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El Mazo y el Yunque
Raymundo García García

 

 

 


 

 

¿Otro zacatito pal conejo?

 

Mientras no se cuente con un régimen político democrático, varios de sus artefactos utilizables en los procesos electorales son tomados con reserva, particularmente porque las elites concentran en sus manos la información objetiva de datos, de procesos, de decisiones, de acciones, en otras palabras, las elites de una sociedad que se muestra con caparazón democrático, pero con entrañas hundidas en los vicios más obscuros del pasado autoritario, la especulación se convierte en la acción más perversa y pervertidora de dominación  y control político. Esto viene a cuento porque en el presente proceso electoral local, como ha sucedido en procesos anteriores desde la década de los años setenta, la práctica autoritaria, heredada del avilacamachismo, es una herramienta recurrente por el PRI y sus gobiernos estatal y municipales. Hagamos un rápido recuento de algunos hechos y datos que se dieron hace más de un cuarto de siglo y que siguen tan presentes como si el país estuviera anclado en el pasado:

  1. El robo al PAN de la elección municipal de la capital en 1983, entregando en su lugar el municipio de Teziutlán.
  2. El robo de un diputado local panista en 1989, bajo el absurdo uso de interpretaciones facciosas de la ley.
  3. La violación abierta de las leyes electoral y municipal, alterando la composición de los ayuntamientos y el proceso de nombramiento de autoridades municipales, allá en los ochenta y noventas.
  4. Control absoluto de los medios de comunicación masiva a través de los rentables contratos de publicidad
  5. Censura de toda actividad periodística encaminada a romper el esquema político poblano anquilosado en el pasado, a través de procesos directos y burdos, o de acciones sofisticadas o finas.
  6. La utilización patrimonialista de los espacios públicos para realizar campañas electorales, sin el menor respeto a las disposiciones legales.
  7. Entrega de recursos económicos, de obras, de apoyos bajo presiones encaminadas a dirigir el voto haciendo nugatoria la libertad de elegir.
  8. Una fiscalía estatal para delitos electorales, que jamás ha consignado a ningún delincuente electoral. Su prestigio lo adquirió dicha fiscalía por haber reprimido a la periodista Lidia Cacho.
  9. Una campaña sistemática en los medios de que el partido del gobernador, en toda encuesta se encuentra arriba, divulgando datos infundados como política pública: así lo hizo en 1as elecciones para presidente municipal de Puebla en 1989, cuando le robó al PAN la elección, con la acción conocida como fraude digital, al anotar sin rubor mil votos en  casillas estratégicas. Así lo repitió en las elecciones de 1992, cuando rellenó las actas dentro de taxis y combis; y qué decir de la elección de 1995, cuando el aparato gobernante del PRI saturó –como ahora- que ganaría Germán Sierra; o en el año 2001, cuando el aparato de comunicación afirmaba, junto con las encuestas publicadas por el CISO que ganaría Carlos Alberto Julián y Nacer.
  10. La más brillante manipulación de las encuestas la conocimos en el proceso federal electoral, cuando se afirmaba en los medios de comunicación masiva y a través de spots, que el PRI ganaría por trece puntos sobre el PAN y le darían zacatito al conejo y el zacate no se sacó, se les quedó.

 

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