Águila o sol
Desde luego que no se trata de un volado la elección de nuestras nuevas autoridades municipales y de nuestros representantes populares.
Las cosas no se pueden decidir en una forma tan simple como un volado al grito de águila o sol.
Pero ya en plena cuenta regresiva para que comiencen las elecciones, cabe la pregunta: ¿por quién?
Lo importante de la respuesta es el hecho de acudir a votar, no quedarse de espectador de un hecho histórico.
Así es como todos tenemos que recomendarlo para avanzar en el ejercicio democrático que representa un alto costo para todos.
Según datos del Instituto Electoral del Estado, cada voto nos cuesta 75 pesos.
Y nos cuesta, porque los comicios son pagados con recursos públicos que entre todos aportamos y con los que se conforma el gasto del que se deciden las partidas.
Las cuentas nos revelan que del universo de 3 millones 500 mil poblanos que estamos empadronados y enlistados para acudir a votar, si no vamos todos, si sólo acude la mitad, como ocurrió en la elección local anterior, el costo del voto será de 150 pesos.
¿Cómo la piensa usted?
¿Considera justo este alto precio?
Mejor acudamos y decidamos cada quien, de acuerdo a convicciones y decisiones personales.
Con el poder de nuestra decisión el día de mañana podremos reclamar, hoy que gozamos de libertad para exigir, reclamar y recriminar como lo hemos hecho los poblanos los últimos años.
La maleta está lista
Tal como lo anunció el año pasado al entregar su carta de renuncia por edad, el arzobispo Rosendo Huesca en serio que aguarda con su maleta a la altura de la mano, para entregar a su sucesor las riendas de esta arquidiócesis en cuanto decida el papa a quién.
No hay más pendientes en esta jurisdicción de la Iglesia más que los propios de una sobrepoblación y un escaso equipo de sacerdotes que no se dan abasto.
En tanto, el arzobispo se cuida al extremo de no tener problemas, de no inmiscuirse en asuntos que no le confieren a la Iglesia, como el caso concreto del proceso electoral que se ha vivido y que culminará el próximo domingo con las elecciones.
Y anda tan extremadamente cauteloso, que en una actitud contrastante con la del cardenal Juan Sandoval Íñiguez, que hizo alarde de dominio de su capacidad de convocatoria para celebrar sus 50 años de sacerdote, don Rosendo pecó de discreto al cumplir casi en la misma fecha, los 51 años de su ordenación sacerdotal.
Fue tan discreto, que canceló toda propuesta de reunión.
¡No!, ¡no! y ¡no!, dijo, redijo y reiteró.
El gran día del aniversario sólo eligió a cuatro personas para celebrar.
A éstas las convocó en su domicilio de la colonia Huexotitla, y de ahí caminaron unos cuantos pasos para ir a comer a un restaurante de la 43 Poniente.
De entre los comensales que coincidieron en el restaurante, hubo hasta sorpresa al verlo llegar a comer solo con estas cuatro personas, despojado de acompañantes que resultarían obligados a compartir con él, como lo hace cada día como parte de su equipo de trabajo.
¿Quiénes fueron estos cuatro invitados?
¿De quiénes se trato?
¿Por qué los eligió para celebrar?
No se trató de políticos ni de religiosos.
¿A quiénes considera sus verdaderos amigos don Rosendo?
Por cierto, que cuando los invitados trataron de pagar la cuenta, el mismo homenajeado ya se las había arreglado con el administrador del restaurante.
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