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El Mazo y el Yunque
Raymundo García García

 

 

 


 

 

La lucha política del municipio General Felipe Ángeles

 

 

 

Allá en 1992 cuando a los priístas poblanos desde el centro les fue impuesto Manuel Bartlett, como candidato a gobernador, Puebla  como entidad federativa sufrió una de las sacudidas políticas más virulentas de los últimos años, la imposición del mando estatal provocó que en el piso político se diera una lucha encarnizada por el poder municipal confrontando a los tradicionales cacicazgos con nuevos  poderes reales emergentes que llevaron a sentar las bases de una disputa bipartidista por el poder público. En dicho año Miguel Ángel Rodríguez, politólogo y editorialista del Universal escribió el 2 de septiembre “La democracia debe trascender los estrechos límites del discurso del papel membretado para situarse en la reacia realidad  y estimular una más activa participación de la ciudadanía en la toma de decisiones colectivas” dentro del contexto de una de las mayores descomposiciones del priísmo poblano que por el transfugismo hizo posible que el PAN inscribiera 67 planillas. En 1977 inscribió 25, en 1980 ,31; 1983, 40; 1986, 46; 1989, 39 y 1992, 67. primer año en que participa Acción Nacional en el municipio de General Felipe Ángeles.

 

El transfugismo, si bien es cierto para el otro tiempo partido hegemónico era síntoma de traición, para los actores políticos individuales y sus seguidores era y es el mejor instrumento de democratización de un sistema autoritario como el poblano, aasím esta acción principio de los años noventa mostraba sus bondades, que por cierto no eran de fácil consolidación ya que el control de medios y recursos políticos siempre terminaban ahogando los anhelos democratizadores con derrotas administradas como el mejor vehículo para deshacer a las nacientes oposiciones, o se provoca la administración de las oposiciones engañadas con banderas partidistas filiales del PRI. El Municipio General Felipe Ángeles fue testigo de lo afirmado. Precisamente de la comunidad de Santa Ursula, salió en 1992 el primer candidato opositor al PRI enarbolando las siglas del PAN, para que una vez derrotado fuera confundido y llevado a abrazar la postulación por un partido satélite, con lo cual se cumplía  la estrategia de división oposicionista como la mejor medicina para seguirse imponiendo el partido tricolor.

 

La experiencia que ha dejado la llegada de gobiernos panistas en los municipios ha sido devastadora para el PRI, porque inmediatamente se produce un escenario de competitividad electoral y un camino de gobiernos municipales alternativos entre PAN y PRI, que se traducen en mejores condiciones de vida social y política para las comunidades. En otras palabras los, triunfos panistas son presagio de la institucionalización de sistemas de partido bipartidista en el ámbito de la lucha municipal, por ello ante las amenazas albiazules, no se ha dudado en distraer a la oposición con triunfos de otros partidos políticos que a través de pluripartidismos amplios, se genera la confusión ciudadana y se busca que se disperse el voto opositor al PRI, facilitando la continuidad en el poder municipal. Los ejemplos están en todo lo ancho y largo del territorio poblano, de ahí la trascendencia del triunfo panista en la pasada elección municipales extraordinaria.

 

El PAN había ganado la elección ordinaria de Felipe Ángeles, como también ganó en otros municipios como Santo Tomás Hueyotlipan, de momento resultó un empate y el hoy partido predominante –PRI- consideró que con toda su infraestructura operativa y recursos a su alcance se impondría; solo la voluntad ciudadana que actuó empíricamente en una acción bipartidista, fue capaz de derrotar al PRI. En la elección extraordinarias de Molcaxac en 2002, perdió el PRI; en la elección extraordinaria de Santa Inés Ahuatempan de 2005, perdió el PRI; en la elección extraordinaria de Felipe Ángeles la ciudadanía en una coalición de facto hizo ganar al PAN para añadir otro municipio a los ejercicios de gobiernos locales alternados. Esta lección ciudadano no debe echarse en saco roto.

 

 

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