Blanca Alcalá y los primeros 100 días de empoderamiento
Este domingo se cumplieron los primeros 100 días de la alcaldesa Blanca Alcalá Ruiz al frente de la cuarta ciudad más importante del país y es importante hacer un balance de su gestión, empezando con enfatizar que todavía es pronto para determinar si cumplió o no con las expectativas de los más de 220 mil poblanos que la apoyaron en las urnas, aunque ha pasado el tiempo necesario para conocer fortalezas y debilidades.
Es importante subrayar que Alcalá Ruiz enfrenta un día a día complicado, porque debe convivir con una de las administraciones estatales más cerradas e intolerantes de la historia reciente de Puebla, que se caracteriza por tratar de imponerlo todo y que, en la mayoría de las ocasiones, usa la fuerza, los ataques mediáticos y políticos y la manipulación del dinero público, en lugar de buscar la conciliación, el acuerdo o el consenso.
La tendencia del grupo estatal de tratar de abarcarlo e imponerlo todo ha hecho que la presidenta municipal carezca del control político-operativo del ayuntamiento, ya que esa área (precisamente la que más problemas, críticas y cuestionamientos le ha causado a la edilesa) la tienen los zavalistas y monteristas encabezados por Juan de Dios Bravo, Román Lazcano y César Pérez López, respectivamente.
- A 100 días de su empoderamiento, seguramente Alcalá Ruiz ya tiene una idea clara de lo que funciona y lo que no en su gestión y ya comprobó que la secretaría de Gobernación y la Sindicatura no trabajan para la ciudad o para ella, sino en pro del grupo Z y de los negocios que ambos quieren hacer al amparo del poder, como el que Juan de Dios Bravo está efectuando con la carísima
expropiación de los dos predios para reubicar ambulantes y el que Román Lazcano trata de concretar con la empresa de Jorge Espina Reyes.
Por más que la presidenta lance en los medios exhortos a quienes deberían ser sus colaboradores, para que dejen de apoyar proyectos electorales y se pongan a trabajar, lo cierto es que el ala zavalista del ayuntamiento solamente ha servido para llevar a cabo campañas mediáticas de desprestigio contra Víctor Manuel Giorgana Jiménez y dos regidores priístas que identifican como dogeristas por haberse opuesto a los intentos del zavalismo de hacer negocios con la reubicación de ambulantes.
Alcalá Ruiz carece de un operador político eficaz, porque quienes deberían hacer esa función no la llevan a cabo o, simplemente, no trabajan para su administración, mientras que quien podría efectuarla y lo haría de manera leal, Víctor Manuel Giorgana, no ha podido ante la ola de ataques y descalificaciones mediáticas de los zavalistas.
Su propio posicionamiento ante la ciudadanía, que la convierte en posible precandidata a la gubernatura, es otro elemento que la alcaldesa debe manejar, ya que por más que ella misma se deslinde de la postulación, en los hechos nada le impedirá obtenerla si crece la intención de voto a su favor, lo que puede hacer que dentro del gobierno estatal y del PAN le pongan obstáculos, como el bloqueo de recursos, campañas de desprestigio, entre otros.
Un tema en que la edilesa debería poner más atención es el de la seguridad pública, porque desde hace varias semanas se ha incrementado la cantidad de robos y homicidios que han llamado la atención de la ciudadanía, sin que el titular de la dependencia, Guillermo Hidalgo Vigueras, haya demostrado la capacidad de responder con eficiencia y rapidez.
Otro elemento negativo es el documentado maltrato que se le ha dado a los trabajadores del PRI municipal, a quienes se les mantiene en una situación de incertidumbre e incumplimiento económicos, pese a que el propio secretario de Gobernación municipal se jacta un día y otro también de ser él (no Mario Montero Serrano) quien da línea a ese comité directivo.
Dentro de lo positivo de la administración municipal, se puede señalar que muchos de sus proyectos son ambiciosos y, de concretarse, serían de gran utilidad. Además, en lo personal, Alcalá Ruiz ha demostrado con hechos sus intenciones de trabajar por la ciudad y de mantenerse alejada de la confrontación política.
En conclusión, el reto para la presidenta sigue siendo el de demostrar que los poblanos (no Beatriz Paredes, ni Javier López Zavala, ni Jorge Estefan Chidiac, ni ningún otro dirigente o precandidato priísta o panista) acertaron con su elección y, para ello, lo primero que necesita es cohesión en su primer círculo de colaboradores.
Estocadas
- Juan de Dios Bravo debería tener cuidado con lo que le ordena a su subalterno y plomero, Gilberto Rivera Rivera, que supuestamente se “pasa de obediente” y sería capaz de asesinar o robar si se lo mandan, como lo reconocieron los zavalistas que filtraron a un medio que el principal usufructuario del comercio informal permitió la prostitución gay en el trienio pasado, solamente porque se lo ordenaron vía telefónica.
- Lo cierto es que hay documentos con la firma de Gilberto Rivera avalando el sexoservicio y que es ridículo que esta clara violación a la ley pretenda ser usada por Juan de Dios Bravo para golpear a los regidores priístas que han exhibido su incapacidad política para negociar con el sindicato y los ambulantes.
- Si el celo de Rivera Rivera por cumplir órdenes es como lo plantea el navalismo, sin duda que el funcionario “rescatado” por Juan de Dios Bravo sería capaz de cometer cualquier otro delito. Claro, todo en aras de “cumplir órdenes”.
- ¿De a cómo fue la mordida para que Filiberto López Zavala liberara el jueves pasado al defraudador de Provivienda Mexicana, Marco Antonio Barroso Arévalo, sobre el que pesaba una condena de 50 años de prisión, como lo informó 5 Radio este lunes?. Una vez más, queda claro que los zetas tienen recursos económicos (no intelectuales, periodísticos ni políticos) de sobra.
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