El Niño que Soñaba con ser Gobernador
Los niños mexicanos nacidos a mediados de los cincuenta queríamos ser dos cosas de grandes: Presidente de la República o bolero.
Ya en los excesos aparecían otros oficios, otras pasiones: corredores de autos, futbolistas, astronautas, Elvis Presley, panaderos, etc.
¿Qué decir de los niños nacidos en los treinta?
Gracias a la periodista Blanca Lilia Ibarra nos enteramos que hubo un niño en Huauchinango, nacido en la calle Santos Degollado, que a los seis años quería ser… gobernador.
¿Su nombre?
Guillermo Jiménez Morales.
Ayer, en e-consulta, el ex gobernador de Puebla confesó esta y otras lindezas que seguramente cubrieron de rubor –y de pena ajena- a quien las leyó.
Veamos.
Según don Guillermo, quien a los 20 años tripulaba su propia avioneta desde Tampico hasta Huauchinango para almorzar chile con huevo y cecina –platillo que se volvió institucional en Casa Puebla durante su mandato-, cuando muy joven fue candidato a diputado por el distrito XII, con cabecera en Puebla, “no tenía muchos recursos económicos para hacer una gran campaña publicitaria, entonces me subí a los camiones urbanos de segunda y visitaba las colonias populares”.
Sobra decir que en esos tiempos el filósofo Melitón Morales lo bautizó como “El Junior” porque una nana le daba su vaso de leche a las ocho de la noche.
Pero eso no es todo.
Don Guillermo dice que cuando fue candidato a diputado “empezaba a las 6 de la mañana y estaba todo el día en mi campaña; me iba donde llegaban los camiones urbanos por la gente y ahí hacía cola con otras 10 o 15 personas que estaban esperando el autobús y ya llegaba el camión con todo el volumen alto del radio -escuchábamos Pedro Infante- y entonces le decía al chofer: ‘Oye amigo, le puedes bajar el volumen, quiero decir algunas palabras aquí’. Hasta raro me veía el conductor, y ya entonces de pie y cerca del chofer empezaba a decir: ‘Señoras, señores soy Guillermo Jiménez Morales, candidato del PRI a diputado por este distrito’, pero nadie me hacía caso…
“¿Que hacía? (le preguntó Blanca Lilia).
“Si veía a una señora con su canasta me acercaba con ella y le preguntaba: ‘¿Usted no tiene problemas? ¿Pasa bien el camión de la basura? ¡No, no pasa!’ Entonces ahí le contestaba: ‘A eso vengo, señora, a ponerme a sus órdenes, ¿cómo está la seguridad?’ Y ahí empezaba y de ahí con el otro y con el otro hasta llegar al fondo en donde se sentaban 4 o 5 jóvenes universitarios, incluso me vacilaban y al final los encaraba: ‘Yo a eso vengo compañeros, amigos, a ponerme a sus órdenes, este es mi trabajo y lo hago con una gran convicción y limpieza’, y después ya quedábamos en mejores términos. Me subí a 280 autobuses y cuando iba a las colonias populares me decían las señoras y los señores: ‘¿Oiga, usted es el que se sube a los camiones?’.
No se ría el lector.
Don Guillermo se lo dijo en serio a Blanca Lilia.
¿O usted duda que este prohombre se haya subido a 280 autobuses y le haya preguntado a las señoras canasteras si tenían problemas o si pasaba el camión de basura?
Por favor.
Si el que hablara fuese Fernando Morales Martínez y sus 700 millones de pesos ganados en un solo sexenio yo también lo dudaría.
Pero no.
Quien habla es nada menos que el gobernador que a más camiones urbanos se ha subido.
Siempre, faltaba más, en el estilo de Jesús Martínez “Palillo” o el mismísimo Fernando Soto “Mantequilla”.
Pero hay más.
“¿Dónde aprendió oratoria? (le pregunta Blanca).
“La verdad es que desde la propia escuela, en mi pueblo empecé. Cuando era estudiante siempre era el orador en la Feria de las Flores, también me invitaban a los actos sociales y de ahí en las campañas políticas, eso me marcó el camino para tener la oportunidad de seguir hablando”.
Y vaya que don Guillermo sigue hablando.
Hay un chiste: un amigo del ex gobernador se le acerca y le pregunta:
“¿Qué hora es, Memo?”.
La respuesta es elocuente: “Es la hora de México, la hora de la justicia y el desarrollo social. La hora de las instituciones…”
En otra parte de la entrevista, don Guillermo cae en el síndrome del guajolote: “Recuerdo muy bien de mi primera campaña que llegó un miembro de la comunidad náhuatl de ahí cerca de Pahuatlán, me llevó un guajolote de regalo y le dije: ‘Ahora que vaya por esa zona voy a ir a tu casa’, y fui efectivamente, cuando llegué a su casa, nada más tenía dos guajolotes y me había regalado uno, es decir la mitad de su patrimonio”.
Seguramente el guajolote que ese “miembro” de la comunidad náhuatl le dio fue a parar a la olla de uno de sus guaruras, pues no lo veo devorándose a ese “miembro” del “miembro” de la comunidad náhuatl.
Sobre el guajoloticidio, la reportera pregunta: “¿Eso lo sensibilizó? ¿Qué quería hacer?”.
Disfrute el lector la respuesta: “La falta de medios para un desarrollo del bienestar social es lo que me ha impulsado. Es el reto que tenemos nosotros los que participamos en los aspectos públicos y políticos. El reto es rescatar con hechos las palabras porque la confianza se gana todos los días y se gana con el cumplimiento, con la conducta y con la actitud”.
¡Hello, don Guillermo!
Sólo le preguntaron si lo había sensibilizado el regalo de la mitad de su patrimonio de ese “miembro” de la comunidad náhuatl.
Hay más.
Cuando Blanca Lilia le pregunta por su propia sucesión, don Guillermo miente con descaro: “Ahí fue una decisión de mi partido, yo estaba consciente y respetuoso de las reglas políticas. La verdad no tuve un candidato a la gubernatura, bajo el principio político de que gobernador no pone gobernador”.
Todo mundo en Puebla sabe que el candidato de don Guillermo era don Jorge Murad Macluf, pero Miguel de la Madrid, a la sazón presidente de México, decidió que el bueno fuera don Mariano Piña Olaya, a quien don Guillermo detestaba, detesta y detestará.
Interrogado sobre si fue o no un ex gobernador incómodo, evade la pregunta.
¿Cómo olvidar que cada vez que don Mariano se refería a don Alberto Jiménez Morales lo llamaba “el inteligente de la familia”?
En la entrevista apareció el tema del escandaloso fraude electoral del que fue víctima Ricardo Villa Escalera.
Por supuesto, fiel a su estilo, lo niega de manera categórica.
Y así por el estilo concluye la estupenda entrevista.
El Correo del Bar. “Hola Sr. Mejía, es un gusto saludarlo, leí su columna "Sin comisiones y sin mordidas", me podría decir cual sería la base para pensar que ya no existen sobre todo la segunda ya que recientemente observé cómo un particular era y participaba en el soborno.
“A propósito de mejoras del Ayuntamiento lo cual me parece maravilloso, le comento que en la zona del centro en forma especifica el área del teatro principal se prohíbe estacionarse del lado derecho ¿porque solo en 3 calles? de la 8 norte y 6 oriente y en la 4 oriente 1 calle, personalmente creo que el centro es una área vial conflictiva pero tal vez sería interesante conocer si existe algún programa de vialidad que el Ayuntamiento este poniendo en practica para cuyo caso sería interesante que ya que se van a poner en plan estricto consideren también las faltas que se cometen al obstruir las rampas de minusválidos, las banquetas (10 ote. PGJ y el colegio aparicio), las sanciones por las faltas a la vialidad tanto de conductores como de peatones, etc.
“Aprovechando su tema, me gustaría saber cómo es que se autorizan tantos tianguis de autos en la vía pública y la problemática que representan ya que recién vi que hubo una agresión a un particular en la zona de villa verde.
“Por último en forma personal creo que la corrupción es propiciada por todos y muy dificil de extinguir, ojala fuera del entendimiento general lo importante que es respetar algunas normas y reglas de vialidad.
“Gracias por su atención y que tenga un buen dia”.
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