El ejercicio legítimo de la violencia ¿en manos de quién?.
Dentro de la teoría del Estado y de la teoría del derecho, se tiene la coincidencia en el sentido que en el Estado nación reside el ejercicio legítimo y legal de la violencia institucionalizada, como expresión de su poder político. De ahí la razón de justificarla, regularla con normas jurídicas y utilizarla de distintas maneras como represión en contra de aquellos que actúan en contra del poder estatal, cuya fuerza nace en el seno de la sociedad misma –soporte de su soberanía-. Por otro lado, desde la concepción del Estado sumatoria de la sociedad civil más la sociedad política, que deben estar en constante equilibrio para la expresión de su legitimidad, queda claro que cualquier desnivel entre ambos extremos lleva a un autoritarismo –si se impone la sociedad política, o a la ingobernabilidad, si se impone la -sociedad civil-. Por supuesto que el equilibrio lo evidencia la paz y tranquilidad social que garantiza que cada sociedad cumple con sus funciones dentro de un ambiente de armonía. Ahora bien, después del atentado terrorista del pasado 15 de septiembre, desde ambas teorías encontradas está claro que al Estado mexicano le aqueja una disputa en el ejercicio de la violencia y los rasgos de ingobernabilidad se hacen presentes..
Fenómeno que no es reciente, pero que su incremento ha sido por demás notorio. Allá a principio de la década de los años ochenta, en las aulas de la BUAP, el sociólogo de los fenómenos latinoamericanos Sergio Bagú, adelantaba la necesidad de poner atención al creciente proceso de la narcopolítica; esto es, la silenciosa penetración de los grupos de delincuencia organizada y narcotráfico encaminados a infiltrar a grupos y organizaciones buscadoras del ejercicio del poder público sin distingo de sus niveles, como un gran problema a futuro para los países latinoamericanos. Lo grave fue que desde la teoría de los grupos, se perdió el papel súper poderoso del Estado, y por el contrario se miró a éste como otro grupo más, como se ve a la iglesia, a los empresarios, a los sindicatos, a los partidos políticos etc. donde todos juegan en el mismo nivel y por lo mismo se pierde la jerarquía poderosa del Estado nacional. No es causal que en la era neoliberal, de nueva cuenta se busque la recuperación del poder estatal nacional sustentada en el fortalecimiento de las instituciones; el neo-institucionalismo descalificador del conductivismo y de la elección racional y por lo mismo del individualismo, pregona la recuperación normativa, reguladora de las instituciones políticas que lleven de nueva cuenta a la recuperación de la fuerza del Estado nacional.
En México, un país construido en el siglo XX en instituciones políticas fuertes, le ha valido en gran parte defender el ejercicio legítimo de la violencia y por lo mismo imponer su autoridad, para soportar la embestida que distintos grupos en ciertos momentos coyunturales se han atrevido a disputar el poder el Poder Político Estatal: Empresarios, sindicatos, estudiantes, sectores populares de clase media, movimientos sociales, grupos armados entre otros, y ahora en los últimos lustros la acción desafiante ha sido representada en acciones del crimen organizado, que como grupo ve al gobierno como otro grupo sin mayor jerarquía sino como otro igual.
Ante el atentado terrorista del día de la Independencia de México, el Estado tiene el reto de demostrar el ejercicio legítimo de la violencia para garantizar un clima de tranquilidad y paz social, es una tarea de sus tres niveles de gobierno y de sus tres poderes públicos a través de la actitud responsable de los poderes ejecutivos, legislativos y judiciales de los ámbitos federal, estatales y municipales. No bastan las acciones formales de policías preventivas y judiciales, ni de Ministerios Públicos y Juzgadores. Urge declarar a la seguridad pública como un tema de seguridad nacional, urge sistematizar y fortalecer el sistema de inteligencia del gobierno federal, de los gobiernos estatales y porque no, de todos los gobiernos municipales.
Urge que la sociedad conozca lo que hacen los otros impulsando un movimiento de seguridad pública de abajo hacia arriba, por supuesto, dentro de un ambiente de legalidad para evitar que se alimente un ambiente fascista.
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