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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

            Espino lo admite: en el 2006 pacté con gobernadores priístas

 

 

 

Poco antes del 2 de julio de 2006, el quintacolumnista publicó que en los días previos a la jornada electoral más polémica de los años recientes se había dado una reunión sui géneris en Atlixco en la que habían participado dos personajes claves: el gobernador Mario Marín Torres y Felipe Calderón Hinojosa.
¿El fin?
Pactar un acuerdo en aras de garantizar el triunfo de Calderón en las urnas poblanas.
Días después, una fuente panista de alto nivel, corrigió al quintacolumnista: el encuentro, sí, se dio en Atlixco y, sí, acudió Marín, pero en lugar de Calderón había estado Manuel Espino, a la sazón líder nacional del PAN.
Panistas y priístas negaron la especie una y otra vez.
No obstante, ayer, en las páginas de Milenio Diario, la periodista Georgina Morett entrevista a Espino y éste admite que lo hace dos años publicó esta columna: que, en efecto, antes de la elección se reunió con 10 gobernadores priístas para pactar el triunfo de Calderón en sus estados.
Y aunque no menciona el nombre del gobernador Marín, la duda y la certeza quedan sembradas, valga la paradoja.
Hay que recordar que las palabras de Espino tienen en el contexto actual un peso especial.
Y es que una vez que Calderón llegó a la Presidencia, el grupo de Santiago Creel empezó a ser perseguido y hostigado hasta alcanzar al propio cabeza de grupo.
En ese sentido, Espino habla con el resentimiento propio de quien ha sido exiliado y quizás por eso sus palabras adquieren mayor peso.
Estos son varios fragmentos del diálogo entre Espino y Georgina Morett:
¿Cómo vivió Manuel Espino el 2 de julio de 2006?
Con sentimientos encontrados. Yo había promovido desde el registro de Calderón que asumiésemos un papel de partido que está en la responsabilidad de gobierno, y que en la campaña diésemos un testimonio de respeto al adversario, no debíamos repetir la actitud del PRI cuando fue gobierno de denostar a la oposición.
“Esto es un antecedente importante, porque cuando llegamos al 2 de julio yo tenía temores, se nos había caído la campaña con el famoso cuñadazo del llamado caso Hildebrando, tuve que hacer algunas travesuras para lavarle la cara a la campaña porque era penoso que nos exhibieran. El 2 de julio estar sudando nerviosismo, generando adrenalina en demasía, como que se antojaba innecesario.
¿Cuáles fueron los principales problemas?
El discurso tan fuerte contra López Obrador. Habíamos logrado salirnos del caso del desafuero con mucha dificultad, para que en la campaña se volviera a esos esquemas de confrontación, en usar la figura de (Hugo) Chávez; esas iniciativas en la campaña las tenía que asumir el partido como propias.
“Entonces el del juego sucio, el rudo, el malo de la película, el hocicón a veces, era Manuel Espino porque había que cuidar al candidato y la campaña. Entonces esa recapitulación de cosas innecesarias sacudía mi cabeza, pero teníamos que salvarlo para cumplir con el proyecto más importante para nosotros que era gobernar, yo mismo busqué una justificación hasta moral al hecho de ir a acordar con algunos gobernadores del PRI para apelar al voto útil.
“¿Qué necesidad había de acudir a los gobernadores del PRI, qué irán a querer después, cuál va a ser el costo? Y estamos en este momento en una incertidumbre cuando la ventaja pudo haber sido muy clara.
¿En qué momento se da cuenta de que necesitan el voto útil?
Cuando se nos desfonda la campaña después del segundo debate, cuando López Obrador pone contra las cuerdas a nuestro candidato con lo de su cuñado. Entramos a una especie de conciencia perpleja de ahora qué hacemos, y yo veía al equipo de la campaña preocupado, mientras la gente reaccionaba yo me fui a ver a los gobernadores, no lo platiqué con Felipe.
¿A poco?
No, claro que no.
¿Cuáles gobernadores?
Prefiero que no se sepa, al menos no hoy, son historias para platicarse cuando tiene uno bisnietos.
¿Con cuántos platicó?
Platiqué con 10, les dije: “Tu candidato ya se quedó en la carrera, entonces escoge, o quieres de presidente a Felipe o quieres a Andrés Manuel, así de sencillo; si quieres a Felipe cabe la posibilidad de un gobierno como el de Fox que les dé su lugar, los trate de manera equitativa, que no les limite los apoyos, les dé un tratamiento de Estado, eso es lo que va a hacer Felipe, y si gana López Obrador cuidémonos ambos, quién sabe cómo le vaya al país”. Sé que seis apoyaron, de dos tengo duda y dos no lo hicieron, pero creo que le dijeron a Calderón “yo te ayudé” y a lo mejor hasta se los creyó. Iba en detrimento de él.
¿Cómo los eligió?
Del PRI.
¿Pero tenían 17?
Sí, pero entre el debate, que nos dejó por lo menos tambaleando, no había mucho tiempo; entonces, los que me hicieron el favor de atenderme.
¿Le habló a todos?
Intenté con todos, no todos contestaron, ni con todos pude establecer una cita, a algunos los fui a ver, algunos vinieron o aproveché alguna visita de ellos. Yo estoy agradecido, porque tomaron una decisión viendo por el país; no dudo que hayan tenido el cálculo de cobrar facturas, eso ya no me tocaría a mí y veo hoy la relación de los gobernadores del PRI con Felipe buena, cercana. Alguna vez le comenté a Felipe que algunos gobernadores se habían portado bien, pero no entré en detalle porque no era necesario. No se lo había consultado porque en una cosa tan complicada era comprometerlo.
Y la maestra Elba Esther Gordillo apoyó...
Creo que la contribución de los gobernadores fue más importante que la del SNTE. Porque yo nunca vi de qué tamaño iba a ser el apoyo; Felipe me había pedido que le diera algunas plurinominales a Elba Esther, que me pusiera de acuerdo con ella, la pretensión era muy alta, yo le dije no lo necesitamos y gracias a que no hicimos una alianza no tuvimos que repartir curules.
“Intuía por algunas pláticas con la maestra y gente cercana que iba a cobrar caro esto, pero jamás vi el apoyo, por eso me resistí a darles pluris a los maestros, jamás lo vi. Lo que sí vi fue el apoyo de los gobernadores”.
Hasta aquí la larga pero muy necesaria cita.
¿Quién no recuerda al PRI de esos días?
Con las manos abajo, sin fuerza guerrera, a la deriva.
El resultado no pudo ser otro: el partidazo perdió la Senaduría de mayoría, los candidatos a diputados, en una buena parte, se fueron a la barranca y Calderón le ganó a Andrés Manuel López Obrador en un estado que se veía pejista.
  


  

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