Qué Hable Carretero (El Caso Gavilán). ¿Lugar? Un conocido restaurante de Angelópolis donde se comen magníficos platillos españoles.
¿Personajes?
Rubén Gil Campos, "El Gavilán", y una chica de unos veinte años de edad con fachita de teibolera –con todo el respeto que merecen estas últimas.
¿Época?
Electoral. Allá por Octubre de 2007.
¿Horario?
Nocturno.
¿Comensales?
Los dos citados y otra mesa con tres personas donde se encontraba el quintacolumnista.
Escena: barriga al aire, Rubén Gil abrazaba a la chica y le ordenaba a un mesero que le trajera el mejor champagne: "el más doradito que tengas, mi buen".
A la mesa de "El Gavilán" llegó el profesor Gustavo Espinoza, a la sazón líder magisterial de la sección 51.
"El Gavilán" presentó a la chica y al maistro con sonoras carcajadas y dejó en claro que él era el chipocludo de esa mesa al darle un besito de lengua a la chica.
El mesero llegó con dos botellas de champagne y "El Gavilán" lo celebró con un "qué chulada".
Y así se fue la noche: entre pláticas de política, sorbos de champagne y besitos de lengua –entre "El Gavilán" y la chica, claro.
Esta escena ilustra muy bien quién es Rubén Gil, quien hoy está en problemas con la justicia estadunidense.
¿Pero cómo llegó a Puebla vía New York?
¿Quién lo trajo de la mano?
Uno de sus más ardientes promotores fue Rodolfo Chávez Carretero, quien gozaba presentando a su mister amigou con la clase política poblana.
¿Qué dirá ahora?
¿Seguirá presumiendo de Rubén Gil o ya ni se acuerda de él?
***La guerra por la Presidencia Municipal de Izúcar de Matamoros está desatada.
Juan Manuel Vega Rayet, subsecretario de Desarrollo Social y ex presidente y diputado local y federal por esa región, es uno de los más conspicuos promotores de que se constituya un Consejo Municipal.
Por supuesto: ahí quiere que quede uno de sus cuadros.
Además, Vega Rayet ha empezado a difundir la versión de que quien puso a Rubén Gil en la presidencia municipal fue Jorge Estefan Chidiac, con lo que pretende vulnerar al brillante diputado federal que preside la Comisión de Hacienda.
Las Ineptitudes de la Inepta Cultura (Nuevo Elogio de Montiel). La reportera Cristina Larenas, de El Columnista, ofreció el viernes pasado varios datos que vienen a ilustrar muy bien el enredijo que pretende armar Alejandro Montiel, sheriff de la Secretaría de Cultura, en torno al Museo Bello.
Veamos (cito a la reportera):
"No es cierto que se contó con cerca de 30 millones de pesos para la restauración del Museo Bello y González, pues la cantidad era en realidad el techo financiero y al final sólo llegó alrededor de un millón y medio de recursos federales (vía PAYCE) y cerca de ocho millones por parte del estado."
Esto viene a colación porque en un reportaje de El Universal se publicó que desde 1999, fecha en la que Pedro Ángel Palou estuvo al frente de la Secretaría, se destinaron a la dependencia "alrededor de 30 millones de pesos para la contratación de asesorías museográficas y la restauración de la colección de arte del museo".
Gracias a sus fuentes, Cristina Larenas descubrió que "con los recursos federales y estatales se abrió un piso del Museo Bello, se curó la museografía y se arregló la estructura del edificio y los decorados.
"Con respecto a la empresa Holistic, contratada en 2002 para trabajos en el museo, las fuentes afirmaron que fue elegida a través de un concurso como parte del proyecto de restauración.
"Agregaron que Óscar Alejo, actual director de Museos en Puebla, ya laboraba en este departamento desde la administración pasada, en donde Alejandro Montiel coordinaba el área".
Ajá.
El mismísimo sheriff que hoy busca culpables en otros lados.
¿No sería mejor que Montiel asuma su responsabilidad y revele qué pasó?
¿O le dejará esa tarea a su escudero Alejo?
Continúa Larenas:
"No hay irregularidades, ni elevadores fantasmas, sólo que no alcanzaron los recursos radicados por la Secretaría de Finanzas del proyecto original. Correspondía a esta administración finalizar los trabajos, como el caso de la biblioteca de Tola de Habich. Incluso se firmó con el gobierno federal la cesión del palacio federal para albergar esa nueva etapa de la Biblioteca Palafoxiana a cambio de un inmueble nuevo para las oficinas federales, cosa que tampoco ha logrado esta nueva administración de cultura".
Nadie necesita convencernos de las ineptitudes de Montiel.
Todo es tan claro y transparente como un verano en París.
¿O no, Alejandro?
El Príncipe Xochimilca. Está de regreso, ahora en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes.
¿Cómo ubicar su oficina?
De entrada, colocó una trajinera en la zona de espera con dos señoras gorditas que preparan pellizcadas de frijoles a los ojos de los usuarios.
También hay por ahí un vendedor de pulque para que el visitante se sienta en Xochimilco, de donde es originario nuestro príncipe.
Si el ciudadano avanza unos pasos –en la clásica dirección "al fondo a la derecha"- no encontrará el baño, sino el trono de nuestro personaje.
¿Su nombre?
Horacio de la Cruz Sabás.
El mismo que fungió en su tiempo como mozo de espadas del inefable Juan Bustillos.
Hoy, sin embargo, sus nuevos tiempos son de burocracia, aunque cada vez que puede regresa a practicar su deporte favorito: el de oreja policíaca.
Por lo pronto, para regocijo del lector, aquí va una de las anécdotas que gusta contar el príncipe mientras degusta uno de baba con piñón:
Eran los tiempos en que en Xochimilco no había más príncipe que el Príncipe Xochimilca.
De pronto, en el feliz reino empezó a circular la versión de que se casaría el joven robusto con una plebeya de la zona.
Las mujeres empezaron a enloquecer.
Y es que Don Príncipe era el equivalente nativo –él lo presume- de Brad Pitt.
La boda, pues, tuvo que realizarse casi en secreto para que las decenas de fans no impidieran el ágape.
Así se las gasta nuestro noble amigo.
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