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Cachonda y Disponible

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La Tenue Línea entre el Placer y el Dolor

 

 

Cuando me penetró sentí que me partía en dos, y en sus ojos vi destellos de júbilo. Me volteó con fuerza a la posición more ferarum (como las fieras, de perrito, pues) y continúo con un movimiento   frenético, me embestía casi con violencia, con una mano tomaba mi cabello y lo jalaba con  ímpetu de cavernícola y con la otra me daba palmadas en las nalgas. Yo gritaba, y mis gritos reflejaban el momento que estaba viviendo: placer y dolor, alegría y confusión. Transcurrieron más de una docena de minutos y sentí que un hormigueo eléctrico invadía mi cuerpo junto con un calor que se producía en mis entrañas y se extendía a cada una de mis células. Y el líquido de las glándulas de Bertolini corrió  entre mis piernas. Fue el orgasmo más prolongado que yo recuerde en los últimos días.


La tenue línea entre el placer y el dolor es algunas veces tan delgada que no me doy cuenta hasta el día siguiente que tengo que estar ocultándome las marcas de las mordidas, chupetes, rasguños y algunos moretones para que mi esposo no las vea. Pero cuando estoy haciendo el amor con mi amante no me doy cuenta de las marcas infringidas. ¡Ah! Mi amante. Me encanta y me fascina. La primera vez que lo vi estaba sentado en un rincón de la sala tocando su guitarra en una fiesta de cumpleaños de uno de mis compañeros de la universidad. Sólo alcanzaba a verle unos rizos negros que le caían sobre la frente. y un pequeño arete en el lóbulo de la oreja  Él tenía 22 años y yo 34. Era virgen, o al menos eso fue lo que me dijo. Desde que lo vi me dije “hummm”. Éste es para mí. Cumple las expectativas que tengo de un hombre: ancha espalda, estrecha cintura, ausencia de barriga, nalga parada, aliento fresco, cutis terso, pies perfumados y para colmo de mi buena suerte se llama Carlos, que es mi nombre masculino favorito. Lo que adoro de él es que no teme experimentar. Ponemos en práctica todo lo que nos pasa por la cabeza.  Recuerdo una entre las muchas aventuras que hemos tenido juntos. Le dije a mi marido que tenía que tomar unas muestras de suelo de los cañaverales de Cd. Valles, SLP. Soy investigadora en la Universidad y mi trabajo consiste en buscar nuevas cepas de bacterias fijadoras de nitrógeno. Empaqué mi mejor disfraz como el de “la gaviota” en Destilando Amor y nos fuimos en mi hermosa camioneta, regalo de mi adorado esposo, a buscar las nuevas cepas de Rhyzobium y  Azospirillum. Llegamos a la plantación en plena canícula. El calor era tan agobiante que sólo atinamos a guarecernos bajo la sombra de un árbol a la vera del camino. Aparte del disfraz que la ocasión requiera, casi siempre traigo en mi camioneta una colchoneta, una sombrilla y, por supuesto, una hielera con cervezas muy frías. Ya acomodados, nos dispusimos a beber cerveza y a esperar que el sol declinara en el horizonte para empezar a trabajar. Algo sucede en mi cuerpo con el alcohol. Después de la tercera dosis estoy dispuesta a cometer los actos más alocados de mi repertorio sexual. Me recosté sobre el árbol y bajé un hombro de mi escotada blusa dejando al descubierto mis redondos y suaves senos. El hombre rápidamente se apoderó de ellos. Con la punta de la lengua daba círculos a los pezones. Los lamía, los mordía suave , los succionaba. Deslizó su mano desde mi vientre hasta  mi vulva separando con suavidad los labios mayores y menores. Se apoderó de mi clítoris. Con un movimiento de arriba hacia abajo, en minutos me provocó el primer orgasmo. Seguimos en el juego. Desplazó la lengua hasta mi clítoris y lo chupó, lo chupó y lo chupó, ocasionándome orgasmo tras orgasmo. Después me levantó en vilo y me penetró haciendo el movimiento característico del “mete y saca”.


Al último grito de ambos, escuchamos aplausos. No nos dimos cuenta que se habían acercado algunos cortadores de caña y nos aplaudían. Lo único que atiné a hacer fue a inclinar la cabeza en agradecimiento a la aprobación del espectáculo que les habíamos dado.


PD: Gracias a los lectores que me han enviado sus mails. Sigan haciéndolo: me producen orgasmos cibernéticos de primer nivel.

 

Las Glándulas de Bertolini son órganos que secretan una sustancia parecida al líquido seminal durante la eyaculación femenina.

 

   

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