el presidente es de pronto borrada y sólo le extiende la mano para ser felicitado por el gobernador poblano.
Marín se muestra cálido, Calderón todo lo contrario, pues se le nota frío.
Una vez que el presidente terminó de darle el trato agrio al mandatario poblano, Calderón vuelve a sonreír y a ser felicitado por todos los que están sentados en la primera fila de la ceremonia del 145 aniversario de la defensa de Puebla.
Culminando el discurso y los aplausos, todos caminan hacia el mausoleo de Ignacio Zaragoza, Marín apresura el paso, Calderón camina más rápido. Marín Se trata de acercar a él, pero Calderón no lo mira, dirige su vista hacia delante.
La frialdad es notoria.
Onésimo Cepeda, el admirado
En la segunda fila se sienta el obispo de Ecatepec. Es un hombre alto que lleva puesto un traje claro y una camisa blanca, en su pecho cuelga una cruz. Los funcionarios del gabinete marinista se le acercan, desde el secretario de Gobernación hasta el de Finanzas, y todos le rinden pleitesía.
Su presencia en Puebla, en un acto político tan importante, es tomado como un mensaje, sobretodo la actitud de la politiquería poblana, al verlo como su salvador.
Onésimo Cepeda con sus gafas oscuras ve a todos estos posibles feligreses. Junto al obispo está Martín Fuentes y por ahí alguien dice: “Es como su padre Lira”, en referencia a Rosendo Huesca y el vocero de la Arquidiócesis de Puebla.
La onda grupera (versión aldeana)
Al inicio las divisiones son notorias, por un lado Gerardo Pérez Salazar y Javier García Ramírez se sientan del lado derecho, a ellos se les acerca el particular del gobernador, Guillermo Deloya Cobián, mientras el llamado jefe del gabinete —Javier López Zavala— está en el lado opuesto.
López Zavala camina del lado derecho y saluda a cada uno de los invitados, casi no se topa con Pérez Salazar.
A leguas es evidente la división entre ambos grupos, es notorio que a López Zavala sólo lo toleran, porque el otro grupo lo ve reticente.
La salida
Calderón vuelve a apurar el paso ahora a su camioneta, Marín lo sigue. Todo es una absoluta seriedad, tanto la de Ortiz Mayagoitia como la de Calderón.
Marín, al final, siguió apresurando el paso esperando a cada momento ser tomado en cuenta, pero el presidente mostró el poco cariño que le tiene al mandatario y así quedó registrado en esta ceremonia oficial, en la que se declaró la guerra al narcotráfico.
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