Los judiciales y las reinas de importación
¡¿Quién viera a Hugo Isaac Arzola extendiendo su poder hasta el tubo?!
Resulta que ahora sus elementos de la Policía Judicial tienen ya el monopolio de cuidados y atenciones para las niñas del Solid Gold.
Nada tontos los chamacos, nada tontos.
Es notable la poca autoridad de Arzola sobre sus judas. Para ejemplo hay dos personajes de los que pronto detallaremos nombres y número de placa, que de plano ya eran los reyes (y no magos) de las chicas extranjeras que trabajan en aquel bendito y lujurioso lugar.
Vaya y no es de sorprenderse que policías se renten como sacaborrachos o pasen sus días francos empleándose como guaruras de antro, pero eso de querer salvar a las niñas polacas del mismísimo Instituto Nacional de Migración, ya es el colmo. Tan lindas las chamacas y bien apuntados resultaron esos elementos.
Lo peor de todo es que los señores quisieron ponérsele al brinco a la persona equivocada.
Relataremos entonces la historia que a nuestros castos oídos llegó recientemente. Entre el bullicio del tubo y el sudor de las muchachas se hizo presente tremendo operativo. Para no perder costumbre nuestros judiciales, estrellas de esta historia, hicieron su aparición —¡Bling! léase como hechizo de aparición—.
También las autoridades de Migración —doble bling—.
Incluso el delegado en Puebla, Eduardo Morales Garduño, quien entre la chamba con sus muchachos revisaba papeles a las bailarinas, ésas que se veían muy güeritas como para decir que venían de Xoxtla o Amozoc.
Así que a todas las mujeres sospechosas, o sea las rubias, altas, delgadas, de buen cuerpo, de tipo europeo o más bien de imagen exótico oriental terminaron pasando por Migración, con documentos en mano. Como debe ser. Pero bueno, la diligencia se tomó su tiempo porque casi todas las que laboran como bailarinas en ese lugar tienen tal tipo.
Pero bueno, hasta ahí no había bronca.
El delegado pasaba lista de las trabajadoras con papeles en mano.
Pero una polaca faltaba.
Y la polaca revisaba su armario y nada.
Y la polaca buscaba entre su vestuario, de esos pequeños, pequeñitos, y tampoco.
Vaya, buscó a su novio (o padrote, o como les digan) y menos. Él no tenía el documento que la hacía legal residente en Puebla.
La pobre casi entra en llanto y el nerviosismo le ganó.
No podía ni decir dónde estaba. ¡No sabía!
Sabía que no estaba en Polonia. Eso sí.
Sabía que estaba en México. Eso sí.
Tenía la certeza de que estaba en ese recóndito país donde los machos abundan, donde andan en sombrero, donde todos nos vestimos como mariachi y tomamos tequila.
Pero no tenía ni la menor idea que en el país existieran estados y que se encontraba en uno llamado Puebla.
¡Ni el mole había probado!
Jamás había comprado molonqui para el cuidado de sus pelos rubios.
Ni comido un esquite frente a la Catedral.
Cuando Migración ya la comenzaba a ver con ojos de probable deportada… ¿quién creen que salió al rescate?
No fue ni Superman, ni Súper Barrio, menos el Místico o Blue Demon.
Fueron los súper, los únicos, los número uno, uno, uno… ¡Los judiciales!
—Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiijaaa—.
Aquella pareja de judiciales brincó inmediatamente ante el operativo de Migración —Desabrochándose la camisa dorada de seda, mostrando pelo en pecho y una enorme águila de 24 kilates que adornaba el robusto, sudado y peludo cuello—.
Llegaron muy salsas, como es costumbre de los judas —suspiritos—, a querer agandallar porque su reina polaca estaba siendo molestada por quién sabe quién…
Intentaron charolear.
Llegaron con los muchachos de Migración, sin saber que eran de Migración, brillantes como siempre los judiciales, y dijeron que las mujeres estaban bajo su custodia.
¡Ja!
Pues resultó que la charola que ganó fue la del delegado, quien se presentó como tal, como el delegado de Migración, Eduardo Morales Garduño.
Los judiciales no tuvieron más que pasar saliva y como la Jitomata, se sacarracaron.
El Solid Gold dejó pues de ser de su jurisdicción.
Los de Migración siguieron haciendo su chamba.
Lo que sí no sabemos es qué fue de aquella reina polaca.
Quizá le toco jugar Monopoly y la deportaron por no tener papeles.
Mundo aún no ladra y sí come perro. Desde que iniciamos nuestras vacaciones, la página Quintacolumna estrenó un nuevo columnista llamado Luca Brazzi. La mayoría de nuestros conocidos ha comparado el estilo del autor de Perro no come perro con el adorado Edmundo Velázquez.
Pero siento decepcionarlos, pues aunque el parecido es innegable, el buen Mundito nomás no tiene tiempo de andar ladrando en otros espacios —además, aceptémoslo, a Luca le sale poca madre, como que muy natural—.
¡Ojo! Mundo sí come perro.
—No entendí el deslinde, pero gracias Selene.
—Lo hice por Luca.
—Ah gracias.
Bienvenidos. Nosotros estamos que echamos porras, hoy hace tres años nos estrenamos en estas páginas como reporteros. Hoy hace tres años invadimos Cambio. Felices fiestas, feliz año, feliz vida. Como propósito de año nuevo, hemos planeado entregar cada semana sin falta (¡Ja!).
> Columnas anteriores
|