El regreso del “botijas y el chompiras”
Durante años, muchos mexicanos se divirtieron viendo los desfiguros, ridículos y fracasos de “Los Caquitos”, una pareja de raterillos creada por Roberto Gómez Bolaños, “Chespirito”, que nunca logró dar un golpe importante y que, por el contrario, falló en cada intentona. Al mismo tiempo, el “botijas” era un mandilón con su mujer, la chimultrufia, mientras el chompiras la hacía de patiño de todos.
La participación abierta del “botijas y el chompiras” en la campaña municipal del PAN confirman que la del “doctor Chapatín” es una candidatura de caricatura, que ni Luis Mora Velasco (el botijas) y Juan José Rodríguez Posada (el chompiras) pueden levantar, pese a sus continuas y siempre fallidas intentonas de colocar en el paredón mediático a los gobiernos del estado y la ciudad.
Los señalamientos del “botijas” y el “chompiras” contra el ayuntamiento y el gobierno estatal, respectivamente, son intentos desesperados de la ultraderecha por reactivar la campaña de su compañero de caricatura, el “doctor Chapatín”, que a través de Antonio Sánchez Díaz de Rivera muestra su peor rostro: el del oportunismo político basado en el populismo, en las ocurrencias, en el fanatismo religioso y en la desesperación, todo traducido en las toñadas “nuestras de cada día”.
Las campañas negras de la IP contra todo lo que huela a priísmo, incluyendo a sus administraciones, forman parte de la guerra sucia con que la ultraderecha trata de revertir su desplome electoral. Son el burdo “complemento” a los spots panistas contra los “gobiernos preciosos”.
La actitud propanista del “botijas y el chompiras” es tan evidente, que cae en lo absurdo, porque la ciudadanía y, principalmente, los agremiados a la Coparmex y al CCE constatan diariamente que ninguno presenta pruebas reales de sus denuncias y tampoco se preocupan por la difícil situación económica-laboral del país, pese a que – supuestamente – los “representantes” empresariales deberían ocuparse de esos temas.
Tampoco interesa a los sedicentes voceros de la IP poblana la cada vez más evidente y escandalosa corrupción de Vicente Fox Quesada. Quienes piden transparencia para Puebla, se vuelven cómplices de la opacidad del foxismo, a pesar de que ante las continuas pruebas de irregularidades todo mexicano quiere saber ¿qué pasó durante el sexenio anterior?, ya sea para condenar o para exonerar al ex presidente.
El evento “artístico” con que ayer el “doctor Chapatín” trató de allegarse votos soltó un tufo de populismo tan evidente, que todo Puebla lo vio, excepto los mismos “dirigentes empresariales” que el año pasado se volcaron contra este tipo de prácticas y que hoy las solapan.
Pero Mora Velasco y Rodríguez Posada siguen su propia agenda temática y social y, curiosamente, es la misma del PAN. Obviamente, esto no es casualidad, sino producto de una estrategia de campaña decidida en el cuarto de guerra que el representante del CCE le hizo a su cuñado.
Así, mientras la ley obliga a los gobiernos estatal y municipal a guardar silencio en lo que resta de la campaña, ¿quién pone un alto al proselitismo propanista del “botijas y el chompiras”?, porque Jorge Sánchez Morales y sus secuaces del IEE están asumiendo la misma actitud de permisividad que Luis Carlos Ugalde y el IFE con los anuncios antilopezobradoristas del CCE.
El activismo de ambos es entendible, pero no justificable, ya que saben que – de confirmarse la debacle electoral del PAN – se perderán los negocios de varias neoprivatizaciones que sentían en sus bolsas: la de los parquímetros, alumbrado público, estacionamientos subterráneos en el Centro Histórico y demás maniobras con que los gobiernos emanados del panismo desvían dinero público para bolsillos privados.
Y aunque se entiende que “los caquitos” reeditados sufran por los negocios perdidos, es a todas luces condenable que usen con fines electorales y económicos la representatividad de los empresarios y las siglas de sus organismos respectivos. También es deleznable que no luchen por defender los intereses de sus supuestos representados y que se concentren en la disputa política.
Además, habrá que esperar para ver cómo justifican ante sus agremiados haber iniciado esta guerra política contra una administración estatal a la que le faltan 3 años. Sobre todo porque si bien es cierto que los comicios terminan el 11 de noviembre, las heridas nacidas de ese proceso pueden durar bastante más.
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