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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 


 

Una Conspiración de Opereta (el Fin de Ciclo de Lydia Cacho)

 

NO PUEDO EVITAR CITAR UN FRAGMENTO DE LA CRÓNICA que Arturo Rueda publicó ayer en Cambio acerca de la presentación del más reciente libro de Lydia Cacho: “Las palabras de Lorenzo Córdova Vianello serenaron al auditorio, quizá por ser el menos protagónico de la mesa pero el más reflexivo. ‘El caso (Marín-Cacho), jurídicamente, se perdió cuando los ministros de la Corte sacaron el tema de la pederastia’. Ya bajo el templete, el joven jurista confió a un grupo de reporteros la cuasi imposibilidad de que las acusaciones contra el gobernador poblano lleguen a tribunales internacionales: ‘No puede hacerse un cálculo del tiempo… pueden ser dos, tres años… imposible saberlo.’”
Antes, Lydia Cacho había dicho que al seno del Congreso de la Unión no hay posibilidad alguna de que el juicio político proceda, por lo que no tenía más remedio que acudir a tribunales internacionales.
Seguramente la periodista ya platicó con Córdova de este asunto y juntos habrán hecho el cálculo de tiempo en el que el caso llegará a dichos tribunales y sean analizados.
Bien lo dijo el jurista y analista político: “imposible saberlo”.
No hay que darle muchas vueltas: el caso Marín-Cacho está cerrado.
Y eso lo sabe Lydia Cacho.
Tan lo sabe que a Héctor López Neri, de El Columnista, le dijo en Cancún hace unos días que vendría a Puebla a “cerrar un ciclo”.
Si todo esto está ocurriendo, la duda mata: ¿por qué en la presentación del sábado la periodista advirtió: “Que el gobernador sepa que hoy comienza, que está comenzando una conspiración contra él de todos nosotros”?
¿O vino a cerrar un ciclo -a sabiendas que el caso está muerto en el Congreso y que no tiene futuro inmediato en los tribunales- o vino a iniciar una conspiración?
Es claro que tiene más lógica lo primero que lo segundo, y que su llamado a la conspiración fue un acto más bien romántico –o surrealista- que basado en la realidad.
Todos sabemos que Lydia Cacho se ausentó de Puebla desde hace mucho tiempo y que jamás miró con respeto el trabajo periodístico de reporteros y directivos a los que hoy denuesta, como se aprecia en la entrevista concedida a El Columnista.
En su cruzada protagónica no tuvo tiempo de voltear a ver a quienes desde la trinchera más vulnerable daban la lucha cotidiana en los medios poblanos.
En otras palabras: su Alteza Serenísima simplemente no veía lo que pasaba abajo.
Por eso llama a risa el llamado a la conspiración.
Por eso le creemos más eso de que vino a cerrar un ciclo.
Y es que, hay que decirlo, en este lapso que inició el 14 de febrero de 2006 y concluyó este sábado 5 de abril, Lydia Cacho pasó de ser una defensora de los derechos de los niños a una política tradicional mexicana.
¿Ejemplos?
Sus declaraciones del viernes pasado en El Columnista: "Me buscó  mucha gente, me buscaron políticos, me buscó gente de (Manuel) Bartlett que quería darme información, pero por supuesto lo que querían era utilizarme. No lo hice y estoy plenamente satisfecha de no haberlo hecho”.
Qué bueno que esté plenamente satisfecha.
Y qué malo que cuando tuvo la oportunidad de aclarar las cosas y ponerle nombre y apellido al bartlista, haya optado por la opacidad y el misterio, territorios, ambos, en los que se mueven los políticos mexicanos.
Cierto: Lydia Cacho ya no es la misma que inició el affaire Cacho-Marín.
Es otra.
Se transformó completamente.
Se volvió estrella de rock.
Se convirtió en política.
Y ahora hasta se mueve en el juego de las medias verdades y las promesas incumplidas.
¿Inició la conspiración?
Por favor.
Se cerró el ciclo.
Ni más ni menos.


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