Vanidosas Mens Club
En agradecimiento a sus amables correos electrónicos, los jueves contestaré alguno de ellos. Por favor sigan escribiendo. Con sus correos hacen posible que mi imaginación vuele y escriba estas historias que les parecen excitantes y divertidas.
El Sr. Vanidosas mens Club me envió este correo.
Desde aquel relato de ojos azules, espero, impaciente, la publicación de una nueva columna de cachonda y disponible. A través de sus labios, me he imaginado a una mujer sensual; aquella leve mordida en la comisura derecha, me hace pensar en alguien que, de pronto, ha sido asombrada por alguna escena que despertó su libido. Sin duda, el encendido color rojo de sus labios denota que tiene un especial gusto por ser atractiva para el sexo opuesto.
Me imagino, unos pies hermosos, blancos, tersos, seguramente asiduos al pedicure, calzados por unas elegantes y sobrias zapatillas, formando un conjunto perfecto, en unión con unas piernas bien torneadas, cálidas, suaves; en fin, besables. Piernas que culminan, por un lado en un par de glúteos exquisita y finamente redondos que ningún par de manos se resistiría a estrujar y, por otro lado, en unos labios rosados, suculentos, fieles custodios de lo que más se añora, aquel pedazo de carne que se desea besar, mordisquear, acariciar; lamer un clítoris es el mayor de los placeres, hacer que quien recibe las caricias sea, aunque sea por unos momentos, el ser más afortunado al recibir tanto placer, detonante de miles de terminales nerviosas que explotan en una orgásmica situación y que inducen a las glándulas a lubricar toda aquella zona erótica quien complaciente, espera recibir a su amante, en una épica lucha por obtener la mayor satisfacción mutua. Pero qué decir de aquellos senos coronados por unas aureolas levemente pintadas de color café, podría estarse todo el día admirando ese par de "montes de placer" que incitan a rozarlos con todas las partes del cuerpo, tal vez en una batalla lúdica, en la que el falo sea el principal protagonista. Todo por un par de labios rojos, aquellos que diario veo en mi computadora, aquellos que quisiera besar, aquellos que me hacen enloquecer, aquellos... aquellos que jamás podré besar..Disculpe usted mi atrevimiento, pero le he dedicado estas líneas que, espero, no le incomoden y sirvan como fiel reflejo de mi gran respeto.
Amor Mío; has descrito con exactitud lo que sería un encuentro entre tú y yo
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