Corrupción, negligencia y opacidad mortales (2da parte)
Resulta fácil y cobarde culpar a los muertos de los errores o las corruptelas, al fin y al cabo, no se pueden defender y mucho menos sancionar y, entonces, es cómodo tratar de zafarse de una falla grave (mortal de hecho) diciendo que los responsables ya no pueden ser castigados y negando que haya habido negligencia o corrupción.
Por ende, es preocupante que, como lo advierte hoy el columnista Arturo Rueda, se concrete la autoexoneración de facto que el gobierno estatal y la aseguradora que trabaja para él harían al dictaminar que el helicopterazo del 11 de este mes habría sido causado por un error humano, sin que se realice una verdadera investigación de las muy documentadas anomalías del hangar marinista, empezando por los criterios nada claros con que se eligió al personal y siguiendo con el uso de refacciones usadas.
Es curioso lo poco que en Puebla se habla de este tema, que hoy (lunes 28) fue abordado por uno de los columnistas nacionales más respetados, Miguel Ángel Granados Chapa, quien tituló su escrito “Puebla: ¿corrupción mortal?” e hizo un recuento minucioso de las anomalías y negligencias que desembocaron en la innecesaria muerte de 8 personas.
Resulta notorio que mientras al grueso de “columnistas” locales le tiene sin cuidado el accidente, los fallecimientos y el cúmulo de denuncias y de pruebas sobre la negligencia y las posibles corruptelas en el hangar estatal, Granados Chapa hace hincapié en que desde hace dos años y medio funcionarios estatales de alto nivel tenían conocimiento de las triquiñuelas que se cometían con las aeronaves, sin que las investigaran o, mucho menos, sancionaran y corrigieran.
Hoy que todo apunta a que la “línea oficial” será culpar del accidente a los pilotos muertos y detener las indagaciones, se vislumbra claramente la intención de darle carpetazo al asunto y de tratar de decir que “aquí no pasa nada”, pese a que es muy probable que los familiares de los 8 fallecidos tengan una opinión muy diferente y quieran que, al menos por esta vez, sí se deslinden responsabilidades y se castigue a los culpables de la corrupción y negligencia mortal que mató a sus parientes.
Y aunque no puede descartarse que en el gobierno (o ya fuera de él) haya voces que pretendan culpar a los muertos por haber abordado un avión en mal estado o con pilotos inexpertos, con tal de evadir su propia responsabilidad, la verdad es que entre un buen sector de la opinión pública prevalece la percepción de que la tragedia se pudo y se debió evitar y que alguien incurrió en omisiones y corruptelas graves, mortales.
Además, lo cierto es que los culpables de las fallas en el hangar y los que evadieron solucionarlas pusieron (¿y ponen?) en peligro las vidas de quienes usan las naves, incluyendo al propio mandatario estatal. En consecuencia, sería una señal política muy negativa dejar sin castigo una irresponsabilidad e irregularidad mortal, como la que probablemente degeneró en 8 decesos.
Estocada
Como se recordará, el pasado martes 22 en este espacio se retomó el asunto del helicopterazo con el mismo encabezado de la colaboración de este día (solamente que era la primera parte). Por ser un tema de interés público y después de haber sido retomado por un periodista de calidad nacional, como Miguel Ángel Granados Chapa, es conveniente retranscribir los siguientes párrafos:
“La negligencia de la secretaría de Gobernación (presidida entonces por López Zavala) y la Contraloría al solapar la corrupción del hangar marinista ya generó consecuencias graves con las muertes de ocho víctimas, que, en estricto rigor, no tenían por qué morir, si las instancias que manejan las aeronaves estatales trabajaran correctamente.
La estrategia de dejar pasar el tiempo y apostarle al olvido mediático y colectivo para “superar” los problemas y los asuntos negativos, es inadmisible para un “gobierno de nueva generación”, pero resulta más intolerable cuando lo que se trata de solapar ocasionó 8 decesos.
Alguien debe poner orden en el hangar estatal y sancionar a los responsables de la corrupción y negligencia que desembocaron en la tragedia del viernes 11. Todo debe tener un límite, es tiempo de dar un manotazo en el escritorio y de enviar al interior del primer equipo y de la sociedad el mensaje de que no se permitirá más corrupción, negligencia y opacidad”.
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