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Cúpula
Javier Arellano Ramírez

testimonio_orbe@yahoo.com       



La fría noche de Moreno Valle. Su proyecto para el 2010, sin bases.

 

El ejercicio de la política es escribir sobre la arena del mar.


Basta una ola para que se lleve todo lo hecho.


Y hay que volver a  empezar.


Y cuando se termina, viene otra ola y se lleva todo.


La vida de los triunfadores no es otra cosa más que la historia de los que una y otra vez logran escribir lo que se proponen, antes de que las nuevas circunstancias y el olvido se lleven sus obras, sus palabras.


Rafael Moreno Valle Rosas arrasó en las elecciones del 2 de julio de 2006.


Injurió y denostó hasta el cansancio, hasta el hastío, a su otrora protector y padre político: Melquiades Morales Flores.


Renegó hasta la saciedad de aquel partido que lo cobijó y que le brindó todas las facilidades y todas las oportunidades.


Esta elección intermedia de 2007 era una excelente oportunidad para Moreno Valle.
Extraordinaria.


Inigualable.


Tal y como lo había hecho en el 2001, desde la secretaría de finanzas, Rafael se proponía impulsar a toda una nueva camada de alcaldes morenovallistas.


Su gran plataforma para lanzar la candidatura a la gubernatura en el 2010.


Y operó en Ciudad Serdán, Esperanza, Tehuacán, Ajalpan, Tlacotepec de Juárez, Teziutlán, Zacatlán entre otros municipios menores.


Y ahí estaban Néstor Gordillo, Laura Escobar, Miguel Galicia, Ludivino Mora Tejeda, Héctor Orduña, entre otros que forman la nueva “burbuja morenovallista”.


Todos fueron arrasados, aplastados ante la maquinaria de un tricolor que la noche del domingo simplemente semejaba una locomotora imponente, avasalladora, que aplastaba todos los obstáculos, habidos y por haber, a su paso.


El triunfo del PRI, el llamado “carro completo”, tiene múltiples lecturas.


Nuevamente se repite la obligada máxima de que la derrota es huérfana, mientras que el triunfo tiene muchos padres.


Nadie puede minimizar el papel medular, toral que el gobernador Mario Marín tuvo en este proceso.


La prudencia, la mesura y la discreción con la que condujo personalmente cada detalle de la elección.


Pero sobre todo la oportuna y urgente decisión de meter a un bateador emergente al juego electoral.


Así con esos dos adjetivos: oportuna y urgente.


Valentín Meneses fue el gestor de muchas barbaridades.


El PRI pudo haber obtenido el triunfo en muchos más municipios.


Pero el efecto “Vale” redujo el tamaño de la victoria.


“Vale”, el mismo “Vale”, a quien muchos alcaldes y diputados electos no quisieron tener ni cerca de sus cierres de campaña.   


Este triunfo demoledor de los candidatos a diputados tiene un gran operador, un solo responsable.


A quien muchos en determinado quisieron denostar, minimizar, hasta intentar sepultar.


Javier López Zavala fue el operador de los candidatos a diputados.


Cuando salió de la secretaría de gobernación las versiones sobre su futuro político fueron tan diversas como diversos son los intereses que se manejan en el ajedrez político.


Lo cierto es que todas las miradas se centraron en el ex secretario de gobernación y operador del gabinete.    
Él fue el responsable de sacar, a como diera lugar, la mayoría priísta en la próxima legislatura.


Y la encomienda que le hizo el gobernador Marín fue cabalmente cumplida.


Sobre la confianza que el mandatario tiene depositada en López Zavala ya hemos escrito en el pasado.


Y es una confianza que ha sido, desde siempre plena y totalmente correspondida.


La noche del domingo 11 no fue la excepción.


Hoy los bonos de Javier están como nunca antes y su nombre es el indispensable, el inevitable, pero sobre todo el obligado para hacer el juego futurista de cada mesa de café.


Los juegos especulativos sobre si entra o no como futuro presidente de la gran comisión del congreso del estado, son intrascendentes.


Completamente intrascendentes.


López Zavala puede volver al gabinete en cualquier momento.


Hoy Javier está en la cúspide de la cadena de mando político.


Mientras que Moreno Valle, artífice de toda una serie de ataques y descalificaciones en contra del gobernador Marín, vive la más fría y oscura de las noches.


Su proyecto para el 2010 se quedó sin bases, sin cimientos.


Y esa lectura no la puede borrar.

 

   

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