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Duelo de Espadas
Edmundo Dantés

condemontec@hotmail.com


 

 


Jorge Ehlinger, el minusválido de la política

 

 

Primero que nada, es necesario enviar una disculpa a las personas con capacidades diferentes que puedan sentirse ofendidas por el título de está colaboración y, sobre todo, por creer que se les compara con uno de los peores representantes de la fauna política poblana, considerado el esbirro más bajo de la ultraderecha.


Lo cierto es que las personas con capacidades diferenciadas son un ejemplo a seguir por el esfuerzo con que salen adelante, mientras que Jorge Ehlinger Coghlan es un minusválido de la política que ha degradado – posiblemente como nadie lo había hecho antes – a la corriente partidista que dice representar.


El historial político de Ehlinger Coghlan está lleno de confrontaciones, acusaciones sin probar, palabrería, exclusiones y sectarismo. Fue diputado entre 1996-99 y obtuvo el “mérito” de ¡hacer que la fracción parlamentaria del PAN perdiera a uno de sus miembros!, ya que desde ese tiempo mostró un grave defecto: el racismo.


En ese tiempo, el panismo tenía como legislador a un indígena de Cuetzalan, Juan Molina, cuyo origen étnico siempre le fue echado en cara por el cruzado de la ultraderecha. Otros panistas, como Marcos Cruz Osorio y Roberto Sarmiento Beltrán, trataron de pedirle a Ehlinger que respetara a Juan Osorio y que lo tratara igual que a los demás miembros de la fracción parlamentaria del PAN.


Pero el “puro” Ehlinger Coghlan relegó y hostigó a Juan Osorio de un modo tal, que lo hizo abandonar las filas panistas y sumarse al PRI, para desquitarse de las humillaciones y exhibiciones del financiero. En el pecado llevó la penitencia el sirviente de la ultraderecha, ya que el maltrato al indígena le valió jamás llegar a la coordinación parlamentaria del PAN y dejar antes de tiempo la Legislatura local.


Así es: David Bravo Cid de León fue depuesto como coordinador de los diputados panistas y el Yunque presionó para que su empleado, Ehlinger Coghlan, lo sustituyera, pero una rebelión al interior de los legisladores del albiazul hizo que Ana Teresa Aranda eligiera como líder del Congreso a José Felipe Puelles Espina.


El hoy dirigente del PAN municipal aspiró – nuevamente – a la coordinación de los legisladores cuando llegó a la dirección del partido Ángel Alonso Díaz Caneja, quien también cobraba como diputado y aprovechó el rechazo que generaba Ehlinger entre sus compañeros para autodesignarse como líder de los levantadedos del albiazul y, en “represalia” por los dos desaires sufridos, el cruzado se separó de la fracción antes de que concluyera el trienio.


Plagado de soberbia y presunción, su fracasado paso por el Legislativo lo llevó a “castigar” a los panistas “con el látigo de su desprecio” y se retiró de la vida pública, para continuar dedicándose a la especulación financiera, ya que no es empresario ni productor de nada y solamente se dedica a los asuntos de cuello blanco.


El año pasado, Ehlinger Coghlan regresó a la vida pública y el Yunque lo impuso como plomero en el PAN municipal, para que hiciera el trabajo sucio contra Ana Teresa Aranda e hiciera candidato a Antonio Sánchez Díaz de Rivera.


Cumplió al pie de la letra las instrucciones, sin importarle el grave cisma que provocó al interior del blanquiazul, porque sus triquiñuelas (rasuramiento del padrón interno, uso de la estructura partidaria a favor de Antonio Sánchez, inducción al voto, pronunciamientos abiertos de Ehlinger a favor de “Toño Sánchez” y ataques vs los arandistas) fueron tan burdas que los arandistas lo descubrieron y exhibieron.


Nacido para perder


Incluso, un panista hijo de un fundador del partido, José María Iguiniz Nájera, hizo una inusual huelga de hambre afuera del Comité Municipal del PAN en demanda de que se limpiara el proceso intestino, pero – con su habitual habilidad política – Ehlinger le respondió insultándolo y retándolo a golpes.


La hoy poderosa subsecretaria de Gobernación, Ana Teresa Aranda, exhibió las trampas de Ehlinger y su secretaria general, Ana María Jiménez y el especulador financiero contestó minimizando y excluyendo a los arandistas. Ante las evidencias del fraude interno que cometió, ofreció dejar la dirigencia del partido en marzo de este año, “después de que Toño Sánchez recupere (para el Yunque) la alcaldía de Puebla”.


Dado que fue el artífice del fraude interno con que se impuso a Sánchez Díaz de Rivera como candidato del PAN, también es uno de los principales blancos de la justificada ira de la militancia, que lo considera – con razón - como uno de los artífices de la derrota del 11 de noviembre y así se lo hicieron saber Genaro Ramírez, Ángel Alonso Díaz Caneja, la propia Ana Teresa Aranda y Roberto Grajales Espina, entre muchos otros, que saben que las dirigencias estatal y municipal son las principales culpables de la debacle.


Como era de esperarse, la minusvalidez política de Ehlinger Coghlan lo llevó a descalificar, minimizar y a confrontar a sus detractores, incapacitándolo para escuchar sus argumentos, pese a que es cierto que el dirigente panista ha sido incapaz de generar infraestructura, tampoco se acercó a las bases y hasta fue el primero en dar los santos óleos a Sánchez Díaz de Rivera, a quien dio por derrotado ¡un mes antes de la votación! al proclamar que su desventaja era inalcanzable.


Este contexto permite explicar por qué ni los propios panistas se solidarizaron y/o se sumaron al cruzado en su guerra personal contra Enrique Doger Guerrero, ya que hoy sufre el rechazo no sólo del panismo tradicional, sino de los yunquistas a los que sirvió y que ahora lo ven como un estorbo.


Lo cierto es que nadie lo apoyó, simplemente, porque sus ehlingeradas han sido públicas desde hace años y en política no ha hecho más que enemigos y cómplices, no amigos ni aliados.

 

 

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