¿Una Ciudad sin Comisiones y sin “Mordidas”?
Los primeros cien días de Blanca Alcalá Ruiz tienen más puntos buenos que malos.
Vea el lector.
De entrada, desde su arribo al Palacio de Charlie Hall se acabaron las comisiones en materia de obra pública.
Me explico.
Desde siempre, en México es natural –a los escépticos los remito a la película “La Ley de Herodes”- el cobro de una comisión a los constructores por la entrega de un contrato para realizar obra pública.
Tan natural se volvió esa práctica que todos los constructores incluyen el monto de la comisión en los gastos de la obra, por lo que es el contribuyente el que termina pagando el “beneficio”.
Contra lo que pudiera esperarse, en esta administración –y lo reconocen los propios constructores- se dejó de cobrar la multicitada comisión.
En contrapartida, Blanca Alcalá les ha pedido a los constructores que en correspondencia contribuyan con algunas pequeñas obras para la ciudad.
Es decir: lo que antes tenían que entregar en dinero o en especie hoy lo pueden dar en obras o servicios.
En otras palabras: la comisión se volvió beneficio ciudadano.
Hay que decir que los asombrados constructores son los primeros en destacar ese logro de la presidenta municipal.
Por si esta acción no fuera suficiente, también en esta administración dejó de ser una práctica consuetudinaria el cobro de la “mordida” a los automovilistas.
¿La razón?
Que ya no hay quien les pida su “mochada” a los altos mandos ni a los agentes viales.
Y es que todo iba encadenado.
O concatenado.
O en espiral.
En efecto: al no haber una cuota obligatoria de mordidas se tiene que acabar el círculo vicioso.
Los reportes en ese sentido son, de veras, asombrosos.
Pero la duda mata: ¿cuánto tiempo seguiremos viviendo en el espejismo de una ciudad sin comisiones y sin mordidas?
Blanca Alcalá asegura que lo que hoy parece espejismo será una “realidad real” (de la que habla en su novela “Rabia” el novelista poblano Jaime Mesa).
Habrá que ver si esta Operación Limpieza también llega a los denominados giros negros, donde el apellido Tabeada aún retumba en los sótanos y lavaderos sexuales.
En conclusión: si los cien días del ayuntamiento de Blanca Alcalá siguen así, habrá que desear muchas más centenas de éstas.
El Síndrome Rajoy en Puebla. El señor Rafael Micalco, presidente del Comité Directivo Estatal del PAN, es víctima, sin duda, del síndrome “Mariano Rajoy” de la política: no se da cuenta que es un perdedor y piensa que es dueño de un enorme liderazgo
Además, hace oídos sordos a las críticas que una y otra vez –sobre todo a través del serial de entrevistas realizadas por El Columnista con aspirantes a Casa Puebla- se hacen los propios militantes panistas.
Para Micalco, es natural, no existen las declaraciones de Ana Teresa Aranda en contra de su candidato –el de Micalco-: Rafael Moreno Valle Rosas.
“No es tema”, responde igual que Moreno Valle cuando le preguntan por los recientes señalamientos.
“No es tema”, dice muy morenovallista.
¿Y con esos bueyes quiere el PAN llegar a Casa Puebla?
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