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La Quintacolumna

de Mario Alberto Mejía

quintacolumna2005@gmail.com


 

 

 

     El Cumpleaños del Gobernador

 

 

 

Desayuno en Casa Puebla. Los 26 diputados locales del PRI acudieron este lunes a un desayuno privado en Casa Puebla.
¿El motivo?
La celebración del cumpleaños número 54 del gobernador Mario Marín Torres.
En realidad –hay que decirlo-, Marín Torres cumplirá años el domingo 28 de junio, un día después de que Rafael Moreno Valle Rosas celebre su cumpleaños número 40.
El desayuno, cuentan quienes asistieron, fue de lo más relajado.
Pero lo mejor vino después.
A la hora de abrir los regalos.
O el regalo.
Porque sólo hubo uno.
Pero elocuente.
Muy significativo.
Y no se trata de su Cuenta Pública.

 

 

 

¿Quién es el Energúmeno? El escritor Enrique Serna es uno de los mejores narradores de México.
Agudo, crítico, dueña de una voz que a veces recuerda la de Jorge Ibargüengoitia, el autor de Giros Negros y Fruta Verde es una de las voces más claras de nuestra literatura.
Por eso llama la atención su más reciente colaboración en la revista Nexos (junio 2008).
Con el título “Triple mordaza”, Enrique Serna analiza tres casos de censura: el que sufrió hace algunos meses la periodista Carmen Aristegui, el que derribó al excelente suplemento cultural Confabulario (de El Universal) y el que amenaza (¿?) a la revista Crítica de la Universidad Autónoma de Puebla.
Seguramente el lector recuerda con precisión el amplio y profundo debate que el poeta Alí Calderón inició en las páginas de El Columnista en torno a la publicación dirigida por Armando Pinto.
A partir de la crítica de Calderón, otros medios se involucraron en la polémica aunque el eje de la misma siguió siendo El Columnista, espacio en el que se leyeron lo mismo opiniones favorables a la política editorial de la revista (Pedro Ángel Palou), que los señalamientos de Calderón y de otras plumas.
Hay que decir que en la crítica de Calderón jamás estuvo presente la invocación a la censura.
Veamos lo que escribe Serna: “el odio a la inteligencia amenaza también con suprimir una de nuestras mejores publicaciones universitarias: la revista Crítica de la UAP, dirigida por Armando Pinto. A pesar de su bajo presupuesto, el rigor intelectual y la altura literaria de Crítica le han valido desde hace muchos años el aprecio de un selecto pero importante grupo de lectores dentro y fuera de México. Es insólito de una revista universitaria de provincia promueva con eficacia la lectura de los clásicos, tienda puentes con literaturas extranjeras y tenga en su plantilla de colaboradores a grandes figuras de las letras latinoamericanas. Como todo milagro suscita envidias, sus autores han sido víctimas de una campaña mediática en Puebla, orquestada por un poetastro resentido que recibió dos críticas adversas en la revista, y en venganza por ese atentado contra su ego se ha erigido en representante de la comunidad universitaria poblana para exigir el cese de Pinto, con el noble propósito de sustituirlo en su puesto. Se trata, sin duda, de una pataleta ridícula, pero el director de la revista ya ve acercarse la guillotina y ha enviado a sus colaboradores un S.O.S. donde expresa el temor de que ese energúmeno pueda convencer al rector de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Espero que los defensores de Crítica logremos impedir que se consume este cuartelazo, pero cualquier cosa puede pasar en un estado donde gobierna Mario Marín”.
Hasta aquí la cita.
Llama la atención el engaño de que ha sido objeto Enrique Serna.
No.
Alí Calderón no es un “poetastro resentido” que busque quedarse con la silla de Armando Pinto.
(Menos aún es un “energúmeno”)
Nada más lejos de la realidad.
Alí es uno de los mejores poetas jóvenes de México –incluso ha sido reconocido así por quienes hoy lo critican- y ni está resentido con Pinto –que, por cierto, no nos ha dejado obra memorable- ni busca sustituirlo en la dirección de Crítica.
Informaron mal a ese genial narrador que es Serna.
Lo que sí hizo Alí Calderón fue –y aquí uso expresiones del propio Serna a propósito del desaparecido suplemento Confabulario-: un estallido “polémico y agitador, que trató de remover las aguas estancadas de la república literaria”.
Ni afán de censura ni campaña mediática, ni afán de cuartelazo, ni pataleta ridícula.
 Sólo una sana –sanísima- crítica a los adormecidos guardianes del Status Quo.


 

 

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