Veinte pesos para un kilo de huevos
Carlos Meza anda retemolesto.
En vez de estar feliz por su toma de protesta al frente del Comité Municipal del PRI en la capital, se siente más que miserable. No en materia de dinero, ni por los 17 mil pesitos que ganará quincenalmente por su nuevo puestecito.
No, es algo más profundo, algo que no puede callar ni con toda su monstruosa sapiencia jurídica y que tampoco puede comprar con todo lo que gana como notario.
Lo que buscas, mi querido Carlitos, se llama vergüenza o decoro.
A ti que te gusta tanto averiguar qué significan las palabras.
Abre tu tumbaburros lidercito municipal.
Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua, “vergüenza” significa:
“Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena”.
Decoro: “Pureza, honestidad, recato”
¿Te queda claro o vamos más despacito?
D-e-s-p-a-c-i-t-o, para que no te alteres como sueles hacerlo.
Si el martes pasado, cuando viste los diarios se encendió el color de tu rostro fue porque descubriste que nadie se creyó que el huesito que conseguiste es digno de tu historial político-partidista.
En ese momento te descubriste como un desvergonzado, o sea, un sin vergüenza.
Y es que mira que abrazarte con Javier López Zavala después de todas las invectivas que le habías lanzado.
¿Dónde quedó eso de que era el delfín del góber?
Que tú ni muerto te sumarías a la cargada…
Más pronto cae un hablador que un cojo, me enseñó mi mami.
Sería bueno que un fisiólogo analizara tu lengua larga.
Con quien sí te pasaste fue con el buen Vale, lo acusaste de más que burro y hasta le inventaste que ni título de licenciado tenía.
Por lo menos el compadre del góber tuvo la dignidad de no felicitarte por tu puestecito de 17 mil pesitos.
¿Tanto te hacen falta?
Ahora vamos con el decoro.
Había muchos, entre ellos yo, que por mucho tiempo admiramos tu valentía y tu prestigio de abogado. Del segundo no sé si lo tengas todavía, pero para mí quedaste como un vil cobarde, o como te gusta decirlo a ti: “deshuevado”.
Por 17 mil pesitos —¡ojo yo gano un poco más en Cambio!— vendiste tu alma y no al Diablo, sino a Zavala que es muy bajo.
O sea, perdiste cualquier pureza, honestidad o recato.
En otras palabras te desvirgaron.
¿Duele?
***
El jefe Zeus
Por Efraín Núñez Calderón
Aún recuerdo aquel día de octubre de 2004 en que previo a mi comienzo oficial en Cambio, mi maestro Mario Alberto Mejía me presentó a Zeus Munive Rivera. Aquel hombre de mirada sobria y barba de candado a quien nombré con el título de “licenciado”.
Enseguida me corrigió: “no me digas así, en el periodismo no hay títulos nobiliarios”. Esa fue una de las máximas del periodismo que Zeus tuvo para aquel aspirante a reportero, que inició esta carrera de resistencia con los más irreverentes, con aquellos que llevaron la magia de Intolerancia a su nueva aventura.
Con sus órdenes de información, algunas de las cuales parecían dignas de una temática más de la zaga Misión Imposible, comprendí la importancia del trabajo en condiciones de presión, de las preguntas insidiosas, de la entrevista de fondo, de observar detalles contundentes para la realización de crónicas y reportajes.
En la universidad conocí la triada del reportero: “Cerebro, corazón y vísceras”. Zeus Munive le agregó el ingrediente principal: “huevos”.
“Huevos” para investigar; “huevos” para preguntar; “huevos” para escribir lo que piensas y esforzarse por encontrar la congruencia.
Nunca olvidaré sus críticas sin concesiones en contra de los colegas que navegan con bandera de “insidiosos” pero por sus propios intereses no son capaces de reflejarlo cuando escriben. Zeus odia al periodista de “postura”.
El lunes pasado me despedí de él con un abrazo. Aún ahora me cuesta entender que no fue el “hasta luego” de un día cualquiera, que ya no estará cerca para escucharlo cantar las rolas de rock que guarda en su Ipod, para compartir con él la vehemencia por la música de los Beatles, que ya no me dará consejos para guardar la compostura cuando la tensión diaria esté a punto viciar el ambiente.
No tardé mucho en mi comienzo como reportero para darme cuenta que su feelin’ periodístico, su respeto por el periodista, por la información, por los buenos escritores, el cine y la música lo hicieron el mejor jefe de información de Puebla y posteriormente el mejor subdirector editorial. Aquel que en sus últimos días en este periódico dijo seguro de sus palabras: “Cambio es una maquinaria que funciona por sí misma”.
No te equivocas Zeus pero esta sinergia se debe en gran medida a tu enseñanza. ¡Gracias por todo, maestro!
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