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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

 

 

¡Paren Prensas! Ayer, de última hora, hubo cambios en las presidencias de las Comisiones del Congreso del Estado.
Pablo Fernández del Campo, que estuvo a punto de encabezar la Comisión Inspectora, estará ahora al frente de la Comisión de Gobernación.
A la Inspectora, en cambio, llegará Rocío García Olmedo, quien hasta ayer tenía en las manos la de Hacienda, donde ahora despachará Humberto Aguilar Viveros.
Pero hay más:
Javier Aquino será el presidente de la Comisión de Desarrollo Urbano; Avelino Toxqui, de Comunicaciones y Transportes; Edgardo González, de Educación, y Carlos Martínez Amador, de Asuntos Municipales.
Uf.
Llama la atención que al frente de algunas de las comisiones más importantes quedaron personajes ligados al marinismo y a Javier López Zavala.

 

 

El Marinismo ya no es tan Marinista. Cuando Mario Marín Torres ganó la gubernatura de Puebla, los marinistas se frotaron las manos.
“Este va a ser nuestro sexenio”, reflexionaron con mucha lógica.
Y es que la historia reciente demuestra que, en el caso poblano, el poder en pleno –político, económico y sexual- es para los ganadores.
Así ha ocurrido siempre.
Los avilacamachistas, por ejemplo –guiados siempre por Maximino-, arribaron a los cargos de poder y crearon un auténtico imperio durante los sexenios que les duró el gusto.
Todo lo que querían lo tenían, incluidas algunas compañeras de estudios de sus hijas.
Más para acá, los personajes adictos a los Jiménez Morales, Guillermo, fueron beneficiarios brutales de las canonjías del poder y ejercieron este como se debe hacer: sin contemplaciones.
Sin embargo, a la llegada de otro Jiménez Morales (Alberto) las cosas cambiaron para los guillermistas, pues fueron rápidamente expulsados del paraíso.
Cosa curiosa: los albertistas no tuvieron espacios con don Guillermo.
Y es que simplemente la de ese sexenio no era su fiesta.
Crecido políticamente en el centro del país, Manuel Bartlett prefirió darle poder al equipo con el que había venido trabajando en Gobernación y en Educación Pública.
Cómo olvidarlo.
En su sexenio fueron pequeños reyes don Jaime Aguilar Álvarez, Jesús Hernández Torres y Fernando Pérez Correa, entre muchos otros que entraban y salían de Casa Puebla con derecho a picaporte.
Con Melquíades Morales el uso de la cosa pública regresó a Puebla, pero en su República el entonces gobernador no les dio cabida a algunos personajes adictos al bartlismo.
Con toda la diplomacia que lo caracteriza, don Melquíades simplemente los bateó.
Cuando arrancó el sexenio de Mario Marín, todos sabían que era el tiempo de los marinistas químicamente puros, los cuales, por cierto, caben en una mano.
Y así empezó siendo.
Las mejores posiciones fueron para ellos.
Los mejores recursos (económicos).
La entrada sin anunciarse a Casa Puebla.
No obstante, el caso Marín-Cacho, lo sabemos, cambió el rumbo del sexenio y después de varios meses demasiado intensos las cosas finalmente arribaron a otro puerto.
El gobernador Marín entendió que por el bien del estado era necesario abrirse a nuevos cuadros, cuadros que, incluso, nada tuvieran ver con su corriente.
Fue así como llegó a la posición de candidata a la Presidencia Municipal de Puebla Blanca Alcalá.
Y sí: llegó y ganó para sorpresa de todos, y eso incluye a los marinistas.
Digamos que ahí se empezó a abrir la puerta del poder a otros cuadros.
Dos casos recientes: José Bailleres Carriles llegó de la mano del gobernador a la presidencia de la Gran Comisión del Congreso local pese a que antes nunca fue adicto al marinismo, y Pablo Fernández del Campo, regidor de Hacienda con Enrique Doger Guerrero, será el titular de la Comisión de Gobernación, aunque sus filias no lo hayan conducido antes a las filas mencionadas atrás.
Hay que decirlo: que un gobierno se abra a otras expresiones es una buena noticia, pues lejos de debilitarlo lo fortalece.
Las camarillas, está visto y probado, sólo generan círculos viciosos que nublan la visión política.

 

 

 

La Crisis del PRI. El partidazo ganó en Puebla, sí, pero hoy está como si hubiese perdido.
Veamos.
Más de cien trabajadores fueron cesados de un día a otro, las líneas telefónicas fueron cortadas por falta de pago y el servicio de internet pasó a una vida a la que hubiera llegado si el PRI hubiese sido derrotado en noviembre pasado.
¿Qué está pasando?, se preguntan quienes esperaban otro ambiente luego del cuasi carro completo.
¿Alguien sabe cuánto durará esta crisis?

 

 

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