Blanca Alcalá: la carta de Beatriz Paredes.
Si en Puebla las fichas se manejan (obviamente) de acuerdo a los intereses de grupos locales, en la política nacional sucede exactamente lo mismo.
Se ha dicho que para el presidente Felipe Calderón el candidato a modo en Puebla sería Charbel Jorge Estefan Chidiac.
Pero que en este mismo rubro habría que tomar en cuenta que Manlio Fabio Beltrones y la CÚPULA de senadores y gobernadores priístas (quienes también habrán de dar su opinión sobre la sucesión), no ven con buenos ojos al diputado operador del Secretario de Hacienda.
Que Don Beltrone más bien se inclina por respetar la decisión que se tome desde la CÚPULA poblana.
Por lo que de haber un delfín este va en “caballo de hacienda”.
Sin embargo en las últimas semanas se han evidenciado una serie de jugadas que revelan la injerencia de una mano que pretende influir en Puebla.
La punta del iceberg fue la designación de Víctor Manuel Giorgiana como titular de Desarrollo Social Municipal.
Vapuleado por la burbuja marinista, Giorgiana demostró que hay vida después del veto.
Y de un momento a otro se convirtió en el operador por excelencia de la alcaldesa Alcalá.
Pero las preguntas surgieron por todos lados
¿Cómo pudo Blanca designar a Víctor sin que la CÚPULA de los Fuertes lo tomara como una afrenta, como un agravio?
¿Qué negociación tuvo que hacer?
La respuesta a todas interrogantes la encontramos en la discreta labor que la lideresa nacional Beatriz Paredes Rangel está haciendo en la Angelópolis.
Fue Beatriz y no otra quien hizo la labor de aterciopelar el arribo de Giorgiana.
Fue la dirigente del CEN quien está haciendo personalmente amarres en Casa Puebla para allanar el camino de un probable Plan B en el que la gran beneficiada sería precisamente Blanca Alcalá Ruíz.
Fue Beatriz quien le pidió al gobernador Mario Marín que le permitiera a Alcalá nombrar a su titular de Desarrollo Social.
Y solo así pudo llegar.
Beatriz se ha convertido en la operadora nacional de Blanca.
Y esta a su vez en la Sirena de la tlaxcalteca.
Manlio Fabio todavía no levanta la mano formalmente, pero es obvio que Paredes Rangel ya tiene una jugada personal para Puebla.
Claro que quienes conocen a la presidenta del tricolor saben que es una mujer inteligente y aguda.
Y que por lo tanto nunca iría en contra de lo que dicen las verdaderas encuestas que ya se aplican por todo el estado.
Aquellas encuestas que son fotografías de toda la entidad y no solo de la capital.
Por supuesto Beatriz tiene una clara filia.
Pero nunca cerrará los ojos a la realidad que ya se palpa por todo el estado.
Y es que si Blanca Alcalá acapara todos los reflectores en la capital, en el resto del estado, no hay quien la conozca.
O bien le preguntamos a sus panegiristas:
¿Cuantos puntos obtendría Blanca en una encuesta en Xicotepec, en Libres o en Ajalpan?
Por favor.
Hay vida más allá de Amalucan.
LA GRAN PREGUNTA QUE TODOS NOS HACEMOS:
¿LOS POLÍTICOS DE VERDAD CREEN SUS PROPIAS MENTIRAS?
Cuando en las mesas de los cafés se comenta lo que dicen y hacen los aspirantes a suceder a Mario Marín los simples mortales nos preguntamos
¿Los políticos de verdad creen en sus propias mentiras?
De unos meses a la fecha Chucho Morales Flores se ha dedicado divulgar en las reuniones que hace en su suntuosa Ex Hacienda San Martín Rinconada que él está pidiendo una consulta a la base para elegir al próximo candidato a gobernador.
¿Será posible que Chucho Morales piense que en verdad puede ganar una consulta a la base?
¿De verdad lo piensa?
¿No es una bravata?
Al parecer de CÚPULA el buen Chucho Morales está perdido, está atorado en una etapa de la historia que ya se fue.
Y que nunca volverá.
AQUEL FASCINANTE 1998.
Sin duda parte de la historia política de Puebla fue aquella jornada del 24 de mayo de 1998.
Para explicar lo que ocurrió en aquella ocasión hay que adentrarnos en el terreno de lo social, más que de lo político.
Melquiades Morales fue en aquel año un fenómeno social.
No era solo un suspirante priísta, tampoco era un político más.
En aquel fascinante 1998 Melquiades se convirtió en una bandera social, un estandarte de todos los grupos, sectores y estratos sociales que rechazaron los seis años de autoritarismo, prepotencia y demás actitudes despreciativas de Manuel Bartlett Díaz.
La gran mayoría de los poblanos no conocían a José Luis Flores Hernández solo sabían que era el candidato de Bartlett y eso era motivo más que suficiente para decirle: “No, con usted no estamos”.
Quienes vimos de cerca esa consulta interna y la vimos no en el Sanborn´s del centro, ni en cualquier otro restaurante, sino la vimos personalmente en las comunidades de la Sierra Norte, la Sierra Negra y en los municipios de la Mixteca fuimos testigos de las concentraciones multitudinarias.
Veíamos a un Melquiades Morales Flores que llegaba con su inseparable Doña Socorro y un pequeño grupo de 3 o 4 colaboradores y así, sin más aparato entraba a una población.
Entonces era recibido por miles y miles de habitantes.
Tan solo su presencia era un detonador para convocar a miles de seguidores.
Las plazas, los pequeños zócalos, las explanadas se convertían en centros de reunión para mitines monstruo.
Melquiades era ante todo un fenómeno social, más que un evento político.
No solo priístas se acercaban a sus actos, también había gente de otros partidos y corrientes que llegaban hasta sus concentraciones.
Aquel Melquiades fue arropado, cobijado con el afecto, el aprecio y la esperanza de miles y miles de poblanos.
Nunca antes otro aspirante a gobernador había recibido todo ese manto social sobre sus espaldas.
No lo tuvo Jiménez Morales, mucho menos Piña Olaya, tampoco Bartlett.
Melquiades en aquel 1998 fue un fenómeno único e irrepetible.
Pero tal parece que Chucho no se da cuenta de esto.
No se da cuenta de que él no es Melquiades.
Pero piensa que si es.
Y por eso alardea pidiendo una “consulta a la base”.
Quiere compararse con su propio hermano, sin darse cuenta de que carece y adolece de la personalidad, el carisma y toda la trayectoria que en aquel 1998 llevaba el aspirante a gobernador.
Melquiades fue solo uno.
Y nunca habrá otro igual.
Nunca.
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